Era post Ben Ali

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Túnez, el epicentro de la Primavera Árabe, va camino de convertirse en el primer país democrático del Magreb. En pocos meses, los tunecinos han logrado derrocar a su presidente y trasladar sus protestas de la calle a las urnas. Han conseguido lo que no se consiguió en 55 años de independencia: libertades fundamentales, pluralidad política y elecciones libres.

El levantamiento popular tunecino, que originó la ola de protestas en el mundo árabe, ha dado sus frutos, aunque con las dificultades propias de un país que ha vivido durante décadas bajo la dictadura, primero con Habib Bourguiba y luego con Zine El Abidine Ben Alí. Los primeros pasos de la transición democrática se han materializado en unas elecciones libres y transparentes, celebradas el 23 de octubre de 2011.

La transición política en el Túnez post-revolucionario ha avanzado lenta pero segura. El sistema de partido único de Ben Alí, Reagrupación Constitucional Democrática, ha dejado paso – como suele ocurrir en situaciones análogas- a un multipartidismo desenfrenado: nada menos que 1.517 listas y 11.618 candidatos se presentaron a las elecciones del 23 de octubre.

La huida de Ben Alí y de su mujer Leila Trabelsi a Arabia Saudí, el 14 de enero de 2011, abrió un periodo de inestabilidad constitucional y política. A pesar de las tensiones internas, la transición democrática se está construyendo desde un marco jurídico e institucional muy reglamentado y no desde un escenario anárquico. El periodo post-revolucionario ha estado marcado por el impulso político y social conjunto de diversos protagonistas, no sólo políticos sino también sindicales, periodistas, juristas y de la sociedad civil.

Tras la caída del régimen se suspendió la Constitución de 1959, se disolvió la Cámara de los Diputados y su hasta entonces presidente Fuad Mebazaa fue nombrado jefe de Estado interino de la República. Mebazaa asumió el encargo de convocar y coordinar las elecciones presidenciales, fijadas en un primer momento para el 24 de julio de 2011 y pospuestas hasta el 23 de octubre.

Túnez, en plena efervescencia política y social, va saliendo poco a poco de su parálisis dictatorial y transformándose en una arena política donde confrontar ideas y opiniones. La mayoría de protagonistas, de derecha, izquierda o centro, parecen estar de acuerdo en lo fundamental: la instauración de una República sólida y democrática, basada en una verdadera separación de poderes con instituciones estables, medios de comunicación libres y una sociedad civil fuerte. Sin embargo, en un momento en el que el país necesita respuestas socio-económicas urgentes, la clase política centra buena parte de sus energías en el debate ideológico entre secularismo e islamismo.

La Asamblea Constituyente, surgida de los comicios del 23 de octubre, ha elegido como nuevo presidente de la República a Moncef Marzouki –del partido Congreso para la República. Marzouki, con el poder que le otorga la nueva ley sobre organización de los cargos públicos, ha nombrado como jefe de Gobierno a Hamadi Jebali, secretario general de Ennahda. Mustafa Ben Jaafar del partido Etakattol ha sido elegido presidente de la Asamblea Constituyente, un cargo simbólico con un poder decisorio muy limitado. La llamada Troika de la Asamblea Constituyente- formada por Ennahda, CPR y Etakattol, cuenta con una amplia y cómoda mayoría de la que en gran medida depende el éxito del proceso de constituyente.

El miércoles 22 de diciembre, el recién elegido primer ministro, presentó la lista del gobierno al presidente Moncef Marzouki, un gabinete compuesto por 41 miembros entre ellos 30 ministros y 11 secretarios de estado. Es un Gobierno compuesto en gran mayoría de miembros y simpatizantes de Ennahda. Este último, con 89 escaños sobre los 217 de la Asamblea Constituyente, obtendrá, entre otros, los ministerios del Interior, Asuntos Exteriores y Justicia. De tal modo, Ali Larayedh, antiguo preso político y miembro ejecutivo de Ennahda, Rafik Ben Abdessalem, yerno del dirigente Rachid Ghannouchi y Nourredine Bhiri, actual portavoz del partido, ocuparán respectivamente dichos puestos. Ennahdha ocupara también los ministerios de Salud, Transporte, Enseñanza superior, Medio ambiente, Agricultura, Desarrollo regional, Inversión y cooperación internacional así como un nuevo ministerio de Derechos humanos.

El partido del presidente de la Asamblea, Mustafa Ben Jaafar, obtendrá el ministerio de Asuntos sociales, el de Turismo, Educación, Buena gobernanza y lucha contra la corrupción así como el secretariado de estado encargado de la reforma policial. Por otra parte, el Congreso Por la República, partido del jefe del estado Moncef Marzouki, obtiene el ministerio de Empleo y formación profesional, el de la Reforma administrativa así como el ministerio de la Mujer y familia. Los independientes serán también parte del gabinete presentado por Jebali. Tarek Dhiab, ex futbolista se le otorga el ministerio de Juventud y Deportes. El sociólogo, Mehdi Mabrouk, será ministro de Cultura. Finalmente, el único que continuará en su puesto es Abdelkarim Zbidi, actual ministro de Defensa.

 
 

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