Donald Tusk

Datos relevantes

Actualización: 7 de Febrero de 2008
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2005/Berlaymont
Donald Franciszek Tusk

Polonia

Primer Ministro

Duración del mandato: 16 de Noviembre de 2007 - En funciones

Nacimiento: Gdansk, voivodato de Pomorze (Pomerania) , 22 de Abril de 1957

Partido político: PO

Profesión: Historiador

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2005/Berlaymont

Resumen

El líder del partido liberal Plataforma Cívica (PO) se ha convertido el 16 de noviembre de 2007 en primer ministro de Polonia al frente de un gobierno centrista de coalición con el Partido Campesino. Político con una sólida trayectoria parlamentaria pero sin experiencia en la gestión gubernamental, Donald Tusk ha ganado las elecciones legislativas de octubre con un programa intensamente liberal en lo económico, proempresarial y proeuropeo, que persigue la adopción del euro, la reducción de los impuestos y la modernización del país, pero pasando página al revisionismo histórico y al ajuste de cuentas con quienes cooperaron con el régimen comunista. La intención de Tusk es cerrar las brechas que la ejecutoria sectaria y nacionalista de la formación de derechas gobernante hasta ahora, el partido Ley y Justicia de los hermanos gemelos Jaroslaw y Lech Kaczynski, ha abierto en la sociedad polaca y en las relaciones con los socios de la Unión Europea.

Biografía

1. Un estudiante de historia activo en el sindicato Solidaridad
2. Artífice de dos partidos liberales en la primera década de la democracia polaca
3. El proyecto centroderechista de la Plataforma Cívica
4. Triunfo electoral en 2007 sobre el oficialismo de los hermanos Kaczynski


1. Un estudiante de historia activo en el sindicato Solidaridad

Sus padres, él carpintero y ella enfermera, como millones de polacos, sufrieron el yugo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, que transcurrió para ellos entre deportaciones forzosas y campos de trabajo. Tío del muchacho era el famoso escultor y ceramista Bronislaw Buni Tusk (1935-2000). En cuanto a su abuelo paterno, Józef Tusk, ferroviario de profesión, estuvo movilizado como soldado en la Wehrmacht en los últimos días de la guerra antes de desertar al frente occidental, donde se unió a las Fuerzas Armadas Polacas que combatían junto a los aliados. El dato fue revelado por los adversarios políticos de Tusk en la campaña de las elecciones presidenciales de 2005, y los divulgadores subrayaron entonces el matiz de un alistamiento voluntario de Józef Tusk en las fuerzas alemanas al que indagaciones posteriores restaron toda credibilidad; de hecho, el abuelo del político se encontraba en un campo de prisioneros cuando le obligaron a ponerse el uniforme de soldado del Ejército alemán.

Hasta la invasión por Hitler en 1939, los Tusk fueron ciudadanos de la Ciudad Libre de Danzig, donde la población era mayoritariamente alemana y pronazi, aunque ellos pertenecían a la minoría eslava local de los casubios, muchos de los cuales fueron enviados al cercano campo de concentración de Stutthof o ejecutados en el bosque de Piasnica. La anexión al Tercer Reich de un territorio, dominando la salida al Báltico de la antigua provincia imperial de Prusia Occidental y la región histórica de Pomerania oriental o Pomerelia, que los ocupantes consideraban culturalmente alemana, conllevó una limpieza étnica de la que los padres del muchacho consiguieron salir con vida.

En la rebautizada ciudad de Gdansk de la República Popular de Polonia recibió Tusk toda su formación académica. Cursó la educación secundaria en el liceo Mikolaj Kopernik y tras completar el bachillerato en 1976 emprendió estudios de Historia en la Universidad local. En la urbe portuaria el futuro primer ministro se empapó del conflictivo ambiente que atizaban las reivindicaciones estudiantiles y obreras por un lado y la represión del Gobierno comunista prosoviético por el otro. Su atracción por el activismo político le surgió, según ha asegurado, a los 13 años, durante las protestas antigubernamentales de diciembre de 1970 en las ciudades bálticas, cuando fue testigo de cómo el Ejército abría fuego contra trabajadores en huelga de los astilleros de Gdansk.

Relacionado con el Comité de Solidaridad de los Estudiantes (SKS), organización que en 1977 rompió el monopolio que ejercían las juventudes del Partido Obrero Unificado Polaco (PZPR), tomó parte en la fundación de la Unión Independiente de Estudiantes (NZS) en septiembre de 1980 y cooperó con la Unión de Sindicatos de la Región Costera (WZZW), para la que organizó grupos de estudio y publicó prensa clandestina. Como tantos jóvenes trabajadores, estudiantes, economistas e intelectuales que en el futuro iban a desempeñar cargos de responsabilidad política en la Polonia democrática, aquel mismo año se unió al movimiento sindical de Solidaridad, cuyo líder más carismático era Lech Walesa, y participó en las luchas reivindicativas, lo que no le impidió terminar sus estudios en la Facultad de Historia con una tesina sobre el mariscal Jozef Pilsudski, fundador y primer presidente de la II República Polaca tras la Primera Guerra Mundial.

Durante unos meses, Tusk fungió de enlace de Solidaridad en la Wydawnictwo Morskie (Casa de Publicaciones Marítimas), una reputada editorial de Gdansk, y ejerció el periodismo y la publicidad en el semanario que el sindicato imprimía en la ciudad, Samorzadnosc. Pero en diciembre de 1981 la declaración de la ley marcial y la prohibición de Solidaridad por el general Wojciech Jaruzelski, primer ministro y primer secretario del PZPR con poderes reforzados al frente de una junta militar, pusieron término a estas actividades.

Expulsado al paro por su militancia política, el historiador hubo de ganarse la vida como obrero de la construcción antes de fundar con otros socios una cooperativa –una de las pocas formas de empresa privada toleradas por aquel entonces- en el ramo de la pintura. Durante siete años se dedicó a pintar chimeneas, puentes e instalaciones industriales para los clientes que le contrataban, una experiencia que le convenció de las bondades de la economía de libre mercado y la iniciativa privada.


2. Artífice de dos partidos liberales en la primera década de la democracia polaca

1989 marcó el comienzo de una nueva era política en la historia de Polonia con la legalización pactada de Solidaridad y la celebración de unas elecciones semidemocráticas que llevaron a los representantes del sindicato al Gobierno, con el católico progresista Tadeusz Mazowiecki a su frente, poniendo término a la dictadura del partido único comunista. El vasto campo de Solidaridad comenzó a disgregarse en una pléyade de agrupaciones y protopartidos que iban desde la socialdemocracia de corte reformista y proeuropeo hasta la derecha más conservadora y proteccionista.

Tusk se zambulló en la efervescencia política del momento y tiró por un camino intermedio, el centroderecha liberal, que sin embargo tenía más puntos en común con la plataforma reformista de Mazowiecki; así, en compañía de los economistas Jan Krzysztof Bielecki, Janusz Lewandowski y Jacek Merkel organizó el Congreso Liberal Democrático (Kongres Liberalno-Demokratyczny, KLD). Los cuatro compartían formación universitaria en Gdansk y familiaridad con el emergente sector privado, al que estaban vinculados profesionalmente como empresarios o consultores; Bielecki, además, había ejercido también de cooperativista durante la férula de Jaruzelski y ahora ganó el acta de diputado en el Sejm o Cámara baja de la Asamblea Nacional.

Constituido formalmente en partido el 30 de junio de 1990 y con Tusk al frente de su Consejo Ejecutivo, el KLD esgrimía un "liberalismo pragmático" que en realidad se inspiraba en las reformas liberales radicales emprendidas años atrás por Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos. El programa partidario defendía una rápida transición a la economía de mercado mediante la privatización general del sector público, el rigor presupuestario, la liberalización de los precios, la descentralización del Gobierno y la Administración, y la inserción de Polonia, igualmente libre de complejos, en las estructuras euro-atlánticas, en particular en la Comunidad Económica Europea. Tusk y sus compañeros no pudieron menos que respaldar la puesta en marcha por el Gobierno Mazowiecki, en enero de 1990, del polémico Plan Balcerowicz, un paquete de medidas de choque diseñado por el viceprimer ministro y ministro de Finanzas Leszek Balcerowicz y que perseguía yugular la hiperinflación, sanear las cuentas públicas, desestatalizar y desregular la economía, convertir el zloty y, en definitiva, meter a Polonia en el capitalismo de mercado.

El apoyo dado por el KLD a la candidatura presidencial de Walesa en las elecciones de noviembre de 1990 fue premiado por éste, luego de alcanzar la jefatura del Estado en diciembre, con el nombramiento de Bielecki para el puesto de primer ministro. En enero de 1991 Bielecki formó un gobierno de coalición que integró como socios a la Unión Democrática (UD) de Mazowiecki, el Acuerdo de Centro (PC) de los hermanos gemelos Jaroslaw y Lech Kaczynski, la Unión Nacional Cristiana (ZChN) de Wieslaw Chrzanowski y el pequeño Partido Social Demócrata (SD) de Jan Janowski.

Además de Bielecki, el KLD colocó a tres ministros en el nuevo Gobierno –incluido Lewandowski, que tomó la sensible cartera de Transformación de la Propiedad, es decir, las privatizaciones-, pero entre ellos no figuró Tusk, que prefirió reservarse para la dirección orgánica del partido y el encabezamiento de la lista liberal en las próximas elecciones legislativas, que esta vez serían enteramente competitivas, sin escaños reservados. Celebrados el 27 de octubre de 1991 en un contexto partidista en extremo fragmentado, los comicios depararon al KLD un discreto séptimo lugar con el 7,4% de los votos, cuota que, en virtud del sistema electoral proporcional entonces vigente, le dio derecho a 37 diputados, Tusk entre ellos. Los liberales, y en menor medida los demócratas de Mazowiecki y Bronislaw Geremek, fueron penalizados por el electorado por su insistencia en priorizar el ajuste estructural y la lucha contra la inflación sobre la creación de empleo y el gasto social.

La incapacidad de los partidos del Gabinete saliente para renovar la coalición dio lugar en diciembre siguiente a un gobierno de minoría encabezado por el centrista Jan Olszewski. Desde la oposición, Tusk se dedicó a fustigar a Olszewski por su abandono de la ortodoxia monetaria, ya que proponía imprimir dinero extra para estimular el crecimiento económico, y por su campaña demagógica de desenmascaramiento de supuestos confidentes de la policía política de la dictadura. A principios de junio de 1992 el KLD se unió a otros partidos opositores para, haciéndole el juego al presidente Walesa, que quería defenestrar a Olszewski por haberse atrevido su ministro de Justicia a acusarle de ser un antiguo chivato de los comunistas, presentar una moción de censura en el Sejm que precipitó la dimisión del gobernante.

En julio de 1992 Tusk pactó el regreso de su partido al Ejecutivo en asociación con la UD, la ZChN, la Alianza Campesina (PL), el Partido Cristiano Demócrata (PChD), la Alianza Cristiana Campesina (SLCh) y el Programa Democrático Polaco (PPG), bajo la jefatura de Hanna Suchocka, de la UD. Los liberales obtuvieron cuatro ministros, entre ellos Bielecki y Lewandowski. KLD, UD y PPG, únicos partidos que propugnaban abiertamente el reformismo liberal en economía, formaban la llamada "pequeña coalición", cuya capacidad de consenso con las otras cuatro formaciones del Gobierno, representativas de la derecha católica y rural, se reveló sumamente escasa.

El Gobierno Suchocka, minado por las disputas ideológicas, se sostuvo precariamente hasta las elecciones generales del 19 de septiembre de 1993. Entonces, la coincidencia de un sistema electoral que reducía la proporcionalidad y el enfado del electorado con los partidos herederos de Solidaridad debido a sus políticas económicas liberales y sus constantes peleas produjo una ruda sanción para el KLD, que se quedó a 1,1 puntos del umbral del 5% de los votos y por lo tanto no obtuvo representación. De hecho, la formación de Tusk quedó en una remota décima posición. Los comicios fueron ganados por la oposición de centroizquierda que conformaban la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD, ex comunistas reconvertidos en socialdemócratas) y el Partido Campesino Polaco (PSL), los cuales formaron gobierno a finales de octubre con la adición de la Unión del Trabajo (UP).

La lección que Tusk, por un lado, y los demócratas –los cuales habían preservado su condición de partido parlamentario con 74 diputados-, por el otro, extrajeron de las votaciones de 1993 fue que debían sumar sus menguadas fuerzas para garantizar la presencia de la opción liberal reformista y proeuropea entre el bloque socialdemócrata-campesino ahora dominante y los sectores de la derecha con diferentes acentos nacionalistas, religiosos, sociales y prosindicales que ahora mismo estaban fuera del Parlamento y completamente dispersos, pero que se aprestaban a reorganizarse.

Meses de negociaciones para una fusión orgánica culminaron con la celebración el 23 y el 24 de abril de 1994 del congreso fundacional de la Unión de la Libertad (Unia Wolnosci, UW), que aunaba el liberalismo clásico del KLD y los enfoques social liberales de la UD. A la elección por el millar de delegados constituyentes del presidente del nuevo partido se presentaron los presidentes de las dos formaciones fundadoras, Tusk y Mazowiecki; el ex primer ministro se llevó el puesto por la mínima, pero a cambio Tusk fue nombrado vicepresidente. La UW iniciaba su andadura con el fichaje de una personalidad del prestigio de Balcerowicz, enriqueciendo una plana mayor donde destacaban otros políticos de talla como Geremek y Jacek Kuron, dos historiadores y antiguos animadores de la inteligentsia fundadora de Solidaridad. Posteriormente iba a sumárseles Zbigniew Bujak, otro de los grandes nombres de Solidaridad, que abandonó la UP y aportó a la UW sus credenciales socialdemócratas.

Hasta el final de la legislatura, la UW, presidida por Balcerowicz desde abril de 1995, planteó una oposición enérgica a los gobiernos del SLD y el PSL, a los que reprochó el exceso de gasto público, y alardeó de tener el único programa económico solvente, capaz de conciliar crecimiento económico y cuentas saneadas. En las elecciones generales del 21 de septiembre de 1997 la UW vio frustradas sus expectativas de crecimiento ante la briosa irrupción de la Acción Electoral de Solidaridad (AWS), conglomerado de más de 30 partidos de centro y derecha procedentes del semillero de Solidaridad que tenía como líder al también mandamás del ala sindical, Marian Krzaklewski. Mientras que la AWS ganó las elecciones con una mayoría simple de 201 diputados, los liberales debieron conformarse con el 13,3% de los votos, 60 diputados y ocho senadores, entre ellos Tusk, que regresó al Parlamento como miembro de su Cámara alta. Cuando el hemiciclo se constituyó el 21 de octubre, el antiguo pintor de brocha gorda fue elegido vicemariscal (vicepresidente) del mismo.

Tusk y Balcerowicz dirigían una fuerza política con vocación de partido bisagra, así que aceptaron formar con la AWS un gobierno de coalición al que favorecía la referencia común de las raíces históricas del sindicato Solidaridad y la vieja lucha contra el poder comunista. Entonces se pensó que las diferencias ideológicas del presente eran salvables. Como resultado, a últimos de octubre, los liberales volvieron a sentarse en el Ejecutivo, a cuyo frente se puso un hombre de la AWS, Jerzy Buzek. Su pretensión inicial, a todas luces osada a fuer de los resultados electorales, de confiar a Balcerowicz la jefatura del Gobierno no fue aceptada por la AWS, pero a cambio recibieron cuatro ministerios de peso vinculados a la doble apuesta de ingresar en la Unión Europea y la OTAN: Finanzas, Exteriores, Justicia y Defensa, que fueron respectivamente para el propio Balcerowicz –también viceprimer ministro-, Geremek, Suchocka y Janusz Onyszkiewicz.


3 El proyecto centroderechista de la Plataforma Cívica

La experiencia de la alianza con la AWS resultó decepcionante para Tusk, que consideraba insuficientes las reformas estructurales (liberalización del protegido sector agrícola, reconversión de los astilleros y la minería), socialmente dolorosas, lanzadas por Buzek en aras de la homologación con las normas comunitarias, si aquellas no iban acompañadas de una decidida lucha contra el déficit presupuestario, el levantamiento generalizado de los subsidios y la aplicación de un tipo fiscal único sobre las rentas. Al senador le desagradaba también la constante injerencia de Krzaklewski y otros políticos derechistas de la AWS a la hora de fijar las políticas del Gobierno, al que por ejemplo presionaban para que priorizara las desnacionalizaciones (es decir, la restitución de propiedades expropiadas a sus titulares originales, medida que tenía un regusto de revanchismo anticomunista) frente a las privatizaciones con venta al mejor postor. Las desavenencias se hicieron insuperables y el 6 de junio de 2000 la UW dio portazo al Gobierno, dejando a la AWS en franca minoría.

Pero Tusk no sólo estaba frustrado con el, a su entender, poco nervio del reformismo liberal de Buzek; también lo estaba con su limitada influencia en la ejecutiva de la UW. Sus ambiciones políticas trascendieron públicamente a últimos de 2000 con motivo de la baja en la presidencia del partido de Balcerowicz, que se marchaba para asumir el cargo de gobernador del Banco Nacional Polaco. El vicepresidente del Senado lanzó su candidatura a la sucesión, pero en el congreso celebrado el 16 de diciembre, con 261 votos, fue derrotado por Geremek, quien mereció el apoyo de 338 delegados.

Tusk encajó mal esta derrota, pero no sólo porque echaba por tierra sus ambiciones de liderazgo; también, porque creía que con Geremek al timón la UW giraría hacia el centroizquierda y podría incluso coaligarse con los socialdemócratas después de las elecciones legislativas. Los contrastes doctrinales, nunca superados del todo, entre el liberalismo clásico aportado por los antiguos miembros del KLD, quienes estaban instruidos en las teorías económicas de Friedrich von Hayek y Milton Friedman, y las preocupaciones sociales de ex dirigentes de la UD que, como el propio Geremek, habían sido miembros del PZPR, afloraron con fuerza inesperada. Además, ahora mismo, los sondeos de intención de voto no concedían más que el 10% de los sufragios a la UW, al que marcharse del Gobierno con antelación no iba a ahorrarle su parte del castigo que el electorado tenía reservado para todo el arco del centro-derecha.

Por todo ello, el 11 de enero de 2001, Tusk, secundado por el independiente Andrzej Olechowski, ex ministro de Exteriores con el SLD, hombre del círculo de Walesa y segundo en las elecciones presidenciales de octubre de 2000 que otorgaron la reelección al socialdemócrata Aleksander Kwasniewski, y por su viejo amigo Maciej Plazynski, presidente del Sejm y desertor de la AWS, anunció el lanzamiento de una "iniciativa política" capaz de formar una "amplia plataforma de centro" que podría dar pie tanto a una agrupación electoral como a un partido político permanente.

El manifiesto de los Tres Tenores, como desde ahora empezó a llamarles la prensa polaca, arrancó las adhesiones inmediatas de otros altos cuadros de la UW, sin faltar los viejos compañeros de Tusk en la fundación del KLD, Bielecki, Lewandowski y Merkel, así como el alcalde de Varsovia, Pawel Piskorski. También cambiaron de bando Jan Maria Rokita, antiguo miembro de la UW y que hasta ahora presidía el Partido Popular Conservador (SKL), uno de los integrantes de la AWS, y su conmilitón Bronislaw Komorowski, ministro de Defensa en el Gobierno de Buzek. En las semanas siguientes, cientos de cargos públicos y cuadros medios de la UW y la AWS engrosaron las filas del proyecto Tusk-Olechowski-Plazynski, unas deserciones masivas que llegaron a amenazar la supervivencia del primer partido y aceleraron la desbandada que ya venía produciéndose en el segundo.

La convención fundacional de la Plataforma Cívica (Platforma Obywatelska, PO), que así se llamó la iniciativa política, tuvo lugar el 24 de enero de 2001 en Gdansk. En una atmósfera de exultación el liderazgo colectivo fue formalmente instituido como triunvirato y se aprobó el manifiesto doctrinal, que era nítidamente liberal, conservador en materia fiscal y partidario de suprimir todas las "leyes estúpidas", en expresión de Olechowski, que estorbaban a la libre empresa. En particular, la PO proponía introducir un tipo de impuesto directo único del 15%, exonerar de la declaración fiscal a las rentas más bajas y desmantelar el proteccionismo agrícola, sin olvidar las metas de un crecimiento económico robusto, la creación de empleo y el desmoche de la frondosa corrupción. Los dirigentes cívicos descartaron cualquier colaboración con la AWS antes de las elecciones y únicamente se mostraron abiertos a pactar con la UW y el SKL.

Tusk y sus compañeros afrontaron las legislativas del 23 de septiembre de 2001 con un razonable optimismo; confiaban en sacar hasta un 20% de los votos y en frustrar el auge de los socialdemócratas, que intentarían regresar al Gobierno sin tener que coaligarse con los campesinos. Sin duda, la crisis terminal de la AWS, reducida a una federación de tres partidos, iba a liberar un cuantioso botín de votos centristas y moderados que tenía a la PO por lógica destinataria, pero por la derecha surgió un competidor: el nuevo partido formado por los hermanos Kaczynski luego de romper con la AWS, Ley y Justicia (PiS), que presentaba un discurso polemista, a ratos populista y radical. El PiS alzó las banderas del Estado fuerte y protector, el esclarecimiento del colaboracionismo con la dictadura comunista y la defensa de los valores tradicionales de familia, moralidad católica, patria y orden.

Tusk recuperó el escaño en el Sejm, representando a la circunscripción de Gdynia-Slupsk, en unas elecciones que convirtieron a su formación primeriza en la segunda fuerza del país. Sin embargo, el 12,7% de los votos y los 65 diputados que ganó no satisficieron las expectativas de su presidencia colectiva. Y es que del colapso cantado de la AWS sacaron réditos también el igualmente debutante PiS y otras dos formaciones situadas más a la derecha y decididamente anticomunitarias: la sección partidista del sindicato agrario Autodefensa de la República Polaca (Samoobrona), liderado por el carismático Andrzej Lepper y exponente de un conservadurismo rural anarquizante, demagógico y con asomos xenófobos –un cóctel ideológico que igual admitía la etiqueta de izquierdista-, y la muy reaccionaria Liga de las Familias Polacas (LPR) de Marek Kotlinowski, de corte ultranacionalista y clerical. En cuanto a la UW, sólo sacó el 3,1% de los votos y como la AWS quedó excluida del Sejm. El partido del que Tusk había sido cofundador se sumió en una profunda crisis de identidad cuya primera víctima fue Geremek, quien presentó su dimisión irrevocable.

Los cívicos descartaron participar en el nuevo gobierno que los ganadores de las elecciones sin mayoría absoluta, la SLD y su adlátere habitual, la UP, se propusieron formar con o sin socios –finalmente recurrieron al PSL, pese a las malas experiencias comunes- y con el presidente socialdemócrata Leszek Miller de primer ministro, aunque no el prestar apoyo parlamentario a determinados proyectos de ley sobre cuestiones críticas como los presupuestos generales o las reformas necesarias para el ingreso de Polonia en la UE, si bien se reservaban la libertad de hacerlo caso por caso, sin el compromiso que conllevaba un pacto de legislatura. El 19 de octubre de 2001 Tusk fue investido como uno de los cuatro vicemariscales del Sejm y semanas después encajó la negativa del grupo de diputados del SKL, que habían sido elegidos en las listas de la PO, a materializar la fusión parlamentaria de las dos agrupaciones, lo que sustrajo siete escaños al grupo cívico.

Al principio de la cuarta legislatura de la III República Polaca Tusk forjó su reputación de político razonable y dialogante en la relación dialéctica, habitualmente áspera, de Gobierno y oposición. En noviembre de 2002, a diferencia del PiS –y el PSL, pese a estar en el Gobierno, aunque por poco tiempo-, accedió a firmar con Miller un pacto de colaboración parlamentaria para ayudar al Ejecutivo en todas las tareas relacionadas con la integración de Polonia en la UE. A continuación, la PO realizó la más vehemente campaña de todos los partidos polacos a favor del en el referéndum nacional sobre la adhesión que fue celebrado el 8 de junio de 2003 y cuyo resultado afirmativo allanó el camino para la realización de la histórica aspiración polaca el 1 de mayo de 2004. Por otro lado, Tusk entabló un duro enfrentamiento parlamentario con el agrario Lepper, quien era otro de los vicepresidentes del Sejm, cuyos procedimientos de agitador y su radical euroescepticismo le parecían propios de un "bárbaro de la política". En realidad, Tusk temía el crecimiento electoral del Samoobrona que anunciaban las encuestas.

La conversión de Tusk en uno de los más conspicuos dirigentes políticos del país tuvo su reflejo dentro del partido, donde la fórmula del liderazgo compartido, útil en la fase fundacional, se tornó insostenible desde el momento en que se planteó la posibilidad de conquistar el Gobierno a través de las urnas. Plazynski, que ejercía como único presidente orgánico desde el 5 de marzo de 2002, fecha de registro de la PO como un partido político propiamente dicho, renunció el 9 de abril de 2003 tanto a dicha presidencia como a la jefatura del grupo parlamentario, tras lo cual anunció su baja en el partido. El aparato del partido designó inmediatamente a Tusk para la segunda función, que según los estatutos era inseparable de la primera. En consecuencia, el 1 de junio siguiente un congreso celebrado en Varsovia elegía a Tusk presidente ejecutivo y líder indiscutido de la PO.

A partir de entonces, y ya con la mirada puesta en la doble cita electoral, legislativa y presidencial, del otoño de 2005, Tusk elevó el tono de sus exigencias a Miller, quien se encontraba enfrascado batallando en Bruselas para asegurar las cuotas de poder institucional que el Tratado de Niza concedía a Polonia pero que el borrador del Tratado de Constitución Europea rebajaba sustancialmente, a cambio de su respaldo parlamentario. Los cívicos llegaron a reclamar a Miller que dimitiera si no era capaz de poner orden en sus propias filas, donde un sector izquierdista se declaró en rebeldía contra el retroceso de la inversión social del Gobierno y donde la corrupción, según revelaba el reguero de escándalos, campaba por sus respetos, y de someter al Parlamento un riguroso paquete de austeridad financiera que combinara los recortes en las pensiones, las jubilaciones anticipadas y las ayudas al campo con una bajada de los impuestos, invirtiendo un esfuerzo supremo para podar el abultado déficit público y hacer viable la futura adopción del euro.

En las elecciones al Parlamento Europeo del 13 de junio de 2004, celebradas poco después de arrojar la toalla Miller y de traspasar la jefatura del Gobierno a Marek Belka, la PO saboreó un éxito resonante al convertirse en el primer partido del país con el 24,1% de los votos y 15 eurodiputados, aventajando en nueve puntos a su competidor más adelantado, la LPR, y más que duplicando las cuotas obtenidas por el PiS, el Samoobrona y la SLD, ésta hundida al 9,3%.

Tamaña victoria desató la euforia en la PO, que vio el Gobierno y la Presidencia de la República al alcance de la mano. Tusk presentó su candidatura presidencial confiado en su imagen atractiva de político pragmático y honesto, con un discurso moderno y libre de miradas rencorosas al pasado, que gustaba mucho a las clases medias urbanas. Sus posibilidades de convertirse en jefe del Estado se vieron reforzadas al recibir el respaldo del ex presidente Walesa y de hecho una serie de encuestas le situaron como favorito. Sin embargo, desde marzo de 2005 esta primacía fue seriamente disputada por el alcalde de Varsovia, Lech Kaczynski, quien supo canalizar a su favor la proliferación de los sentimientos euroescépticos y en general el corrimiento de la mayoría del electorado hacia posiciones derechistas y tradicionalistas. Las elecciones presidenciales se le complicaron a Tusk con las subidas también en las encuestas del candidato del SLD, Wlodzimierz Cimoszewicz, antiguo primer ministro y actualmente presidente del Sejm, y del cardiólogo Zbigniew Religa, presidente honorario del Partido de Centro (PC).

Para contrarrestar estas dificultades, Tusk, en complicada sintonía programática, derechizó su discurso, que adquirió semejanzas con el manifiesto del PiS. Así, puso límites a su europeísmo con el rechazo a la ratificación por Polonia del Tratado Constitucional Europeo, entre otras razones porque el texto recortaba poder decisorio del país en el Consejo de la UE y porque no hacía referencia a los fundamentos cristianos de Europa; apeló a la creación de "una nueva Polonia con cimientos reforzados y raíces preservadas"; preconizó una reducción "radical" del peso del Estado en la economía y la unificación de las cargas fiscales sobre las rentas, las actividades empresariales y el consumo en el tipo del 15% (el llamado "impuesto del 3x15"); urgió a suprimir los "privilegios del poder" que conllevaba el ejercicio de la alta política; y fustigó el "fundamentalismo" político y religioso de que hacían gala el Samoobrona y la LPR, lo que no obstaba al "desacuerdo" de los cívicos con la liberalización de la legislación sobre el aborto, y con la eutanasia y el matrimonio homosexual. Más todavía, Tusk decidió que era un buen momento para volver a casarse con la que era su esposa desde los tiempos de la universidad, Malgorzata, madre de sus dos hijos, pero esta vez por la Iglesia, como gesto de aproximación a la fe que profesaban más del 90% de sus paisanos.

Tusk se esforzó en explicar que su rechazo al proceso constituyente europeo era más de forma –un texto que no le convencía- que de fondo, no teniendo nada que ver con el expuesto por el PiS, el cual traslucía un euroescepticismo congénito, y que él era un entusiasta de la transición monetaria al euro en el más corto tiempo posible. El líder de la PO sistematizó su credo político y sus propuestas de gobierno en el libro Solidarnosc i duma (Solidaridad y orgullo), que fue lanzado al mercado en el mes de junio y que se sumó a tres ensayos publicados anteriormente, Dawny Sopot (1998), Gdansk 1945 y Byl sobie Gdansk (2003).

Las retiradas de la contienda presidencial de Religa, quien llamó a votar por el candidato de la PO, y Cimoszewicz, que representaba a un votante progresista y laico susceptible de decantarse por la opción liberal sólo para frenar el avance de la derecha tradicionalista, no fueron, sin embargo, suficientes para relanzar decisivamente la aspiración de Tusk, quien perdió ante los Kaczynski en los dos envites electorales.

Primero, el 25 de septiembre, contradiciendo las últimas encuestas, la PO cayó derrotada ante el PiS en las legislativas: los cívicos fueron la segunda fuerza más votada con el 24,1% y 133 diputados, siendo superados por los justicialistas en tres puntos y 22 escaños. Jan Maria Rokita podía despedirse de la jefatura del Gobierno para la que Tusk le había reservado. El PiS, galvanizado por su cruzada anticorrupción, basó en buena medida su sensacional rebote en la succión del voto previamente destinado a la LPR, que ahora dirigía Roman Giertych (notorio antiabortista y homófobo), y a la UW, cuyo sucesor, el Partido Democrático (PD, puesto en marcha en mayo por Wladyslaw Frasyniuk), siguió fuera del Parlamento y vio arruinada su efímera reviviscencia. El partido de Tusk se había estancado en relación con las europeas de 2004, cuando obtuvo exactamente la misma cuota de votos.

A continuación, el 9 de octubre, tuvo lugar la primera vuelta de las presidenciales. Tusk, recién electo en el Sejm como diputado por Gdansk, se puso en cabeza con el 36,3% de los votos y pasó a disputar la segunda vuelta en un duelo final con Lech Kaczynski. En la estacada quedaron Lepper, el socialdemócrata escindido de la SLD Marek Borowski, el campesino Jaroslaw Kalinowski y otros siete aspirantes.

Tusk y Kaczynski se convirtieron entonces en protagonistas de una situación harto extraña: mientras sus partidos entraban en conversaciones para formar un gobierno de coalición presidido por el justicialista Kazimierz Marcinkiewicz (en sustitución de Jaroslaw Kaczynski, que prefirió limitar su cometido a la dirección del PiS para no perjudicar las posibilidades de su hermano en las presidenciales), ellos se dedicaron a embestirse verbalmente, sobre todo por parte del segundo, quien no dudó en echar mano del repertorio más acerbo de la retórica de derechas. Los guiños populistas de Kaczynski a los seguidores del Samoobrona y la LPR no cayeron en saco roto, y los virulentos ataques contra Tusk de la emisora ultracatólica Radio Maryja, animada por el padre Tadeusz Rydzyk, hicieron el resto. En consecuencia, el 23 de octubre el candidato liberal perdió la Presidencia con el 45,9% de los votos.

El último acto de este desencuentro entre dos formaciones que tenían en común menos cosas de las que los separaban no se hizo esperar: las negociaciones de gobierno fracasaron por la incapacidad de las partes para consensuar el programa económico, siendo la reforma fiscal el obstáculo más rocoso, y el reparto de los puestos clave del Gabinete y el Parlamento. Tusk creó una situación insoluble cuando exigió que el primer ministro fuera Jaroslaw Kaczynski, pero éste respondió que su decisión en el sentido contrario era irrevocable, máxime desde el momento en que su hermano era presidente electo. El PiS contribuyó a la ruptura al imponer a uno de los suyos, Marek Jurek, para presidir el Sejm. Así que el 31 de octubre, al filo del plazo legal superado el cual Kwasniewski tendría que convocar nuevas elecciones, Marcinkiewicz formó un gobierno de minoría integrado sólo por miembros del PiS; días después, el flamante Gobierno superó la confianza del Sejm gracias al respaldo de la LPR, el Samoobrona y el PSL.


4. Triunfo electoral en 2007 sobre el oficialismo de los hermanos Kaczynski

Tusk, que abandonó la vicepresidencia del Sejm al arrancar la legislatura, y su partido continuaron en la oposición, pero en una situación confortable y con promesas de futuro. En los meses siguientes, los cívicos fueron testigos del caótico desarrollo del gobierno del PiS, que terminó naufragando prematura y estrepitosamente debido a las políticas sectarias impulsadas por los Kaczynski, a su tormentosa relación con el Samoobrona y la LPR, y a su nacionalismo obstruccionista en el seno de la UE. En enero de 2006, unas conversaciones entre la PO y el PiS con vistas a probar una coalición de centroderecha tropezaron en las mismas piedras que habían frustrado el acuerdo tres meses atrás.

Así, en sólo año y medio, entre mayo de 2006 y septiembre de 2007, el curso político polaco se sobresaltó con las entradas de Lepper y Giertych en el Gobierno de Jaroslaw Kaczynski; la defenestración de Marcinkiewicz y el nombramiento por el presidente Lech Kaczynski de su propio hermano como nuevo primer ministro; una primera crisis con el Samoobrona que el PiS consiguió subsanar; el veto a las negociaciones comerciales y energéticas entre la UE y Rusia; el rechazo también –hasta que los hermanos dieron su brazo a torcer en el Consejo Europeo de Bruselas de junio de 2007, a cambio del retraso hasta 2017 de la entrada en vigor del nuevo sistema de votación por mayoría cualificada- al borrador del Tratado de Reforma de las instituciones de la UE que sustituía al fracasado Tratado Constitucional; y, por último, en agosto de 2007, la ruptura definitiva del PiS con sus díscolos socios extremistas, sumiendo al Gobierno en la minoría y forzando a su presidente a convocar elecciones generales anticipadas para el 21 de octubre.

Todo ello, además, entreverado de dimisiones ministeriales, escándalos de corrupción y espionaje telefónico, palabras subidas de tono con Alemania y Rusia, y picos de crispación por los efectos de la nueva ley de lustración, que facilitaba las purgas de funcionarios y representantes políticos involucrados en la vigilancia social de la antigua policía comunista, así como las acusaciones sensacionalistas.

La caza de brujas anticomunista, la "revolución moral" y la negatividad sistemática emprendidas por los Kaczynski en casa y en la UE, donde cayó en picado la credibilidad e influencia de Polonia, fueron percibidas por Tusk como un inmenso error político de los estadistas gemelos, los cuales, con su gusto por la confrontación y la estridencia, estaban sirviendo a los cívicos un triunfo electoral en bandeja de plata. Reelegido el 21 de mayo de 2006 en la presidencia de la PO, en un congreso en el que se refirió al Gobierno de Kaczynski como la "coalición de la vergüenza", Tusk, primero, en abril, torpedeó en el Sejm una moción presentada por el oficialismo para disolver la cámara y acudir a elecciones anticipadas. Pero luego, en septiembre, con Lepper y Giertych convertidos en viceprimeros ministros, el líder cívico, harto de la "incompetencia" del Ejecutivo, presentó su propia moción reclamando precisamente aquel desenlace.

En las elecciones locales del 12 y el 26 de noviembre de 2006 la PO se impuso ampliamente al PiS en las grandes ciudades; en Varsovia, su candidata, Hanna Gronkiewicz-Waltz, antigua gobernadora del Banco Nacional, ganó a Marcinkiewicz en la batalla por la alcaldía. Semanas más tarde, Tusk ofreció al PiS sostén parlamentario a un gobierno de minoría a condición de que despidiera del Gabinete a agrarios y católicos. Cuando este divorcio se produjo en agosto del año siguiente ya no fue necesario reeditar la oferta, ya que Kaczynski, con el aplauso del jefe opositor, se decantó por las elecciones anticipadas.

El programa elaborado por la PO para los comicios adelantados del 21 de octubre de 2007 difería muy poco de los de anteriores convocatorias. Los ejes de la propuesta económica, en una coyuntura positiva por el fuerte crecimiento del PIB -a un ritmo del 6,4%-, la creación de empleo y el control de la inflación –en torno al 2%-, siguieron siendo las privatizaciones masivas, la simplificación de las normas, la desburocratización del Estado, la adopción del euro –para la que Polonia podría estar lista en 2012 o 2013, si hacía bien sus deberes en relación con el déficit y la deuda públicas- y la bajada de los impuestos, aunque en esta ocasión se retiró al IVA del concepto fiscal del "3x15", ya que un impuesto tan elevado al consumo de alimentos y medicinas resultaría muy lesivo para las familias con ingresos bajos.

En política exterior, un gobierno de la PO recompondría las relaciones con los socios comunitarios y acudiría a los Consejos Europeos con un talante más constructivo, pero sin dejar de velar por los intereses nacionales. También, mejoraría las relaciones con Alemania y Rusia, manejadas de manera negligente por el PiS. En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, aliado en el seno de la OTAN, mantendrían su excelencia, una confianza mutua que seguiría apoyándose en la participación de Polonia en el escudo antimisiles diseñado por Washington para el flanco oriental de Europa, proyecto de seguridad global que concitaba las iras de Moscú. Ahora bien, de las palabras de los dirigentes cívicos se desprendía que las tareas en la UE, por la necesidad que había de adherirse a la Carta de Derechos Fundamentales y de ratificar el Tratado de Reforma que el Consejo Europeo se disponía a aprobar en Lisboa, recibirían prioridad sobre la instalación de sistemas antimisiles en suelo polaco, que no se haría a espaldas de los socios europeos y sin un cuidadoso análisis de los pros y los contras que una apuesta estratégica de esta naturaleza entrañaba. Además, Tusk prometió repatriar a los 900 soldados polacos que servían en Irak "porque su misión allí ya ha sido realizada".

Tusk libró una campaña más agresiva que en 2005, siendo esta vez él quien llevó la iniciativa en los ataques y críticas al PiS, denunciando sus promesas incumplidas y obligando a Kaczynski a ponerse a la defensiva. La actitud pugnaz del líder opositor no podía flojear desde el momento en que las encuestas indicaban que los justicialistas llegaban a las urnas mucho menos desgastados de lo que se había pensado en un principio, creándose una situación de virtual empate.

En la recta final de la campaña Tusk, sin que los sondeos lo reflejaran, consiguió romper este impasse, de manera que el 21 de octubre la PO se adjudicó una victoria nítida con el 41,5% de los votos y 209 diputados, a falta, sin embargo, de 22 para la mayoría absoluta. Tusk ganó su cuarto mandato en el Sejm, esta vez en representación de Varsovia. El PiS, con el 32,1% de los votos y 166 escaños, aunque derrotado, aguantó el tipo y de hecho mejoró notablemente sus resultados de 2005. Los platos rotos del fracaso del Gobierno de Kaczynski los pagaron el Samoobrona y la LPR, que vieron evaporarse la práctica totalidad de sus votos y se quedaron fuera del Parlamento. Tercera, con 53 escaños, fue la coalición cuatripartita centroizquierdista Izquierda y Demócratas (LiD, formada por el SLD, la UP, el PD y la escisión de Marek Borowski, la Social Democracia de Polonia, SdPL), y cuarto, con 31 actas, el PSL del ex primer ministro Waldemar Pawlak. Como había sucedido en todas las elecciones desde 1991, los polacos negaron la reválida al gobierno saliente y forzaron su relevo por la oposición.

Con este reparto de fuerzas, los únicos socios gubernamentales factibles de los cívicos eran los campesinos, que en los últimos años habían aligerado su discurso de carga clasista agraria y ya no planteaban objeciones insuperables al reformismo liberal y proeuropeo. El nuevo gobierno iba a devolver a Polonia a la corriente mayoritaria de la UE; lo reiteraron Tusk y su número dos en el partido, Bronislaw Komorowski, presidente en ciernes del Sejm, quien aseguró: "Queremos movernos decididamente de la periferia al corazón de la integración europea".

Las negociaciones entre Tusk y Pawlak para articular una coalición que en el pasado habría parecido contra natura se desarrollaron con presteza gracias a que los campesinos asumieron todas las metas económicas, financieras y de política exterior de los cívicos. El PSL obtuvo tres de los 18 puestos ministeriales, Agricultura, Trabajo y Economía, cartera esta última que fue para Pawlak, convertido de paso en viceprimer ministro, rango compartido por el cívico Grzegorz Schetyna, puesto al frente de Interior.

El crucial Ministerio de Exteriores fue para Radoslaw Sikorski, un proatlantista preclaro que a comienzos de año había cesado como ministro de Defensa y miembro del PiS por desavenencias con el primer ministro Kaczynski. Su elección por Tusk elevó alguna ceja en el flanco europeo occidental, donde no se olvidaban sus ásperas palabras, pronunciadas en 2006, comparando el acuerdo germano-ruso para la construcción de un gasoducto submarino en el mar Báltico con el pacto Ribbentrop-Molotov de 1939 que permitió la invasión y reparto de Polonia. El nombramiento de Sikorski fue acogido con patente desagrado por el presidente de la República, que se aprestó a preservar su cota de potestad en política exterior y que semanas después mostró su rechazo al anuncio por Tusk de que Polonia estaba dispuesta a levantar su veto a las negociaciones para el ingreso de Rusia en la OCDE –aplicado en paralelo al bloqueo de la renovación del Acuerdo de Asociación y Cooperación del vecino eslavo con la UE- si Moscú hacía lo mismo con el embargo a las importaciones de carne polaca.

El 5 de noviembre Kaczynski presentó la dimisión a su hermano presidente, quien cuatro días después encargó el mandato institucional a Tusk. El nuevo Gobierno de la PO y el PSL tomó posesión el 16 de noviembre y el 24 de ese mes obtuvo la preceptiva confianza del Sejm con 238 votos a favor, 204 abstenciones y dos votos en contra. En su discurso de investidura, Tusk oficializó su decisión de retirar a las tropas de Irak a lo largo de 2008 y expresó su determinación de jubilar al zloty en 2012. En la víspera, el primer ministro, en una decisión que parecía destinada a apaciguar al presidente Kaczynski, anunció que, por el momento, Polonia renunciaba a firmar la Carta de Derechos Fundamentales del Tratado de Lisboa.

(Cobertura informativa hasta 1/12/2007)



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