Migracions - [29/01/2010]
El reciente referéndum suizo para prohibir los minaretes en los centros de culto musulmanes, así como el debate francés actual sobre si deben prohibirse los burkas (utilizados por menos de 2.000 mujeres en Francia) en los lugares públicos han reabierto el debate sobre el Islam en Europa y la extensión de la islamofóbia. Un debate que se contextualiza en un resurgimiento de las actitudes nacionalistas que tienen un gran impacto en el concepto de ciudadanía, haciendo hincapié en la identificación con los valores nacionales compartidos.
El objetivo del taller “Managing integration: Ethnic Relations and Xenophobia” era explorar la (in)eficacia de los mecanismos, instrumentos y políticas que utilizan los gobiernos para facilitar la integración de los inmigrantes en las sociedades europeas. En el debate participaron Juan Díez Medrano, profesor de IBEI y la Universidad de Barcelona, Ricard Zapata-Barrero, profesor de teoría política y director del GRITIM en la UPF y Ruud Koopmans, director de la unidad de investigación “Migraciones, Integración, y Transnacionalización” del WZB- Wissenschaftszentrum Berlin für Sozialforschung (Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales de Berlín). Para Zapata, la inmigración es un reto que desafía las nociones de estado, ciudadanía, y nacionalidad. Así, la diversidad que llega con la inmigración resulta –de manera inevitable– en conflictos; pero no debe suponer un riesgo de ‘balcanización’ si se gestiona de manera adecuada. La diversidad puede jugar diferentes papeles en la sociedad, pero debe entenderse como un bien público que, como tal, debe ser protegido y distribuido. Para lograr esto, es vital que se acepte con normalidad la presencia de diversidad, y que se redefina el debate inmigrantes-ciudadanos de una manera que no contribuya a mayores (e innecesarias) divisiones. Asimismo, se debe establecer una definición del término ‘integración’, para impedir que sea utilizado como un cajón de sastre y de modo populista.
Por su parte, Ruud Koopmans argumentó que las políticas deben ser juzgadas según sus resultados, y presentó evidencias que desafían la efectividad de las políticas de integración de diversos países europeos. Los datos de Koopmans señalan que los inmigrantes que interactúan principalmente con personas de su mismo país o región suelen tener mayores problemas para integrarse y, en consecuencia, suelen obtener bajos salarios y depender en mayor medida de los servicios públicos. En su opinión, se debe evitar ‘victimizar’ a los inmigrantes, y reconocer que son personas emprendedoras que han venido a Europa en busca de un mejor futuro. Por ello, los gobiernos deben ofrecer incentivos a los inmigrantes para estimular una mayor interacción con la sociedad receptora, evitando en lo posible crear condiciones que generen grandes dependencia de los recursos públicos.
El taller fue organizado por CIDOB en colaboración con IBEI.