Recep Tayyip Erdogan

Datos relevantes

Actualización: 4 de Septiembre de 2007
Credito fotografico: © Comisión Europea, 2006/Berlaymont

Turquía

Primer ministro

Duración del mandato: 14 de Marzo de 2003 - En funciones

Nacimiento: Rize, provincia de Rize , 26 de Febrero de 1954

Partido político: AKP

Profesión: Ejecutivo empresarial

Credito fotografico: © Comisión Europea, 2006/Berlaymont

Resumen

Nació en Rize, pequeña ciudad ribereña del mar Negro en el extremo nororiental del país, a unos 120 km de la frontera con Georgia, donde su padre servía como guardia costero de la Agencia Marítima Estatal. La familia, de clase media baja, se mudó a Estambul cuando el muchacho tenía 13 años.

Biografía

Joven inquieto y emprendedor, asistió a escuelas religiosas, donde se familiarizó con el Corán, y pronto se desenvolvió en ambientes aparentemente dispares como el deporte, los negocios y la política. Siendo un adolescente, empezó vendiendo refrescos, dulces y especias en las calles y en los partidos de fútbol que se disputaban en Estambul antes de convertirse él mismo en futbolista semiprofesional.

Según las biografías difundidas por los medios de comunicación turcos, en 1969, siendo un adolescente, Erdogan se afilió a la Milli Gorus Teskilati, una asociación de intelectuales islamistas, y al año siguiente fue elegido presidente de la rama juvenil en el distrito Beyoglu de Estambul de la formación confesional islámica puesta en marcha por el diputado Necmettin Erbakan, el Partido del Orden Nacional (MNP).

En mayo de 1971, poco después del ultimátum de las Fuerzas Armadas a los gobernantes civiles y de la imposición de la ley marcial, el MNP fue ilegalizado por el Tribunal Constitucional turco, así que el 11 de octubre de 1972 Erbakan registró otra formación de similar corte derechista e islamista, el Partido de Salvación Nacional (MSP). A lo largo de la década el MSP cosechó buenos resultados electorales, consolidándose como la tercera fuerza política de Turquía y entrando a formar parte de diversos gobiernos de coalición con los mayoritarios Partido de la Justicia (AP, derecha) de Süleyman Demirel y Partido Popular Republicano (CHP, izquierda) de Bülent Ecevit.

Erdogan se reenganchó automáticamente al MSP, que entre otros puntos demandaba la detención del proceso de acercamiento de Turquía a los países europeos occidentales y la obligatoriedad de la indumentaria islámica para las mujeres. En 1973 terminó sus estudios en una Imam Hatip Okulu o escuela para la formación de imanes, u oficiantes de las preces religiosas en las mezquitas; aunque instruyen en un sentido religioso, estos centros vocacionales privados también brindan una educación generalista alternativa a la dispuesta por el Estado, además de que sus alumnos solían tener más asegurada una salida laboral luego de graduarse. Tras el paso por la escuela de imanes Erdogan intentó abrirse camino en el mundo empresarial y se matriculó en el Departamento de Economía y Comercio de la Universidad de Mármara, en Estambul.

La turbulenta década de los setenta, caracterizada por la escalada de la violencia sectaria, los excesos ideológicos y la inflación galopante, desembocó en septiembre de 1980 en el golpe de Estado y el establecimiento de una junta militar encabezada por el general Kenan Evren, que el 16 de octubre de 1981 declaró fuera de la ley al MSP y al resto de los partidos, y despojó de derechos políticos a sus dirigentes. El mismo año del golpe del Ejército, Erdogan se sacó la diplomatura universitaria y abandonó el fútbol, y posteriormente consiguió una desahogada posición laboral como ejecutivo medio en varias compañías privadas del ramo de la alimentación.

Siendo un militante político de bajo rango, Erdogan no sufrió represalias de las autoridades castrenses, aunque, según fuentes periodísticas, perdió su primer trabajo después de dejar la Universidad, el de funcionario en el servicio municipal de transportes de Estambul, por no obedecer la recomendación de su jefe, un coronel del Ejército retirado, de afeitarse el bigote, en unos días en que lucir barbas o bigotes de determinado estilo simbolizaba una postura ideológica confesional u oposicionista al nuevo orden militar.

No obstante desenvolverse profesionalmente en unos ambientes poco propicios para las manifestaciones religiosas y presentar un talante liberal en comparación con los tradicionalistas del partido, Erdogan era un musulmán devoto convencido de que Turquía debía reencontrarse con sus raíces islámicas y dejar de mirarse en el espejo de Europa y Occidente. Así que cuando el 19 de julio de 1983, al amparo de la nueva legislación permisiva de los militares, ex militantes del MSP inscribieron el Partido del Bienestar (Refah Partisi, RP) en nombre de Erbakan, el cual, de momento, seguía proscrito como todos los líderes partidistas de la etapa anterior a 1980, Erdogan se apresuró a recuperar su antiguo activismo.

En 1984 Erdogan fue nombrado jefe de la sección del RP en el distrito de Beyoglu y en 1985 pasó a hacerse cargo de la organización del partido en toda la provincia de Estambul. Desde este puesto se acreditó como un excelente organizador y proselitista, favoreciendo la implantación en la metrópoli ribereña del Bósforo de la única formación abiertamente islamista del panorama político nacional, que, bajo la atenta mirada del Ejército, se encaminaba a una democracia parlamentaria con nuevas siglas partidistas.

Miembro del Comité Ejecutivo Central del RP desde 1986, Erdogan secundó a Erbakan cuando en octubre de 1987 éste vio levantada su interdicción y tomó posesión de la presidencia del partido. Con un hábil discurso islamista que incidía en la problemática social y en la exigencia de un "orden justo", el RP caló en amplios sectores urbanos azotados por la crisis económica, experimentando un ascenso sostenido en las sucesivas citas electorales: en las legislativas del 29 de noviembre de 1987 obtuvo el 7,2% de los votos, en las municipales del 26 de marzo de 1989 pasó al 8% y en las legislativas del 20 de octubre de 1991 quedó cuarto con el 16,9% de los votos y 40 escaños, su primera representación en la Gran Asamblea Nacional.

En 1989 Erdogan fue el candidato del RP para la alcaldía constantinopolitana de Beyoglu, y aunque perdió, su papeleta triplicó los votos en el distrito con respecto a la elección anterior. Volvió a intentarlo en las municipales del 27 de marzo de 1994, pero ya para la alcaldía metropolitana, y esta vez ganó con el 25% de los sufragios frente a sus rivales del Partido Populista Social Demócrata (SHP), el Partido de la Recta Vía (DYP, conservador) y el Partido de la Madre Patria (ANAP, conservador), personalizando una jornada de euforia islamista -y de consternación y preocupación en los partidos laicos- en la que el RP cosechó el 18,3% de los votos en todo el país, pisando los talones al ANAP y el DYP, y capturó un total de 324 ayuntamientos, inclusive los de una treintena de ciudades entre las que figuraba, además de Estambul, la capital, Ankara.

En sus cuatro años como primer edil de Estambul, Erdogan ganó una elevada popularidad local y se proyectó como figura política de ámbito nacional por su gestión ordenada y eficiente de los recursos municipales, que resolvió numerosos problemas de infraestructuras ciudadanas, atendió necesidades sociales en las barriadas populares y que, de paso, estuvo libre de sospechas de corrupción, mal endémico en el país y, en el imaginario colectivo, consustancial con el desempeño de este tipo de funciones públicas. No obstante, sectores laicos y comerciantes descalificaron su decisión de proscribir el consumo de alcohol en los cafés, indudablemente lesiva para la industria del turismo.

La controvertida medida vino a recordar que el RP tenía un programa parcialmente confesional inspirado en el Corán y que Erdogan, aun representando el ala más aperturista del partido, no estaba dispuesto a gobernar con laxitud ilimitada en todo lo referente a las costumbres en la urbe más cosmopolita y occidentalizada del país, habitada por 10 millones de personas.

La marea de votos en favor del RP llegó a su clímax en las elecciones legislativas del 24 de diciembre de 1995, cuando el partido se encaramó al primer puesto con el 21,3% de los sufragios y 158 escaños. Erbakan reclamó su derecho a formar el primer gobierno islamista de Turquía desde la instauración de la República por Kemal Atatürk en 1923, pero las Fuerzas Armadas bloquearon esa posibilidad y forzaron un "frente laico" entre el DYP de Tansu Çiller, la primera ministra saliente, y el ANAP de Mesut Yilmaz, que regresó al puesto que ya desempeñara en 1991. Cuando esta experiencia fracasó el 6 de junio de 1996, los militares ya no pudieron imponer otro escamoteo antidemocrático y el presidente de la República, Demirel, nombró primer ministro a Erbakan, que constituyó un gabinete de coalición con el DYP el 28 de junio.

A pesar de las garantías de respetar el carácter laico, constitucionalmente definido, del Estado turco y de la póliza de seguro que parecía representar la presencia de la muy prooccidental Çiller en el Gobierno, Erbakan condujo una política exterior proárabe y proislámica (incluidos visitas oficiales y contratos económicos con Irán y Libia), y de puertas adentro otorgó facilidades a las escuelas religiosas, creándose una situación de presiones del alarmado generalato y de tensiones interpartidistas que terminó por dinamitar el Gobierno. El 18 de junio de 1997 Erbakan presentó la dimisión y doce días después Yilmaz fue capaz de formar un ejecutivo con dos partidos pequeños.

La represión se abatió sobre el RP en los meses siguientes. El 16 de enero de 1998 el Tribunal Constitucional concluyó el proceso iniciado el 11 de noviembre del año anterior e ilegalizó al partido por desarrollar "actividades contrarias al secularismo del Estado, y en los términos de la Constitución y de la Ley de Partidos Políticos", precisando que había hecho llamamientos a la jihad y suscitado un debate sobre la implantación de la sharía, o ley islámica, verdadero tabú en Turquía.

Anticipándose a una sentencia cantada, Erdogan y otros responsables del RP organizaron el Partido de la Virtud (Fazilet Partisi, FP), que fue inscrito el 17 de diciembre de 1997 con unos estatutos aceptables para las autoridades y que inició su andadura como partido parlamentario el 24 de febrero de 1998, dos días después de entrar en vigor la prohibición del RP. Por su inminente inhabilitación y avanzada edad, Erbakan no fue elegido presidente del FP, aunque la creencia general era que iba a manejarlo desde un discreto segundo plano, máxime cuando su jefatura nominal recayó, el 14 de mayo, en Recai Kutan, un veterano de la vieja guardia fundamentalista.

La Justicia emprendió también una causa particular contra Erdogan por haber declamado el 6 de diciembre de 1997 en un acto público en la ciudad sureña de Siirt unos famosos versos del poeta e ideólogo nacionalista Ziya Gökalp ("las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados"), cuyo pensamiento inspiró al movimiento de los Jóvenes Turcos en 1908 y luego a los revolucionarios kemalistas. Acusado de "incitación al odio sobre la base de diferencias religiosas" exactamente por citar esos versos poéticos (aunque la composición ya la recogía un libro de texto recomendado a los estudiantes por el Ministerio de Educación), el 21 de abril de 1998 Erdogan fue hallado culpable por el Tribunal Especial de Seguridad de Diyarbakir y sentenciado a 10 meses de prisión y a pagar una fuerte multa.

Según algunos observadores, la desmesurada condena suponía, de hecho, un intento de abortar la probable elevación del popular Erdogan a la jefatura del FP, luego de las interdicciones del 16 de enero sobre Erbakan y sus dos lugartenientes principales, Sevket Kazan y Ahmet Tekdal. Erdogan intentó rehuir su encarcelamiento por todos los medios, pero el 26 de marzo de 1999, después de que la Corte de Apelaciones de Ankara confirmara la sentencia de la primera instancia, fue ingresado en el penal de Pinarhisar, en Kirklarerli, al noroeste de Estambul, si bien para servir una pena reducida de 120 días. Mientras estuvo en la cárcel, Erdogan fue considerado preso de conciencia por la organización Amnistía Internacional.

El 24 de julio de 1999 el político recobró la libertad. Aunque ya no era alcalde de Estambul y estaba inhabilitado, en principio, a perpetuidad para desempeñar cargos públicos y políticos, se reincorporó a los trabajos internos del FP, que en las elecciones legislativas del 18 de abril anterior había descendido al 15,5% de los votos y los 111 escaños, situándose por detrás del Partido de la Izquierda Democrática de Ecevit (DSP) y el muy derechista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) de Devlet Bahçeli, quienes, con la adición del ANAP de Yilmaz, formaron un gobierno de coalición el 28 de mayo.

Con Erbakan teóricamente apartado del juego (el 10 de marzo de 2000 fue condenado a un año de prisión por unas críticas al secularismo realizadas en 1994, al tiempo que las encuestas periodísticas de valoración de líderes le colocaban en posiciones zagueras) y la militancia desconcertada por la caída electoral, se suscitó un enfrentamiento en el seno del FP entre el sector reformista capitaneado por el economista y diputado Abdullah Gül, exponente, como Erdogan, de los militantes jóvenes que habían llegado a la cúpula del movimiento después del golpe militar de 1980, y la vieja guardia ultraconservadora leal a Erbakan, con Kutan a la cabeza. En el congreso del partido celebrado el 14 de mayo de 2000 la línea oficial consiguió imponerse con bastantes apuros y Kutan fue reelegido presidente de la formación. Discretamente aún, Erdogan se alineó con el grupo de Gül.

Los comentaristas locales del cisma en ciernes en el FP apuntaron que las diferencias entre unos y otros no tenían un carácter religioso -antes bien, los jóvenes reformistas podían hacer gala de un rigorismo musulmán en el ámbito privado de sus vidas tan acusado como el de los veteranos-, sino otro de índole político y social. Más viajados, algunas veces políglotas y mejores conocedores de la cultura occidental y de las problemáticas nacionales del momento, Erdogan y su grupo ofrecían un discurso menos retórico, realizaban diagnósticos más convincentes e incidían en aspectos como el fortalecimiento de los valores democráticos y el respeto de los Derechos Humanos, llegándose a calificar su plataforma de "socialdemócrata" dentro de la nebulosa islamista.

El inicio de las diligencias judiciales, a iniciativa de la Fiscalía General de la República, para proscribir el FP con las mismas argumentaciones que liquidaron a su predecesor, aceleró la disidencia de Erdogan y Gül. El 22 de junio de 2001 llegó la sentencia de ilegalización del Constitucional y el 19 de julio siguiente Erdogan se encontró con la buena noticia de que el Tribunal le levantaba la prohibición de 1998, dejándole expedita la vía para fundar y liderar su propia fuerza política.

Al día siguiente, Kutan se le anticipó con la presentación del Partido de la Felicidad (Saadet Partisi, SP), que arrastró a 51 diputados, y Erdogan hizo lo propio el 14 de agosto con el Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkinma Partisi, AKP), respaldado por 53 diputados, luego la bancada del FP se dividió casi exactamente por la mitad, aunque esta paridad, se veía claro entonces, no era un reflejo de las posibilidades electorales de cada uno. Erdogan fue elegido presidente del AKP y Gül, vicepresidente.

La subida de Erdogan al proscenio político fue acogida en Turquía con diversas reacciones de entusiasmo, expectación o inquietud, en el contexto de una gravísima crisis económica y financiera, que estaba destruyendo cientos de miles de puestos de trabajo y empobreciendo a millones de turcos. 2001 registró una recesión del 7,4% del PIB y una inflación del 68,5%. Partidarios y medios de comunicación daban por hecho que, si ninguna añagaza lo impedía, el carismático ex alcalde de Estambul sería primer ministro del país más pronto que tarde, pues no se veía factible la terminación de la legislatura en 2004.

Por el contrario, los partidos laicos, sobre todo el del primer ministro Ecevit, expresaron su preocupación porque el auge del AKP y su eventual victoria en las próximas elecciones inauguraran una etapa de desestabilización política, justo cuando se estaba realizando un doble y gran esfuerzo, para adecuar las leyes turcas a los parámetros de la Unión Europea (UE) y tener así opciones de ingreso algún día (la demanda formulada en 1987 había sido aceptada en diciembre de 1999, aunque los Quince se guardaban de dar fechas para el arranque, siquiera, de las negociaciones de adhesión en tanto Ankara no satisficiera una larga relación de requisitos políticos y económicos), y para cumplir los compromisos de saneamiento financiero y reestructuración del sector público adquiridos ante el FMI, cuyo socorro crediticio de 16.000 millones de dólares era vital.

El 16 de julio de 2002, Ecevit, mermado de salud, presionado por doquier y finalmente confrontado con las defecciones de ministros del Gobierno y la implosión del DSP, convocó elecciones anticipadas para el 3 de noviembre. Erdogan inauguró la precampaña con un discurso muy moderado, incidiendo en que sus prioridades para el país eran económicas e incluso negando el carácter religioso de su partido, para el que, antes bien, reivindicó un perfil "conservador" y "prooccidental", que ni cuestionaba la pertenencia a la OTAN ni la aspiración de entrar en la UE, lo que, de hecho, suponía apropiarse de las señas de identidad de fuerzas como el ANAP o el DYP.

Erdogan eludió entrar en una polémica sobre si un gobierno del AKP permitiría a las funcionarias públicas cubrirse la cabeza con el pañuelo en sus puestos de trabajo -hábito estrictamente prohibido por la actual legislación- e indicó que su esposa, Emine, no asistiría a los actos oficiales que también prohíben el velo. En relación con este punto explicó que su hija mayor estaba estudiando Economía en la Universidad estadounidense de Indiana porque en las universidades turcas no se le permitía llevar el pañuelo. Los dos vástagos varones cursaban estudios de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas también en universidades de Estados Unidos y el Reino Unido, respectivamente, mientras que la benjamina de la familia, como antes sus hermanos mayores, asistía a clases en una Imam Hatip Okulu en Turquía.

Sus estatutos y programa los elaboró el AKP pensando en mitigar las aprensiones de dentro y fuera del país y, sobre todo, en privar de excusas a las Fuerzas Armadas para que, a través de los órganos de justicia, no le hicieran correr la suerte de sus cuatro malhadados antecesores. En la declaración de principios se citaba una sola vez el término "islámico", y era para referirse a la necesidad de proteger las artes plásticas de la cultura turcomusulmana. En otro apartado se prometía que "todo sería mejor" con un Gobierno del AKP y "con la ayuda de Alá".

Erdogan y sus colegas incidían una y otra vez en la unidad y la integridad de la República de Turquía y en el "Estado social, democrático y secular de derecho", y subrayaban su condición de partido plural que rechazaba "sacar ventaja de los sagrados valores de la religión y la etnicidad, y usarlos para propósitos políticos", así que sobre el papel se sometían punto por punto a la Constitución y los principios kemalistas. Pero también apelaban a la universalización de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en Turquía (inclusive la libertad de expresión conforme a los "estándares internacionales"), a la supresión de la tortura o las ejecuciones extrajudiciales, y al fortalecimiento del esquema de una sociedad civil basado en los ciudadanos. En suma, el AKP parecía proponer una feliz síntesis de islamismo y democracia, de tradición y modernidad, novedoso experimento que alimentaba paralelismos con la experiencia de la democracia cristiana en la Europa occidental de posguerra.

El 20 de septiembre de 2002 Erdogan recibió un jarro de agua fría con el anuncio por la Junta Electoral de que él, así como Erbakan, el ex presidente del prokurdo Partido de la Democracia del Pueblo (HADEP) Murat Bozlak y el activista de los Derechos Humanos Akin Birdal -todos los cuales habían recibido sentencias de prisión por delitos de opinión-, estaban descalificados de presentarse a las elecciones, en el caso suyo particular, por la proclama poética de 1997.

Erdogan solicitó amparo al Tribunal Europeo de Derechos Humanos del Consejo de Europa, pero la imposibilidad de ser diputado y, por ende, primer ministro, no tenía vuelta atrás. La Fiscalía General aún intentó días antes de los comicios que el Tribunal Constitucional ilegalizara al AKP por haber ignorado una requisitoria suya para que Erdogan dejara de ser el presidente de la formación. El caso es que estas maniobras de última hora contra Erdogan, seguramente, lo que hicieron fue darle más votos al AKP.

Ciertamente, las encuestas auguraban una rotunda victoria del AKP, pero aún se quedaron cortas, ya que lo que se produjo el 3 de noviembre fue el mayor vuelco electoral en Turquía desde 1950, cuando el CHP de Ismet Inönü, el sucesor de Kemal Atatürk, fue noqueado por el DP (antecesor del AP y el DYP) de Adnan Menderes: con 10,8 millones de votos, el 34,3% de las papeletas válidas, y 363 de los 550 escaños de la Asamblea Nacional, el AKP arrasó a los tres partidos del Gobierno y al DYP, que no alcanzaron el listón del 10% de los sufragios y se convirtieron en extraparlamentarios. El SP de Kutan no llegó al 3% y el recién fundado Partido de la Juventud (GP) del multimillonario populista Cem Uzan tampoco respondió a las expectativas y se quedó sin representación.

Sólo el CHP de Deniz Baykal salió indemne del tremendo castigo del electorado a los partidos tradicionales laicos; más aún, duplicó sus votos y consiguió 178 actas. Dejando pequeña la victoria del RP en 1995, el AKP obtuvo una mayoría absoluta de 87 escaños y rozó la mayoría de dos tercios requerida para aprobar reformas constitucionales, un acaparamiento de poder legislativo que no se conocía desde los años de Menderes y el DP. Como consecuencia de la restrictiva normativa electoral, el 46% de los electores que acudió a votar (el 78,9% del censo) se quedó sin representación en la Asamblea Nacional, una situación aberrante que el nuevo gobierno, según indicó Erdogan, se iba a encargar de corregir.

El 4 de noviembre un abatido Ecevit presentó la dimisión al presidente Ahmet Necdet Sezer, quien le pidió que continuara en funciones hasta que nombrara a su sucesor a partir de los candidatos nominados por el AKP. Por de pronto, Erdogan se comportó y fue tratado como un verdadero primer ministro in péctore, ante Sezer, Baykal y los gobiernos europeos, que, entre expectantes y moderadamente inquietos, salieron a felicitarle y aceptaron gustosos sus peticiones de ser recibido para explicar su agenda política.

Erdogan, vestido con un traje de impecable corte occidental, prodigó los mensajes tranquilizadores, insistió en que no escondía una "agenda islámica" y subrayó que el AKP estaba resuelto a proseguir las reformas económicas de mercado, a elevar el nivel de vida de la castigada población, a combatir la corrupción en todas sus formas y a acelerar el tortuoso proceso de adhesión a la UE, que en diciembre iba a pasar por un nuevo y trascendental examen en el Consejo Europeo de Copenhague.

La cita de los Quince en la capital danesa se tornaba tanto más incierta para la certificación de la precandidatura turca y la obtención de una fecha del arranque de las negociaciones de adhesión porque justo en vísperas de las elecciones se suscitó en ámbitos del Partido Popular Europeo, a raíz de unas declaraciones de Valéry Giscard d'Estaing, presidente de la Convención que elaboraba propuestas de reformas de la futura UE, una corriente de opinión adversa a la pertenencia algún día de Turquía a la organización europea, aduciendo razones geográficas demográficas, económicas e, incluso, religiosas.

Por lo demás, la vieja aspiración turca estaba inextricablemente ligada a una solución para el dividido Chipre (cuyo Gobierno internacionalmente reconocido, el grecochipriota de Nicosia, se hallaba desde 1998 en negociaciones de adhesión con la Comisión Europea, que había fijado la fecha del 1 de mayo de 2004 para que aquella tuviera lugar) y a la conclusión de un acuerdo entre la UE y la OTAN para la entrada en operatividad de la Fuerza Europea de Intervención, embrión de un Ejército de la UE de la defensa, sobre la que Ankara y Atenas tenían la última palabra. Sobre el primer particular, Erdogan se apresuró a defender el plan de unificación de la isla presentado por la ONU basado en el principio del Estado bicomunal con una estructura federal, e instó al Gobierno turcochipriota a que lo aceptara.

Por otro lado, Erdogan se manifestó contrario a que Estados Unidos lanzara una guerra contra Irak para arrebatarle las atribuidas armas de destrucción masiva y, de paso, derrocar el régimen de Saddam Hussein, alegando razones humanitarias y de impacto económico sobre la economía turca, pero el 8 de noviembre respaldó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU ultimando a Bagdad para que aceptase las inspecciones de sus instalaciones sospechosas de albergar armas prohibidas desde la guerra de 1991. El AKP también declaró que la cooperación militar con Israel no iba a cuestionarse.

Todas estas puntualizaciones poselectorales las fueron emitiendo Erdogan y su personal a medida que fueron recibiendo avisos de los guardianes de la aconfesionalidad del Estado sobre cual era la línea que no debían rebasar: el 8 de noviembre el jefe del Estado Mayor de la Fuerzas Armadas, general Hilmi Ozkok, declaró que la institución estaba "lista para proteger al Estado del fundamentalismo", y dos días después, en el 64º aniversario de la muerte de Kemal Atatürk, el presidente Sezer recalcó que no habría relajamiento en la vigilancia y la lucha contra aquellos movimientos que intentaran "derribar la república democrática y secular".

Tal como se esperaba, Sezer nombró primer ministro el 16 de noviembre a Abdullah Gül y dos días después el número dos del AKP recibió el visto bueno del presidente a su lista de Gobierno, que finalmente fue monocolor y que no dio cabida a personalidades sospechosas de radicalismo. Aunque privado de cualquier función ejecutiva estatal, Erdogan se desenvolvió como el embajador volante del nuevo Gobierno turco y, a partir del 13 de noviembre, realizó una gira internacional de un mes de duración que le llevó a Roma, Atenas, Madrid, Berlín, Lisboa, Londres, Estrasburgo, Helsinki, Copenhague, París, Estocolmo y, finalmente, Nueva York y Washington, siendo recibido por los presidentes y primeros ministros de cada país, amén de las autoridades de la UE y el secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Las expectativas turcas en el Consejo Europeo de Copenhague del 12 y 13 de diciembre coparon la agenda diplomática de Erdogan en su exhaustivo recorrido europeo, pero aquellas no iban a ser colmadas en absoluto. Entre la toma de posesión en Ankara y la cita en la capital danesa, Gül y su gabinete aprobaron a toda prisa una serie de medidas destinadas a cumplimentar las exigencias pendientes de la UE sobre normativa interna y a despejar de trabas constitucionales la aspiración de Erdogan de un escaño en una elección parcial programada para el 9 de marzo de 2003, ganado el cual su conversión en primer ministro previa dimisión de Gül sería cosa hecha.

En el primer terreno, el 30 de noviembre el Gobierno levantó el estado de emergencia que pesaba sobre dos provincias del sudeste de mayoría kurda, Sirnak y Diyarbakir, desde 1987, tres años después del inicio de las hostilidades guerrilleras por el separatista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), ahora militarmente derrotado y retornado a un frente que reivindicaba como civil, aunque el Estado turco seguía considerándolo una organización terrorista. Esta excepcionalidad legal en las provincias citadas había brindado socaire a flagrantes violaciones de los Derechos Humanos por las fuerzas de seguridad.

Luego, el 13 de diciembre, la Asamblea Nacional aprobó por una aplastante mayoría de 440 votos la eliminación de la cláusula de la Carta Magna que prohibía a los acusados de delitos ser candidatos a cargos electivos, pero Sezer se apresuró a vetar la decisión legislativa con el argumento de que la Constitución no se podía poner al servicio de una persona.

Ese mismo día, Erdogan y Gül asistían al Consejo Europeo de Copenhague y allí conocieron, con bastante decepción, la decisión de los líderes europeos: Bruselas iba a emprender con Ankara las negociaciones de adhesión en una fecha aún lejana, el 1 de julio de 2005, no decía nada sobre cuándo podrían terminar aquellas y, además, supeditaba todo el proceso al cumplimiento de los requisitos, políticos y económicos, todavía pendientes. Dado que esta situación se iba a evaluar en diciembre de 2004, ni siquiera la fecha de 2005 para el arranque de las negociaciones era inamovible.

Anticipándose a este resultado insatisfactorio y a modo de pataleta poco verosímil, Erdogan propuso al sorprendido presidente George W. Bush en su recepción en la Casa Blanca el 10 de diciembre la adhesión de Turquía al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, formado por Estados Unidos, México y Canadá) en el caso de que las negociaciones para el ingreso en la UE no llegaran a buen puerto.

El 27 de diciembre la Asamblea Nacional volvió a votar a favor de enmendar la Constitución en el sentido favorable a Erdogan y lanzando así un desafío a Sezer, quien ya no podía ejercer el segundo veto, sino sólo recurrir al Tribunal Constitucional o convocar un referéndum, si insistía en frenar al líder del AKP. El último día del año el presidente transigió y estampó su firma legal al texto. Todavía el 22 de enero de 2003, el Constitucional, tomando el relevo a Sezer en el pulso entre el Estado laico kemalista y Erdogan, dictaminó que éste último estaba inhabilitado para ser presidente del AKP, pero la decisión del alto tribunal no tuvo consecuencias.

Sin sorpresas esta vez, el 9 de marzo Erdogan ganó el acta de diputado en la elección parcial en la circunscripción de Siirt, plaza fuerte del AKP donde los resultados de la primera votación habían sido anulados por el Consejo Supremo Electoral el 3 de noviembre al constatar irregularidades. El 11 de marzo Gül presentó la dimisión como primer ministro y el AKP presentó como candidato al puesto a Erdogan, quien fue nombrado por Sezer el mismo día. El 14 de marzo Erdogan formó su Gabinete, del que fueron dados de baja tres ministros del equipo de Gül por haber expresado su oposición a los planes bélicos de Estados Unidos contra Irak. Gül quedó confirmado como la mano derecha de Erdogan pasando a hacerse cargo del Ministerio de Exteriores y de la vicejefatura del Gobierno.

Y es que la conquista del más alto colofón en la carrera política de Erdogan se produjo en un momento de tensión excepcional en las relaciones turco-estadounidenses, cuando la invasión de Irak parecía inminente. En enero, Erdogan se había manifestado hostil a los planes militares de Washington de acabar con Saddam Hussein y partidario de que fuera el Consejo de Seguridad de la ONU quien tomara las decisiones sobre el desarme de Irak.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos deseaba a toda costa que su aliado turco le otorgara plenas facilidades operativas, terrestres y aéreas, en las áreas fronterizas del sudeste para abrir el frente septentrional de la invasión en ciernes, que se desarrollaría en paralelo al avance del grueso de las fuerzas atacantes desde la frontera kuwaití y que tendría como objetivos prioritarios los pozos petroleros de Kirkuk y Mosul. Las presiones en ese sentido arreciaron sobre Ankara.

Desde el punto de vista político, la administración Bush quería que Turquía, país musulmán, laico y democrático, se involucrara en la retaguardia de la campaña contra Irak como baza propagandística, en un contexto de grandes dificultades para convencer a numerosos países de integrarse en la coalición antiirakí. Dicho sea de paso, desde el 20 de junio de 2002 hasta el 10 de febrero, Turquía había comandado la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) en Kabul, Afganistán. Pero Washington no deseaba ver tropas turcas en Irak, porque eso podría hacer estallar el polvorín kurdo y poner en grave peligro el conjunto de la operación bélica.

Haciendo encaje de bolillos entre los intereses estratégicos y económicos de Turquía, que no deseaba ser un mero "espectador" de lo que se ventilara en el vecino país y, sobre todo, en el Kurdistán irakí -temía que una emancipación soberana allí a rebufo de la caída de Saddam Hussein contagiara de ánimos independentistas al Kurdistán turco- y la salvaguardia del celo nacionalista de cara a una opinión pública y a unos votantes unánimemente opuestos a la guerra, el Gobierno de Gül aceptó en principio que 20.000 soldados estadounidenses pudieran cruzar el territorio turco y emplear bases para invadir el Kurdistán irakí.

Erdogan modificó su postura y pasó a defender la cooperación militar con Estados Unidos, aduciendo que si bien, para ellos, el "primer interés ético y humanitario era la paz", la "prioridad política era únicamente Turquía", aunque insistió en que las acciones bélicas contra Irak debían contar con la cobertura legal de la ONU. Su planteamiento realista era compartido, de hecho, por el conjunto de la élite política, militar y empresarial de país, que veía cómo el aliado americano les estaba involucrando en un conflicto que nadie deseaba: puesto que Estados Unidos iba a hacer la guerra de todas formas, Turquía estaba obligada a minimizar los daños propios y, si era posible, a sacar ventajas de un escenario pos-Saddam.

El 6 de febrero, por 308 votos contra 193, la Asamblea Nacional dio luz verde al acondicionamiento y modernización por militares de Estados Unidos de una serie de instalaciones en Turquía con vistas a la llegada del contingente ofensivo de aquel país, cuya fuerza quedó establecida en 62.000 soldados, 225 aviones y 65 helicópteros. Antes de someter a los parlamentarios esta espinosa cuestión, Erdogan y Gül se afanaron en arrancar de su impaciente aliado las máximas garantías políticas y remuneraciones económicas, recordando el funesto impacto que tuvieron sobre la economía nacional la guerra de 1991 para liberar Kuwait y el embargo petrolero a Irak. El 10 de febrero Turquía activó el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, que obliga al Consejo Atlántico a iniciar un proceso de consultas sobre la prestación de protección militar al país solicitante en la creencia, como era el caso, de que su seguridad está amenazada.

El revuelo internacional con Turquía en el candelero se agudizó cuando algunos aliados de la OTAN, con franceses y alemanes a la cabeza, plantearon un rechazo de varios días a la petición de Ankara, asumida como suya por Washington y Londres, de activar un plan de defensa del país en previsión de una agresión irakí, consistente en el despliegue de aviones-radar AWACS, sistemas antimisiles Patriot y unidades terrestres de guerra antinuclear, química y bacteriológica. Aquellos miembros de la Alianza alegaron que ese dispositivo militar, sin estar clara una amenaza inminente contra Turquía, daría a entender que la guerra era inevitable y que serían vanos todos los esfuerzos del Consejo de Seguridad de la ONU para resolver la crisis del desarme irakí en su seno aguardando a los informes de los inspectores que trabajaban sobre el terreno.

El durísimo regateo, que dio pie a un desabrimiento como no se recordaba en las relaciones entre Ankara y Washington, sobre el precio de la colaboración turca en la guerra se cerró el 25 de febrero. Erdogan y Gül consiguieron de los estadounidenses las garantías de que no iba a permitirse a los kurdos irakíes proclamar un Estado propio ni hacerse con el control del petróleo, y de que Turquía iba a participar en la administración provisional del norte de Irak tras la guerra.

La compensación económica se acercó más a las cantidades exigidas por los turcos que a las que en un principio eran las máximas aceptables para los estadounidenses: 30.000 millones de dólares, 16.000 en ayudas a fondo perdido y en créditos a bajo interés, y el resto en concepto de asistencia financiera del FMI. Semejante caudal de dinero caería sobre la economía turca como agua de mayo, ahora que lo peor había quedado atrás: 2002 cerró con un crecimiento anual positivo del 3,7% del PIB (una de las tasas más altas de Europa) y el índice de precios rebajado al 45%.

Pero el 1 de marzo, contra todo pronóstico, muchos diputados del AKP se rebelaron contra la dirección del partido y de los 533 parlamentarios presentes, 264 votaron a favor del despliegue de las tropas norteamericanas, que aguardaban ya en buques de guerra fondeados frente a los puertos turcos, 250 votaron en contra y 19 se abstuvieron; por tres votos, no se alcanzó la mayoría de la mitad más uno, así que la propuesta quedó rechazada. El bofetón propinado a Erdogan y Gül por sus propios diputados tuvo también un efecto fulminante en la bolsa de Estambul, que sufrió fuertes pérdidas, a la par que la depreciación de la lira turca, como reflejo del temor generalizado a que se evaporaran las muy necesarias ayudas de Estados Unidos.

Erdogan se tomó el revés con calma y decidió aguardar hasta ser elegido primer ministro y, luego, hasta ganar el preceptivo voto de confianza de los diputados, antes de someter a la Asamblea la cuestión de nuevo. En el ínterin, el general Ozkok expresó la opinión del Ejército de que el Gobierno tenía razón en la urgente cooperación prebélica con Washington, que, a su vez, exasperado por la parsimonia del flamante jefe de Gobierno, redobló sus presiones sobre Ankara.

Para complicar las cosas, Erdogan pasó a esgrimir una nueva exigencia a Estados Unidos, que su país pudiera desplegar hasta 40.000 soldados en el Kurdistán irakí con el argumento de que tenía el deber y el derecho de proteger a la exigua minoría turcomana irakí contra eventuales persecuciones de los kurdos o Saddam, pero la advertencia de Bush fue tajante, con un tono de amenaza insólito entre aliados: si Turquía actuaba unilateralmente en el norte de Irak, podría encontrarse con la repulsión armada del Ejército estadounidense.

El Gobierno de Estados Unidos, impaciente por desatar una conflagración que parecía estar retrasándose sólo por las reluctancias turcas, zanjó que la nueva demanda de Erdogan era inaceptable y renunció a abrir el corredor terrestre de la invasión de Irak a través de Turquía. El 18 de marzo, coincidiendo con la publicación por el Departamento de Estado de Estados Unidos de la lista de los 30 gobiernos que respaldaban el ataque a Irak y entre los que figuraba el turco, el primer ministro acordó con la administración Bush someter a la Asamblea, no el despliegue de los 62.000 soldados, sino el permiso de sobrevuelo a los aviones en misiones de combate, bien de bombardeo, bien de transporte de tropas.

La autorización no incluía el aterrizaje o despegue desde los aeródromos turcos, inclusive la base de Incirlik, una facilidad básica de la OTAN, y ni siquiera para repostar, luego la cooperación turca en el esfuerzo bélico de Estados Unidos se redujo a un nivel incluso inferior al prestado en la primera guerra del Golfo. Turquía iba a servir de simple pasillo aéreo a su aliado y, a la sazón, se había quedado sin 30.000 millones de dólares.

El 20 de marzo, escasas horas después de iniciarse la guerra, la Asamblea Nacional aprobó por amplia mayoría aquella propuesta y también que el Ejército turco pudiera penetrar en Irak para impedir el flujo de refugiados, proteger a los turcomanos y evitar que los kurdos tomaran los centros petroleros y proclamaran su independencia. Tres días después, Erdogan ganó la moción de confianza por 350 votos contra 162.

En la fase final de la guerra, los días 10 y 11 de abril, una vez producida la toma de Bagdad, peshmergas kurdos con el apoyo de tropas estadounidenses entraron en Kirkuk y Mosul, pese a que Ankara había recibido seguridades de que no se permitiría a los kurdos irakíes apuntarse ese tanto militar y político. La cohorte de saqueos y violencias interétnicas a que aquellas conquistas dieron lugar desagradó y alarmó profundamente a Erdogan, que fue parcialmente aquietado por Estados Unidos con la pronta sustitución de los milicianos kurdos por sus tropas de ocupación y la salvaguardia de los pozos petroleros. Además de los 2.000 soldados dispersados en el extremo norte de Irak para impedir infiltraciones de guerrilleros kurdos, el Gobierno de Erdogan fue autorizado a acantonar observadores militares en Kirkuk.

(Cobertura informativa hasta 1/9/2003)



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