Hashim Thaçi

Datos relevantes

Actualización: 29 de Octubre de 2008
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2008/Berlaymont

Kosovo

Primer ministro

Duración del mandato: 09 de Enero de 2008 - En funciones

Nacimiento: Burojë, Skënderaj, distrito de Mitrovica , 24 de Abril de 1968

Partido político: PDK

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2008/Berlaymont

Resumen

La declaración unilateral -pero pactada con la Unión Europea y Estados Unidos- de independencia por la República de Kosovo el 17 de febrero de 2008 ha supuesto el punto culminante en la controvertida carrera política del primer ministro y jefe del partido albanokosovar más votado en las elecciones legislativas de noviembre de 2007. Antiguo líder político de la guerrilla separatista del UCK y considerado aún un terrorista por la justicia de Serbia, Hashim Thaçi ha sido capaz, con el patrocinio estadounidense, de reciclar su imagen de radical violento con tintes mafiosos hasta convertirse en un estadista respetable que insta a la armonía multiétnica y la lucha contra la corrupción. Junto con el presidente, Fatmir Sejdiu, afronta la empresa de demostrar la viabilidad de la independencia de Kosovo, reconocida sólo parcialmente, al tratarse la ex provincia serbo-yugoslava de un país sin recursos propios, azotado por la pobreza, el paro y el crimen organizado, y económicamente dependiente de las ayudas internacionales y las remesas de la emigración.

Biografía

1. Organizador militar y líder político del UCK
2. Jefe de un Gobierno paralelo, socio y opositor del Ejecutivo de Rugova
3. Primer ministro del Kosovo independiente


1. Organizador militar y líder político del UCK

Oriundo del distrito de Mitrovica (Mitrovicë), en la región de Drenica, al oeste de Prístina, nació el año, 1968, en que Kosovo adquirió el estatus de Provincia Socialista Autónoma dentro de la República Socialista de Serbia, a su vez integrante de la República Federativa Socialista de Yugoslavia. A finales de los años ochenta, cuando la élite intelectual de la provincia alzaba la bandera nacionalista de la soberanía de los albanokosovares –nacionalidad a la que pertenecía el 87% de la población- frente a las disposiciones centralizadoras del Gobierno republicano de Belgrado que controlaba el líder socialista serbio Slobodan Milosevic, Thaçi tomaba clases Filosofía e Historia en la Universidad de Prístina, donde se erigió en cabecilla estudiantil.

En marzo 1989 la Asamblea de Serbia recortó drásticamente las competencias autonómicas provinciales y los albaneses reaccionaron con un fuerte tumulto que fue sofocado por las fuerzas de seguridad federales con el resultado de varias decenas de muertos. Cuando la Universidad empezó a ser purgada de personal docente con credenciales nacionalistas, Thaçi, con 21 años, figuró en el grupo de alumnos y profesores que puso en marcha, en condiciones precarias, una institución educativa paralela llamada Universidad Albanesa de Prístina.

Durante un tiempo Thaçi siguió desarrollando actividades de resistencia en Kosovo, encabezando la Unión Independiente de Estudiantes en la Universidad Albanesa de Prístina y desenvolviéndose, supuestamente, en condiciones semiclandestinas, si bien en los rastreos periodísticos de este oscuro período de su vida no se menciona ningún encontronazo con la Policía en forma de arresto o detención.

En los primeros años noventa el líder indiscutible del nacionalismo albanokosovar era el crítico y profesor de literatura Ibrahim Rugova, quien al frente de la Liga Democrática de Kosovo (LDK) y empleando un discurso de boicot cívico, contrario a la vía insurreccional y a toda forma de violencia, desafió la abolición de la autonomía por Belgrado (28 de septiembre de 1990) con la organización de un referéndum de autodeterminación (30 de septiembre de 1991), la proclamación de un Estado kosovar "soberano e independiente" (19 de octubre de 1991) y su elección en comicios directos como presidente de la República de Kosovo (RK, 24 de mayo de 1992). Las autoridades serbias declararon ilegales y nulos todos estos actos e intensificaron la represión política a la vez que ampliaron contra la mayoría albanesa las prohibiciones en el terreno cultural y las medidas discriminadoras en el ámbito laboral.

Hacia 1992 Thaçi dejó atrás un Kosovo sometido a la férula serbia aunque, por el momento y pese a la tensión imperante, libre de violencias interétnicas de consideración, y se movió entre Suiza y Austria, donde tomó contacto con elementos radicales de la diáspora kosovar que discrepaban con Rugova por su terquedad pacifista y que estaban listos para promover en el territorio una resistencia antiserbia mucho más agresiva, con las armas en la mano. En Suiza se casó con una paisana llamada Lumnije.

Mientras cursaba estudios de posgrado sobre Relaciones Internacionales e Historia del Sudeste de Europa en la Universidad de Zürich, Thaçi se integró en el Movimiento por la República Popular de Kosovo (LRPK), una organización activa desde 1982, al hilo de la aplastada revuelta estudiantil nacionalista de 1981, cuando surgió con el nombre de Movimiento por una República Socialista Albanesa en Yugoslavia por iniciativa de simpatizantes del maoísmo chino y del régimen estalinista de Enver Hoxha en la vecina Albania.

Ahora, el LRPK, ya abandonada su fe inicial en el federalismo yugoslavo, esgrimía una ideología revolucionaria que aunaba el nacionalismo antiserbio y diversos acentos panalbaneses y marxistas, sostenidos en mayor o menor grado por varias facciones internas. Aunque discrepaban sobre el estatus territorial –Estado independiente o integración en Albania- y el sistema de gobierno de la futura entidad nacional, todos los miembros de la LPK estaban de acuerdo en el objetivo maximalista: segregar de Serbia por la fuerza, desdeñando las fórmulas dialogadas y la implicación internacional caras a la LDK, a un Kosovo étnicamente homogéneo y políticamente soberano.

A comienzos de 1993 Thaçi se implicó a fondo en la reorganización del LRPK, que pasó a denominarse Movimiento Popular de Kosovo (LPK) y que definió un mando político-civil basado en Suiza y una estructura militar con el propósito de infiltrarla en Kosovo. En el primer aparato llevaban la batuta personas como Emrush Xhemajli, Fazli Veliu y Xhavit Haliti; para activar el entramado subversivo en casa, el antiguo universitario colaboró con otros hombres de acción dados a los métodos expeditivos como Ramush Haradinaj, también residente en Suiza, y el albanomacedonio Ali Ahmeti.

Empleando el más riguroso de los sigilos, Thaçi y su gente se dedicaron a forjar una fuerza guerrillera clandestina, encargándose de repatriar a exiliados centroeuropeos que querían alistarse, de proporcionarles armas y entrenamiento en campamentos instalados dentro de la frontera albanesa –con más que la aquiescencia, el apoyo y la protección activos de las autoridades de Tirana-, y de canalizar los fondos económicos aportados por generosos patrocinadores de la diáspora albanokosovar en Europa y Estados Unidos.

Él mismo recibió instrucción para el combate, tras lo cual asumió el mando de la denominada Zona Operativa de Malisevo, en el distrito de Prizren, y organizó junto a Adem Jashari el llamado Grupo de Drenica, que además de encuadrar a militantes preparados para la lucha de maquis se adjudicó la misión era obtener dinero y armas recurriendo al tráfico de heroína, al robo de vehículos, al contrabando de gasolina y cigarrillos y la trata de blancas, entre otros negocios puramente delictivos y criminales, para lo que se conchabó con las mafias albanesa, macedonia y checa.

Con el nom de guerre de Gjarpëri (Serpiente), Thaçi tuvo, por tanto, un papel protagonista en la génesis del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), cuya primera acción armada suele remontarse al 25 de mayo de 1993, fecha en que un comando del Grupo de Drenica atacó una instalación ferroviaria cerca de Glogovac (Gllogovc) y mató a cuatro policías. Las autoridades serbias imputaron a Thaçi una participación directa en el atentado –acusación que fue respaldada por uno de los atacantes en su declaración tras ser apresado- y emitieron contra él una orden de búsqueda y detención para juzgarle por terrorismo y asesinato.

El 11 de febrero de 1996, en plena escalada de provocaciones represivas serbias, el UCK hizo estallar una serie de bombas en varios campos de refugiados serbocroatas de la Krajina: fue el primer ataque reivindicado por una organización que se arrogaba el estatus honorable de movimiento armado de liberación nacional pero que para el Gobierno serbio, y, en buena parte también, para los moderados de la LDK, no era más que una banda de facinerosos y terroristas. Hasta ahora, Rugova, al que horrorizaba el escenario de un enfrentamiento intercomunitario de tintes bélicos, se había negado a creer en la existencia de una protoguerrilla albanesa, salvo como estratagema provocadora de los servicios secretos serbios. Sin embargo, muchos albanokosovares ya estaban perdiendo la fe en el apóstol de la no violencia.

Thaçi volvió a hacer honor a su alias reptiliano de subversivo peligroso y escurridizo al perpetrar, y salir impune de la misma, otra acción de tipo terrorista en junio de 1996, cuando él y sus cómplices mataron a un agente en una emboscada tendida a un vehículo de la Policía serbia cerca de la ciudad de Mitrovica. En los meses siguientes, se sucedieron los atentados con bomba y tiroteos contra miembros e instalaciones de los cuerpos de seguridad serbios, pero también contra civiles de esa nacionalidad y contra albaneses considerados "colaboracionistas con el ocupante", acrecentando los temores de la minoría eslava y alimentando una sangrienta espiral de represalias por parte de unas fuerzas de Belgrado dispuestas a cortar de raíz los brotes de insurgencia partisana y de paso liquidar el independentismo kosovar sin ahorrar brutalidades.

El 11 de julio de 1997 un tribunal de Prístina condenó en ausencia a Thaçi y a 14 camaradas a diez años de prisión. El 28 de noviembre del mismo año el UCK emergió de las brumas para darse a conocer con una impactante estética guerrillera (uniformes de camuflaje, insignias con el águila bicéfala albanesa y fusiles de asalto en ristre) en el entierro en la localidad de Ludovic de un profesor asesinado por los serbios, y con un manifiesto en el que se instaba a la población a que abandonara a Rugova y su pacifismo a ultranza, se olvidara del socorro internacional y se alzase en armas. El 4 de enero de 1998 el grupo anunció que la "lucha armada por la unificación con Albania" había comenzado.

Las hostilidades de cariz bélico se declararon entre febrero y marzo de 1998 con una vasta "operación de limpieza" lanzada por la policía paramilitar serbia contra los baluartes rurales del UCK en Glogovac y Srbica (Skënderaj, la patria chica de Thaçi), es decir, la región de Drenica. Decenas de paisanos albaneses fueron asesinados y en las violencias cayó Adem Jashari, convertido con su muerte en el principal mártir del movimiento independentista radical. El UCK replicó lanzando una ofensiva guerrillera en toda regla y al cabo de unas semanas pudo emitir triunfales partes sobre la creación de "territorios liberados".

Justo cuando una guerra de incalculables consecuencias se abría camino en Kosovo, Thaçi se liberó de responsabilidades militares y asumió un rol predominantemente civil. Al mismo tiempo, la justicia serbia reeditó su orden de captura como el reo en rebeldía que era. En agosto de 1998 Thaçi se aseguró uno de los seis puestos de que constaba el primer comité de representantes políticos del UCK, nombrado por la guerrilla ante las presiones de los gobiernos occidentales, que instaban a las partes en conflicto a sentarse en una mesa de negociaciones.

Hasta entonces, el único rostro, con o sin uniforme, presentado por el UCK a la opinión pública internacional era el de Jakup Krasniqi, portavoz del movimiento desde el mes de junio e integrante asimismo del comité político. Poco después fueron ganados para la causa secesionista armada intelectuales de renombre como Rexhep Qosja y el muy respetado presidente del Partido Parlamentario de Kosovo (PPK), Adem Demaçi, única personalidad que podía competir en liderazgo moral con Rugova por haberse pasado 28 años en cárceles yugoslavas como prisionero de conciencia y por haber encabezado el Consejo para la Defensa de los Derechos Humanos y las Libertades del Pueblo de Kosovo.

Aunque en estos momentos la notoriedad recaía en Demaçi, el aún escasamente conocido Thaçi, con su dominio del idioma inglés y sus buenos contactos con personas influyentes de la diáspora kosovar, se convirtió en un hombre clave en el desarrollo del conflicto y para el reconocimiento del UCK al establecer una línea de comunicación diplomática insospechadamente íntima con el Departamento de Estado de Estados Unidos.

La entonces secretaria y miembro del Ejecutivo demócrata de Bill Clinton, Madeleine Albright, una simpatizante de las demandas albanokosovares de soberanía y de las tesis del escarmiento a Belgrado, le adjudicó un rol de interlocutor principal de los soberanistas kosovares, incluso a costa del aparato internacional de la RK y del presidente Rugova, ahora mismo sumido en una crisis de credibilidad por su actitud taciturna frente a las violaciones masivas de los Derechos Humanos sufridas por los albaneses y su aparente disposición, con su bajo perfil negociador, a dejarse manipular por las autoridades serbias. De pronto, el UCK dejó de ser considerado una organización narco-terrorista por el Departamento de Estado y recibió de Washington un espaldarazo de legitimidad.

A finales del verano de 1998, Thaçi, confrontado con la exitosa contraofensiva serbia, que expulsó a los guerrilleros de las localidades recientemente conquistadas en Drenica, y con la irrupción, a iniciativa del primer ministro del Gobierno de la RK en el exilio, Bujar Bukoshi, de las Fuerzas Armadas de la República de Kosovo (FARK), leales a Rugova y decididamente hostiles al UCK, con el que llegaron a sostener sangrientas refriegas, consideró necesario tomar una pausa estratégica para recomponer las diezmadas filas de la guerrilla y sondear las intenciones del régimen de Milosevic ahora que la amenaza de una intervención militar de la OTAN se cernía sobre él.

En octubre, acatando la recomendación del enviado especial estadounidense, Richard Holbrooke, Thaçi arrancó de los comandantes de zona del UCK un precario alto el fuego destinado a facilitar unas conversaciones en Belgrado sobre la base de la restauración del marco autonómico, la desmilitarización de la provincia y el despliegue de una misión de monitores de la OSCE. Pero la tregua no tardó en desmoronarse ante la falta de voluntad política del Gobierno serbio y la negativa de los comandantes guerrilleros a desprenderse de las armas. Al comenzar 1999, las negociaciones se hallaban en un punto muerto con un trasfondo prebélico de escaramuzas y represalias por ambas partes.

La hora de la presentación internacional de Thaçi como delegado político de alto nivel llegó el 6 de febrero de 1999 con la inauguración en Rambouillet, cerca de París, de una conferencia de paz organizada por el Grupo de Contacto de países involucrados en la solución de la crisis de Kosovo, donde fue él, y no Demaçi, el que lideró la delegación del UCK. Las autoridades francesas hicieron caso omiso de la petición de la Interpol, cursada a requerimiento de la Policía serbia, de arrestarle y extraditarle a Belgrado para cumplir su pena carcelaria.

Haciendo sombra a Rugova, cabeza de la delegación de la RK, Thaçi, luciendo su buena planta de treintañero joven y un semblante enigmático donde parecían confluir la dureza del montaraz y la sutileza del cultivado, llevó la voz cantante de los albaneses en las tortuosas negociaciones parisinas, que requirieron una segunda conferencia ante el fracaso de la primera. El 18 de marzo, plegándose a los deseos de sus preceptores estadounidenses, estampó su firma a un documento que reconocía la soberanía estatal de Serbia sobre Kosovo y otorgaba al territorio un autogobierno interino con competencias limitadas y una duración de tres años, transcurridos los cuales las partes tendrían que negociar el estatus definitivo atendiendo a la "voluntad popular", ambigua expresión que las delegaciones albanesas interpretaron como un referéndum de autodeterminación. Thaçi fue elogiado por los diplomáticos occidentales, que le señalaron como un hombre razonable y pragmático dentro de una organización de extremistas.

Pero todas las expectativas se vinieron abajo cuando la delegación serbia rehusó firmar el documento y acto seguido las tropas de Belgrado, ignorando el ultimátum militar de la OTAN para que evacuaran la provincia, desencadenaron en la región de Drenica y el municipio de Mitrovica una violenta ofensiva que presentó visos de campaña de limpieza étnica antialbanesa.


2. Jefe de un Gobierno paralelo, socio y opositor del Ejecutivo de Rugova

Puesto que la intervención armada de la OTAN contra Serbia parecía inevitable, el nuevo líder político del UCK se puso a jugar sus bazas con habilidad, ansioso de sacarle el máximo partido al caos inminente en aras de un espacio de poder político, no tanto para una guerrilla en la que mandaban los comandantes Sylejman Selimi y Agim Çeku, como para sí mismo. El 1 de marzo, en el interludio de las dos conferencias de Rambouillet, Thaçi se apuntó un tanto de legitimación al ser recibido públicamente en Tirana por el presidente de Albania, Rexhep Meidani, quien le emplazó a formar un frente común con los demás partidos kosovares y a ser flexible en las negociaciones en Francia. El dirigente hizo honor sólo a lo segundo.

El 2 de abril de 1999, nueve días después de emprender la OTAN su campaña de bombardeos aéreos sostenidos contra objetivos del poder militar y civil serbio en Kosovo y la propia Serbia, y mientras Rugova, con dudas sobre si actuaba libremente o como un rehén, malparaba su reputación prestándose a un extraño juego de reuniones televisadas con Milosevic en Belgrado, Thaçi, desde Tirana, acogido a la protección del Gobierno socialista de de Pandeli Majko, sacudió la escena anunciando la formación de un "gobierno provisional" del UCK presidido por él, con ínfulas de desplazar al Gobierno de Bukoshi y entre advertencias a Rugova de que no se le ocurriera caer en la claudicación o el colaboracionismo con el enemigo, ya que de lo contrario sería un "traidor".

Thaçi quería a toda costa socavar la base de poder de Rugova y la LDK, que, pese a la erosión sufrida, seguían teniendo un influyo mayoritario en la población albanokosovar, sobre todo ahora que los serbios se batían en retirada. Entre el 9 y el 13 de junio el Ejército serbo-yugoslavo capituló y evacuó Kosovo, el Consejo de Seguridad de la ONU, por la resolución 1.244, autorizó el despliegue de las tropas terrestres de la OTAN y de una misión civil bajo su bandera, la UNMIK, y se ejecutó la primera operación con la entrada de las avanzadillas de la multinacional Fuerza de Kosovo (KFOR). De iure, Kosovo continuaba siendo una provincia de Serbia; de facto, se convirtió en un protectorado internacional ejercido, con división de tareas, por la ONU, la OSCE y la Unión Europea (UE), y cuya denominación formal era Administración Interina de Kosovo (AIK).

El 25 de dicho mes, Thaçi, al que su esposa Lumnije acababa de hacer padre con un niño alumbrado en Zurich, se topó con una desagradable sorpresa en forma de reportaje periodístico publicado por un medio tan poco sospechoso de amarillismo como el New York Times. La cabecera estadounidense, basándose en informaciones facilitadas por ex miembros desencantados de la guerrilla, antiguos funcionarios del Gobierno albanés y diplomáticos occidentales, revelaba que el líder político del UCK y sus lugartenientes Azem Syla -ministro de defensa en el gobierno paralelo- y Xhavit Haliti habían dirigido en los últimos tiempos una campaña de "asesinatos, arrestos y purgas en las filas propias con el fin de anular a posibles rivales", y que en su país el primero se había ganado a pulso una reputación de hombre dado a la "intimidación dura" y las "tácticas despiadadas", inspirando miedo y respeto a partes iguales.

El artículo insistía en la ausencia de testimonios que incriminaran a Thaçi en la ejecución de "colaboracionistas" y "traidores" con sus propias manos, aunque había sobrados indicios para adjudicarle la autoría intelectual del asesinato en Tirana en septiembre de 1998 por agentes de la inteligencia albanesa del organizador de las FARK, Ahmet Krasniqi, un antiguo coronel del Ejército federal yugoslavo, así como de la fallida intentona contra la vida del primer ministro rival, Bukoshi, hacía tan sólo un mes. A través de su portavoz en Suiza, Thaçi negó tener nada que ver con esos crímenes, mientras que su gran amigo en el Departamento de Estado, James Rubin, explicó que ellos carecían de evidencias que sustentaran tan graves cargos.

Cualquiera que fuera el grado delictivo de sus turbios manejos, para Thaçi había llegado la hora de hacer política. En primer lugar, se aplicó, poniéndose de acuerdo con Agim Çeku y sosteniendo varias reuniones con el comandante de la KFOR, el general británico Mike Jackson, y el jefe de la UNMIK –y por ende de la AIK- y representante especial del secretario general de la ONU, el francés Bernard Kouchner, en la consecución del desarme y la desmovilización del UCK.

Muchos guerrilleros afrontaron la mudanza de muy mala gana. En junio y julio, aprovechando el vacío dejado por el repliegue serbio, la guerrilla se había distribuido por toda la provincia, protagonizando no pocos incidentes con unidades de la KFOR y cometiendo represalias criminales contra los civiles serbios que no habían seguido los pasos de los soldados. El 20 de septiembre la UNMIK, haciendo una lectura laxa de la situación, dio por válida la disolución del UCK. Sus miembros pasaron a formar el grueso de la nueva Fuerza de Protección de Kosovo (TMK), un cuerpo, al menos sobre el papel, no militar y orientado a tareas de protección civil, pero que sus integrantes veían como el protoejército del protoestado que de hecho era ya Kosovo.

El 4 de agosto de 1999 Thaçi y Rugova acordaron colaborar con la UNMIK, empezando con el nombramiento de los representantes respectivos ante el Consejo de Transición de Kosovo (CTK), órgano de 36 miembros investido por la UNMIK con funciones asesoras y representativo de la sociedad civil. El 14 de octubre Thaçi orquestó la constitución formal, luego del anuncio fundacional hecho el 8 de marzo, de su propia agrupación política, el Partido para el Progreso Democrático de Kosovo (PPDK), que fue presentado como un proyecto compartido del directorio político del UCK, el Partido de la Unidad Democrática (PBD), la Unión de Estudiantes, intelectuales y otros exponentes de la sociedad civil.

El PPDK redactó un programa apenas diferente del de la LDK al comprometerse con el desarrollo integral de Kosovo, el relanzamiento de los servicios sanitarios y educativos, la preservación de la seguridad y los Derechos Humanos de todos los kosovares, la construcción de instituciones democráticas y, por supuesto, el acceso a la plena independencia, objetivo que era irrenunciable e innegociable. La primera ejecutiva del PPDK quedó constituida por Thaçi en la presidencia, Bardhyl Mahmuti y Hajredin Kuqi en las dos vicepresidencias, y Jakup Krasniqi en la secretaría general. El 21 de mayo de 2000, en su I Congreso, el PPDK confirmó a Thaçi como su presidente y se cambió el nombre por el de Partido Democrático de Kosovo (PDK).

El 15 de diciembre de 1999 Thaçi, Rugova y Rexhep Qosja, del Movimiento Democrático Albanés (LDSh), suscribieron un pacto político para participar en el Consejo Administrativo Interino (CAI), el cuerpo ejecutivo de la Estructura Administrativa Interina Conjunta (EAIC), en calidad de miembros, junto con un representante de la comunidad serbia y cuatro oficiales de la UNMIK. El 1 de febrero de 2000 el CAI celebró su primera reunión y desde ese momento se entendió que las instituciones paralelas de la parte albanesa, el Gobierno de la RK y el Gobierno Provisional de Thaçi, quedaban suspendidas.

El 19 de abril de 2000 Thaçi y los demás cabezas de facción albaneses realizaron un histórico llamamiento conjunto con el obispo ortodoxo Artemije, cabeza del Consejo Nacional Serbio de Kosovo y Metohija, a enterrar los odios intercomunitarios y a construir un entorno de tolerancia como cimiento de la sociedad multirracial en Kosovo. Ello contribuyó a hacer más creíble el nuevo perfil moderado de Thaçi, después de distanciarse de la proliferación de actos terroristas y asesinatos sectarios concentrados en la menguada minoría serbia y cometidos en su mayor parte por combatientes recalcitrantes del UCK, que bajo el nombre de Ejército de Liberación de Presevo-Medvedja-Bujanovac habían empezado a actuar con impunidad transfronteriza en el sudoeste de Serbia y el este de Kosovo.

Pero luego, en una maniobra contradictoria que reafirmó el convencimiento de los serbios de que el antiguo Serpiente perseguía el Kosovo monoétnico, Thaçi boicoteó la EAIC como protesta por la decisión de Kouchner de permitir la participación de delegados serbios del enclave urbano de Kosovska Mitrovica (la Mitrovica, a secas, de los albaneses), que se encontraba partido en dos de hecho, en las reuniones del CAI. Airado, el líder del PDK acusó a la UNMIK de haber "violado la integridad territorial de Kosovo".

Las ambiciones políticas de Thaçi sufrieron dos reveses consecutivos en las elecciones municipales del 28 de octubre de 2000 y en las primeras elecciones a la Kuvendi o Asamblea de Kosovo celebradas, con la supervisión de la OSCE y rigiendo ya el denominado Marco Constitucional para el Autogobierno Provisional de Kosovo, el 17 de noviembre de 2001: ambas votaciones fueron ganadas con autoridad por la LDK, que demostró así haber superado el bache de su eclipse parcial durante la guerra de 1998-1999. En las legislativas, el PDK quedó segundo con el 25,7% de los votos y 26 de los 120 escaños, un resultado meritorio aunque frustrante para su líder. Los observadores destacaron que a Thaçi y su gente les pesaban las alforjas de una mala imagen por su reciente pasado militarista y, sobre todo, por su identificación con el matonismo político, la corrupción y los negocios criminales que florecían por doquier.

El 28 de febrero de 2002 Thaçi se avino a firmar un acuerdo de reparto de poder con la LDK y la tercera lista albanesa más votada, la Alianza por el Futuro de Kosovo (AAK, coalición liderada por Haradinaj y que incluía al PPK de Demaçi y a la Alianza de Ciudadanos de Kosovo, AQK, del propio Haradinaj), para posibilitar la investidura de Rugova como presidente de la República (la comunidad internacional reconocía al titular del cargo, pero no al sujeto jurídico), lo que tuvo lugar, en el tercer intento, el 4 de marzo, y constituir, el mismo día, un Gobierno de coalición tripartito en el que el PDK obtuvo el puesto del primer ministro, ido para el físico Bajram Rexhepi, un hombre con fama de muy moderado, más dos ministerios con cartera.

En aras de la concordia interétnica, la Coalición Povratak (Retorno), animada por los sectores moderados de la minoría serbia que habían decidido no boicotear el proceso institucional y que suponía la tercera fuerza parlamentaria con 22 escaños, y la Coalición Vatan, representante de la minoría bosníaca o eslavomusulmana, recibieron un ministerio cada uno en un gobierno que, de acuerdo con el Marco Constitucional y la letra de la resolución 1.244 de la ONU, estaba supeditado a la EAIC, careciendo de toda competencia sobre la seguridad interior y la defensa territorial, la política exterior, el control de las fronteras y las políticas económica y monetaria, esto es, todo lo que denotase soberanía nacional.

En los meses siguientes, Thaçi multiplicó los gestos de moderado en las formas y en la táctica, dentro de una estrategia independentista con horizonte resolutivo a medio plazo que no admitía claudicaciones. El 28 de junio de 2002, con motivo de su reelección sin oposición como presidente del PDK, prometió hacer todo lo posible para luchar contra los "fenómenos negativos" que hipotecaban el futuro de Kosovo, como eran el crimen organizado, la corrupción y el contrabando. En abril de 2003 expuso la idea de una "moratoria temporal" en el acceso a la independencia, siempre que la comunidad internacional estableciera una fecha tope para la misma.

Thaçi hacía un diagnóstico crítico del país y consideraba perentorio "educar a la población", pero rechazó el planteamiento de la UNMIK de supeditar la transferencia de competencias adicionales al autogobierno kosovar y el arranque en el segundo semestre de 2005 de la "etapa final" de la que ambiguamente hablaba la resolución 1.244, cuando serbios y albaneses tendrían que negociar el estatus definitivo bajo supervisión internacional, al cumplimiento de una serie de "estándares"; esto significaba que los líderes kosovares debían dan pasos firmes para la construcción de instituciones democráticas, transparentes y eficientes, de una sociedad de libertades, sin discriminaciones por motivos de etnia o religión, y regida por el imperio de la ley, y de un sistema económico descentralizado pero regulado de libre mercado.

En este último terreno casi todo estaba por hacer, ya que la economía sumergida, el mercado negro y el fraude campaban por sus respetos, mientras que la economía formal continuaba virtualmente desarticulada por el pésimo estado de las escasas infraestructuras básicas, el abandono del agro y la inexistencia de industrias y de prácticamente cualquier actividad productiva (el subsuelo, moderadamente rico en carbón y minerales, permanecía sin explotar), siendo las consecuencias directas un paro generalizado y la necesidad de importar casi toda la energía y los alimentos que consumían los 1,9 millones de kosovares, un tercio de los cuales era pobre de solemnidad. El PIB por habitante no superaba los 2.000 dólares, índice comparable al de países como Haití o Mauritania. En resumidas cuentas, Kosovo era, con diferencia, el país menos desarrollado de Europa.

El 10 de julio de 2003, días después de sufrir durante unas horas un arresto policial en Hungría en relación con la orden de arresto serbia que pesaba en su contra desde 1997, Thaçi reiteró el llamamiento a los serbokosovares huidos en 1999 para que retornaran a sus hogares. Cuando el estallido en marzo de 2004 en Mitrovica del peor brote de violencia intercomunitaria desde el final de la guerra, que costó la vida a 19 personas, casi todos moradores serbios atacados por turbas de albaneses, y puso en fuga a 4.000 ciudadanos de aquella etnia, el líder del PDK arremetió contra el incendio de viviendas serbias e iglesias ortodoxas, y calificó a sus perpetradores albaneses de "criminales".

La mejora experimentada por la imagen de Thaçi entre sus paisanos albaneses tuvo su reflejo en las segundas elecciones legislativas desde el inicio de la administración internacional, las celebradas el 24 de octubre de 2004, en las que el PDK ascendió al 28,6% de los votos y los 31 escaños, si bien esta vez tocaron a repartir más escaños para los partidos albaneses porque el boicot de los serbokosovares fue total. La LDK mantuvo su mayoría no absoluta y Rugova optó por prescindir de los demócratas como socios de gobierno, yendo el puesto de primer ministro a Haradinaj, quien luego, en marzo de 2005, iba a verse forzado a dimitir y a entregar el testigo a Bajram Kosumi, sucesor de Demaçi en el liderazgo del PPK, al ser procesado por el Tribunal Penal Internacional de La Haya para la antigua Yugoslavia como presunto criminal de guerra.

Tras los comicios de 2004 los protectores internacionales dejaron notar su interés en la permanencia del PDK en el Gobierno e incluso por que éste fuera encabezado por Thaçi, ya que, paradójicamente, el antiguo jefe político del UCK venía mostrando más pragmatismo y ductilidad que Rugova en los tratos con la UNMIK. Por otro lado, Thaçi se mostraba convencido de que él no iba a seguir los pasos de Haradinaj, incriminado y juzgado por el Tribunal de La Haya, aunque continuaba en la lista de fugitivos de la justicia buscados por Interpol.

En su debut como líder de la oposición parlamentaria al Gobierno de la LDK y la AAK, Thaçi se permitió recobrar el discurso duro; así, exigió la dimisión del primer ministro Kosumi por su gestión "débil" e "incompetente", reclamó a la Asamblea que reafirmara en una declaración especial su compromiso de cumplir la voluntad popular de conseguir la independencia efectiva, defendió con ardor la inocencia de su colaborador Fatmir Limaj, acusado de crímenes de guerra por el Tribunal de La Haya, y se deshizo en críticas contra la UNMIK y las potencias del Grupo de Contacto por su insistencia en el prerrequisito de los "estándares".

Al comenzar 2006, al hilo de la muerte de Rugova (el 21 de enero) y en vísperas del arranque en Viena (el 20 de febrero, luego de constatar la ONU y el Grupo de Contacto los "progresos" realizados por el Gobierno autónomo en la satisfacción de los criterios exigidos) de las negociaciones serbo-kosovares sobre el estatus definitivo en un marco multilateral internacionalizado, el líder del PDK volvió a mostrar un talante algo más abierto al sostener el 30 de enero en Atenas, aprovechando su coincidencia en una reunión de la Internacional Socialista, con el presidente de Serbia, Boris Tadic, un breve encuentro en el que los políticos comentaron la necesidad de sostener un diálogo fructífero sin intermediarios, y al no poner obstáculos a la investidura parlamentaria el 10 de febrero como nuevo presidente de la RK de Fatmir Sejdiu, hasta entonces número dos de la LDK, al que prometió la cooperación sin reservas del PDK para sacar adelante el proyecto nacional compartido.

No obstante mantenerse fuera del nuevo Gobierno formado el 10 de marzo por Agim Çeku, al que por cierto desacreditó como "el peor en la historia en Kosovo" por moverse a los sones de la "corrupción" y los "intereses de clan", Thaçi se repartió con Sejdiu el liderazgo de la delegación albanesa en las conversaciones de Viena, desarrolladas en sucesivas rondas con estériles resultados.

A sus interlocutores de Belgrado, al alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la UE, Javier Solana, al enviado especial de la ONU para la negociación del estatus final de Kosovo, Martti Ahtisaari, a los jefes de la UNMIK Søren Jessen-Petersen y Joachim Rücker, y a los representantes del Gobierno de Estados Unidos –con diferencia, el más receptivo a sus demandas- Thaçi vino a decirles lo mismo: que lo negociable no era la independencia en sí, ya que ese desenlace no admitía ni discusión ni más retrasos, sino sólo determinadas cuestiones técnicas necesarias para la realización ordenada y pacífica de la misma, y que el nuevo Kosovo podría estar descentralizado, pero nunca ver su integridad territorial comprometida con la aceptación de enclaves serbios de facto como el que partía Mitrovica en dos.

La intransigencia maximalista de Thaçi, Sejdiu y Çeku, unida a la negativa igualmente terca de las autoridades de Belgrado a firmar nada que dejara abierta la puerta a la secesión (ofrecían una "amplia autonomía", todo lo más), condenaron al fracaso el plan de Ahtisaari, consistente en devolver al territorio una soberanía casi total y sujeta a un control internacional.

El 10 de marzo de 2007 el ex presidente finlandés anunciaba el fracaso de 14 meses de conversaciones en Viena y dos semanas después remitía al Consejo de Seguridad de la ONU un pliego de conclusiones en el que recomendaba la salida de la independencia tutelada. En la suprema instancia de la ONU el bloqueo se instaló también al ponerse Rusia y China del lado de Serbia y negarse a aceptar las propuestas de Ahtisaari, defendidas por los países europeos y con más énfasis por Estados Unidos, que incluso llegó a reconocer el derecho de Prístina a proclamar la independencia de manera unilateral e inmediata. Entre tanto, sobre el terreno, la aparición de grupos paramilitares serbios y albaneses dispuestos a generar violencia con epicentro en Mitrovica invitaba a presagiar un sangriento estallido sectario tanto si la independencia se declaraba ya mismo como si se demoraba unos meses más.


3. Primer ministro del Kosovo independiente

En esta situación de tenso impasse tuvieron lugar el 17 de noviembre de 2007 las terceras elecciones a la Asamblea de Kosovo, que permitieron a Thaçi, un poco al estilo del norirlandés Gerry Adams, cobrarse los dividendos de su renovado perfil político de campeón de la paz y la independencia con porte de estadista respetable y alejado de su pasado, aún cercano en el tiempo, rico en aspectos tenebrosos. Con una participación del 40,1%, 14 y 10 puntos menos respectivamente que en las ediciones de 2001 y 2004, la LDK, privada de su líder histórico, fue batida por el PDK, que conquistó una mayoría simple de 37 escaños con el 34,3% de los votos.

Tras conocer la victoria de su partido, Thaçi manifestó su intención de "tomar decisiones para Kosovo como país independiente y soberano inmediatamente después de 10 de diciembre"; ese era el día en que vencía el plazo dado por la ONU a los mediadores de la troika internacional –Estados Unidos, la UE y Rusia- para que obtuvieran de los gobiernos de Prístina y Belgrado un acuerdo sobre el estatus final, arreglo que, ya estaba meridianamente claro, era imposible de alcanzar por las posturas antagónicas de las partes.

Pero varios ministros de Exteriores europeos así como Solana advirtieron al dirigente kosovar que se abstuviera de adoptar pasos precipitados y que cualquier pronunciamiento tendente a modificar el statu quo debía ser previamente consultado con ellos. A estas alturas, la mayoría de los gobiernos de la UE, compartiendo en esencia la postura de Washington, había asumido que la independencia kosovar era imparable y que ésta tendría un carácter unilateral de hecho al no contar con el reconocimiento, debido al veto ruso, del Consejo de Seguridad de la ONU, pero insistían en un proceso coordinado. En particular, europeos y estadounidenses pidieron a Thaçi que postergara la declaración de independencia hasta después de las elecciones presidenciales en Serbia, el 20 de enero y, si una segunda vuelta era necesaria, el 3 de febrero de 2008, en las que el demócrata Tadic se jugaba el cargo ante el ultranacionalista Tomislav Nikolic.

El 10 de diciembre, tal como se esperaba, venció sin acuerdo el plazo negociador fijado por la ONU. La Asamblea de Prístina, acatando el llamado europeo, no proclamó entonces la independencia. Al día siguiente, el presidente Sejdiu designaba a Thaçi primer ministro al tiempo que le instaba a formar el nuevo gobierno de coalición lo antes posible. Mientras Thaçi se concentraba en las conversaciones con la LDK, que aportaba 25 diputados, y desdeñaba a los otros socios potenciales con menor número de escaños –la Alianza del Nuevo Kosovo (AKR) del magnate de la construcción Behgjet Pacolli, la Liga Democrática de Dardania (LDD) del ex presidente de la Asamblea y escindido de la LDK Nexhat Daci, y la AAK de Haradinaj-, el Consejo Europeo decidía enviar una misión civil a Kosovo para ayudar a establecer un Estado de derecho con vigencia del imperio de la ley –en lo que la UE tomaría el relevo a la UNMIK, mientras continuaba liderando la reconstrucción económica- y el Consejo de Seguridad de la ONU escenificaba el desacuerdo radical entre las grandes potencias.

El 9 de enero de 2008, tras renovar a Sejdiu en la Presidencia, la Asamblea eligió primer ministro al todavía treintañero Thaçi con 85 votos a favor y 22 en contra, y aprobó asimismo su Gabinete, en el que el PDK contaba con ocho puestos y la LDK con seis; dos representantes independientes de la minoría serbia recibieron las carteras de Atención Social y Refugiados y Minorías, y un miembro de la minoría turca la de Ecología. En su discurso de investidura, el antiguo guerrillero explicó que la conversión de Kosovo en "un país independiente, soberano y democrático" era "una cuestión de semanas", pero con tono tranquilizador aclaró: "Kosovo no hará nada sin Washington y Bruselas. Nada de acciones unilaterales". El 24 de enero el flamante primer ministro, de visita en Bruselas para reunirse con Solana y el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, aseguró que la independencia era ya "cuestión de días".

Finalmente, el domingo 17 de febrero de 2008, al día siguiente de establecer el Consejo de Ministros de la UE EULEX Kosovo, una misión civil integrada por 1.900 policías, funcionarios de justicia y otro personal técnico que compartiría el terreno con los 16.000 soldados de la KFOR, y de elevar el primer ministro un llamamiento a los 120.000 ciudadanos serbios para que se quedaran en el país con las debidas "garantías de seguridad", la Asamblea, reunida en sesión extraordinaria con la asistencia de 109 diputados –los diez representantes de la minoría serbia boicotearon el acto- y bajo la presidencia de Jakup Krasniqi, aprobó por unanimidad y a mano alzada la proclamación de Kosovo como un "Estado soberano e independiente".

En un ambiente de emoción y júbilo contenidos por la exigencia de solemnidad del histórico momento, Thaçi se dirigió al hemiciclo para anunciar que la República de Kosovo iba a ser un Estado "democrático y multiétnico en rápida aproximación a la integración euro-atlántica". El primer ministro, dirigiéndose "a todos los ciudadanos", aseguró la igualdad jurídica de los kosovares sin distingos de comunidad y presentó la independencia como "el final de la disolución de la antigua Yugoslavia", aunque existía la voluntad de mantener con Belgrado, cuanto más con los restantes países vecinos, unas "buenas relaciones basadas en el mutuo interés".

Las reacciones internacionales no se hicieron esperar. En Belgrado, ratificando la decisión ya tomada de antemano por el Gobierno, la Asamblea Nacional declaró "nula e ilegal" la proclamación unilateral de Prístina por violar la soberanía y la integridad territorial de Serbia, y de paso el derecho internacional. Albania, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Australia y Turquía reconocieron inmediatamente la independencia de Kosovo, mientras que Alemania, Italia, Polonia la mayoría de los restantes países de la UE, Noruega, Suiza, Islandia, Croacia y Japón anunciaron su disposición a hacer lo mismo en los próximos días o semanas.

Como represalia, el Gobierno serbio retiró al embajador en Washington y prometió aplicar la misma metida punitiva a todos y cada uno de los países que reconocieran a Kosovo. El recién reelegido Tadic, envalentonado con el apoyo solidario de Rusia, urgió al Consejo de Seguridad de la ONU a que declarara "nula e inválida" la secesión kosovar. Más aún, el Ministerio serbio del Interior presentó cargos criminales contra Thaçi, Sejdiu y Krasniqi por "organizar la declaración de un Estado falso en territorio serbio".

En la UE, sólo un país de peso, España -mirando por sus nacionalistas vascos y catalanes- se negó a reconocer a Kosovo en la consideración de que el paso tomado por el Parlamento de Prístina contravenía la Carta de la ONU y el Acta de Helsinki. Grecia, Portugal, Eslovaquia, Rumanía y Chipre adoptaron también una posición refractaria que, según los casos, iba de la espera cautelosa a la negativa frontal. Los países de la UE se acogieron a la libertad de actuación nacional acordada por el Consejo de Ministros, el cual reiteró el "carácter especial" y "sin precedentes" de la segregación kosovar, que como tal no podía tener valor jurídico. Fuera la UE, Ucrania, Montenegro, Macedonia y Bosnia-Herzegovina tampoco se mostraban favorables a la independencia kosovar.

(Cobertura informativa hasta 18/2/2008)



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