Gérard Latortue

Datos relevantes

Actualización: 5 de Septiembre de 2006
Credito fotografico: Copyright Secretaria General de la OEA/Juan Manuel Herrera

Haití

Primer ministro

Duración del mandato: 12 de Marzo de 2004 - 09 de Junio de 2006

Nacimiento: Gonaïves, departamento de Artibonite , 19 de Junio de 1934

Partido político: sin filiación

Profesión: Jurista, consultor y funcionario internacional

Credito fotografico: Copyright Secretaria General de la OEA/Juan Manuel Herrera

Resumen

Perteneciente a una familia de juristas, se formó en Derecho y Economía en su Gonaïves natal y en la capital, Puerto Príncipe, y luego, a partir de 1956, perfeccionó esta doble capacitación en París, en el Instituto de Estudios Políticos (IEP) y el Instituto de Desarrollo Económico y Social. En 1960 retornó a Puerto Príncipe para establecerse como profesional de la práctica y la docencia jurídicas, labores que desarrolló en la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Haití y en un centro que puso en marcha en 1961 junto con un antiguo compañero de estudios y del que se erigió en codirector, el Instituto de Estudios de Economía y Negocios.

Biografía

1. Un bagaje de funcionario internacional
2. Reclamado para presidir el Gobierno en circunstancias de naufragio nacional


1. Un bagaje de funcionario internacional

Incluido en las listas de enemigos políticos del régimen dictatorial de François Duvalier, en mayo de 1963 Latortue escapó de Haití por el conducto seguro que le facilitó la Embajada de Guatemala y emprendió un exilio que no iba a interrumpir hasta transcurridos 25 años. En los primeros años de este dilatado período el abogado se ganó la vida ejerciendo la profesión legal en la cercana Jamaica y luego en Washington. Posteriormente, se desempeñó de profesor de Economía en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

En 1972 fue reclutado para su plantilla de funcionarios por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). En los 16 años siguientes, Latortue trabajó para la ONUDI sucesivamente en Lomé (Togo), Abidján (Côte d’Ivoire) y, a partir de 1982, en la sede central en Viena; en los dos primeros destinos fungió de consejero regional y en el tercero de oficial de la División de Planificación General, jefe de negociaciones y director de la División de Consultas.

Gozando de un estatus profesional más que desahogado y cómodamente instalado en la capital austríaca, Latortue no parecía tentado a regresar a su país incluso después de caer la dictadura duvalierista en febrero de 1986. Sin embargo, cuando al despuntar 1988 el presidente electo de la República, Leslie Manigat, del partido Reagrupamiento de Demócratas Nacionalistas y Progresistas (RDNP), le ofreció el puesto de ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno que se disponía a formar, el expatriado respondió afirmativamente. Por cierto que su esposa y madre de sus tres vástagos ya adultos, Marlene, era hija del que fuera ministro de Exteriores de Haití en 1954 y 1955, Mauclair Zephirin.

Latortue se estrenó como jefe de la diplomacia haitiana el 12 de febrero de 1988 tras la toma de posesión del primer ministro Martial Célestin, pero su primer cometido gubernamental no pudo ser más breve: el 20 de junio del mismo año, el general Henri Namphy, al parecer arrepentido de haber entregado el poder a los civiles aunque en primera instancia revuelto contra su destitución por Manigat como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, perpetró un golpe de Estado y reinstauró la dictadura castrense.

La impune usurpación de los militares, que no iba a ser la última en la larga cadena de golpes e insurrecciones contra el poder de turno cuyo origen se remonta hasta la misma independencia de Francia en 1804, devolvió a Latortue el estatus que había tenido hacía menos de un semestre y que ha caracterizado la mayor parte de su trayectoria: el de exiliado y economista al servicio de la ONUDI. Con su nombramiento como director de la División de Actividades y Medidas Especiales del Departamento de Programa y Desarrollo de Proyectos de la ONUDI, y con despacho en Ginebra, Latortue se convirtió en el haitiano de mayor rango en el organigrama administrativo de la ONU.

Aunque desvinculado de las turbulencias políticas de su país, que en octubre de 1991 se adentró en una etapa especialmente ominosa de dictadura y represión merced al golpe de Estado que derrocó al presidente democráticamente elegido en los comicios de diciembre de 1990, el ex sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide, Latortue era un servidor público con un innegable potencial como hombre de Estado, susceptible de ser invitado a desempeñar misiones gubernamentales.

En 1993, por ejemplo, su nombre sonó como posible alternativa, consensuada por los militares, Aristide –el cual, aunque derrocado y exiliado, preservó el reconocimiento internacional como el legítimo presidente de Haití-, la ONU, la OEA y el Gobierno de Estados Unidos, para reemplazar al primer ministro Marc Bazin, un político que contemporizaba con la junta del general Raoul Cédras, pero el nombramiento terminó recayendo en el empresario Robert Malval por exigencia de Aristide, quien desconfiaba del perfil liberal-conservador del economista.

Poco antes de la reposición de Aristide a rebufo de la invasión de una fuerza militar de Estados Unidos, en octubre de 1994, Latortue clausuró su etapa de funcionario de la ONUDI y se instaló en Florida, donde abrió un despacho de consultor internacional privado sobre comercio y negocios. En relación con Haití, canalizó su activismo en los círculos de las élites profesionales y empresariales que desconfiaban del izquierdismo del Gobierno de la Organización Política Lavalás (OPL), el partido de Aristide, quien gozaba del respaldo masivo de los haitianos pobres y de raza negra, esto es, la inmensa mayoría de la población.

Sinceramente preocupado por la endémica penuria de su país, y pertinazmente alejado de la militancia política, Latortue estuvo entre los animadores de la Red del Desarrollo Haitiano, una ONG que se definía como estrictamente apartidista y que funcionaba como un grupo de influencia centrado en promover las inversiones generadoras de riqueza, pero en noviembre de 1995 abandonó la misma en desacuerdo con unas manifestaciones políticas en contra de Aristide realizadas por el director del grupo, Jacques Jonassaint, quien era sobrino del que fuera efímero presidente de paja bajo la junta de Cedrás, Émile Jonassaint. En 1997, el haitiano, no obstante no pertenecer ya al organismo, fue barajado como candidato para suceder al mexicano Mauricio de María y Campos como director general de la ONUDI, pero la perspectiva no se materializó.

Durante las presidencias de René Préval y, de nuevo, desde febrero de 2001, Aristide, Latortue disfrutó de una especie de semijubilación en Boca Raton, en el condado de Palm Beach, al norte de Miami, simultaneando actividades en la Asociación de Universidades e Institutos de Investigación del Caribe (UNICA), con sede en Puerto Rico, de la que era secretario general, y en la cadena Haitian Television Network of America (HTN), que le contrató como presentador de dos programas de actualidad dirigidos a los haitianos de la diáspora, The Week in Review y The Guest. Hombre calmoso y de gustos intelectuales, Latortue era también un ávido coleccionista de libros de historia y tradiciones haitianas. Se asegura que en 2001 Aristide, al iniciar su segunda presidencia, le invitó a ocupar un puesto en el Gobierno, pero que el veterano economista declinó la oferta.


2. Reclamado para presidir el Gobierno en circunstancias de naufragio nacional

El plácido retiro de Latortue en Estados Unidos, entreverado de fugaces visitas a Haití, habría continuado sin duda de no haberse sumido su país, en el que apenas había vivido unos meses en las últimas cuatro décadas, en una de las peores crisis de su convulsa historia.

Precedida por una acumulación de errores propios –excesos demagógicos y populistas, deriva autoritaria, negativa a adelantar las elecciones legislativas, tolerancia de los desmanes de las milicias oficialistas, caos financiero-, y de cortapisas ajenas –racanería en el desbloqueo de la ayuda foránea al desarrollo y de las líneas de crédito, beligerancia de los partidos opositores, acciones terroristas de antiguos militares, huelgas laborales, algaradas civiles-, todo lo cual coadyuvó a generar una situación explosiva de polarización social, parálisis institucional, destrucción de infraestructuras básicas, pistolerismo sectario, criminalidad común y miseria galopante, la crisis desembocó a comienzos de febrero de 2004 en una insurrección de grandes proporciones atizada por bandoleros, ex paramilitares de extrema derecha y antiguos oficiales policiales y militares revueltos contra Aristide que, con epicentro en Gonaïves, abocó al país a la anarquía generalizada y a la guerra civil.

Entrevistado por los medios en Florida, Latortue no tuvo ambages en culpar a Aristide de las violencias, que presentó como la consecuencia inevitable de sus arbitrariedades, y en calificar a los insurgentes que se habían hecho con el control de su Gonaïves natal de “revolucionarios” y de “movimiento de liberación”. En su pronunciamiento más vehemente contra Aristide hasta la fecha, declaró: “Quizá, todos aquellos que hasta ahora han estado protegiendo a Aristide recobren el sentido común y le obliguen a liar el petate”

Al ritmo de los saqueos y los asesinatos, las distintas bandas de subversivos aliadas como Frente de Reconstrucción Nacional (FRN) fueron conquistando ciudades en su avance hacia el sur hasta dejar a Aristide y sus leales acorralados en Puerto Príncipe, donde imperaba una atmósfera de miedo y terror. Finalmente, dado por desahuciado por los dos únicos países que podían salvar su presidencia, Estados Unidos y Francia, y con las avanzadillas rebeldes en los arrabales de Puerto Príncipe, Aristide fue obligado a firmar una carta de renuncia el 28 de febrero y al día siguiente abandonó el país a bordo de un avión estadounidense en ruta hacia un exilio que tuvo altos provisionales en la República Centroafricana y Jamaica, y parada definitiva en Sudáfrica.

Todo en un día, 29 de febrero, Boniface Alexandre, presidente de la Corte de Casación del Tribunal Supremo, juró la asunción de las funciones de presidente provisional de la República tal como establecía la Constitución en caso de vacancia del titular. El FRN aceptó el plan de paz internacional y la deposición de las armas. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el despliegue automático de una Fuerza Multinacional Interina (FMI) de 3.600 soldados –estadounidenses, franceses, canadienses y chilenos- por un período inicial de tres meses. En las horas y días siguientes, la FMI fue desplegándose en Puerto Príncipe y otros puntos sensibles del país. El 1 de marzo, las huestes del FRN, con sus jefes a la cabeza, entraron triunfal y pacíficamente en Puerto Príncipe.

La irrupción de Latortue en este drama se produjo el 9 de marzo. Ese día, un denominado “Consejo de Sabios”, órgano inconstitucional cuyos siete miembros, representando teóricamente al conjunto de la sociedad haitiana, fueron nombrados por una comisión tripartita formada por la Familia Lavalás (FL, el partido de Aristide), la Convergencia Democrática (CD) de partidos políticos de la oposición y los representantes de la comunidad internacional, donde llevaba la voz cantante Estados Unidos, potencia tutelar de facto y que aportaba el grueso de la FMI -1.900 marines, soldados y marineros-, anunció el nombramiento del septuagenario en ciernes como primer ministro del país con un mandato de lo más complicado: recuperar la seguridad, desarmar a las bandas y milicias con la ayuda imprescindible de la FMI y de la futura misión de cascos azules de la ONU, reconstruir las estructuras y servicios devastados por los combates y el pillaje, atajar el riesgo de una catástrofe humanitaria y crear las condiciones necesarias para celebrar a medio plazo unas elecciones generales.

Los participantes en la componenda presentaron a Latortue, cuya candidatura se impuso sobre las de Smarck Michel, primer ministro (1994-1995) antes de romper con Aristide y de pasarse a las filas opositoras, el general retirado Hérard Abraham, quien fuera jefe del Ejército y jefe del Estado interino en 1990, y Axan Abellard, un empresario también afincado en Florida, como una elección de compromiso, y pusieron de relieve su condición de personalidad que gozaba de prestigio dentro y fuera del país.

Aunque, ciertamente, no afiliado a partido alguno, Latortue, sin embargo, no era exactamente un primer ministro apolítico e independiente, según se desprendía de sus recientes loas a los rebeldes. La FL, que seguía teniendo muchísimos partidarios en Puerto Príncipe, entre ellos los violentos chimeres, a los que también afectaban las órdenes de desarme, y que había participado en las reuniones del Consejo de Sabios desde una posición de suma debilidad, tenía sus razones para desconfiar de Latortue, quien, al menos sobre el papel, asumía unas prerrogativas ejecutivas muy amplias toda vez que Alexandre estaba de acuerdo en desempeñar el papel de presidente sólo simbólico. Además, Latortue desplazaba a Yvon Neptune, un aristidiano de la línea dura para el que los sectores más radicales de la oposición pedían el arresto y el procesamiento por corrupción y supuesta complicidad en la eliminación de disidentes.

Otros escépticos con la designación de Latortue se preguntaron por la idoneidad de un hombre que, aunque a todas luces perito en cuestiones económicas y no extraño a las palestras internacionales donde se ventilaban las asistencias que Haití necesitaba como una cuestión de vida o muerte, era un tecnócrata más bien apoltronado que se había pasado más de la mitad de su vida fuera del país y que no estaría adecuadamente familiarizado o sensibilizado con las calamidades que afligían al haitiano corriente. En cuanto a Aristide, desde su exilio, arremetió contra estadounidenses y franceses por haberle echado del país, según él, bajo coacciones de todo tipo y poco menos que secuestrado, y se propuso no ponerles las cosas fáciles a las nuevas autoridades con llamamientos a sus partidarios a la “resistencia pacífica” frente a la "ocupación" de Haití y a los rebeldes "narcotraficantes" y "terroristas".

Latortue regresó precipitadamente de Florida el 10 de marzo y dos días después prestó juramento de su puesto. El 16 de marzo quedó finiquitada la formación del Gabinete, donde destacaban las presencias de Yvon Simeón como ministro de Exteriores, Henri Bazin al frente de Finanzas y Abraham en el crucial Ministerio del Interior, desde el que el ex general controlaba la Policía Nacional –única institución armada del país tras la abolición del Ejército en 1994 por Aristide, y que ahora mismo estaba medio desintegrada a causa de las deserciones y los alineamientos políticos- y los dispositivos de seguridad. En aras de la neutralidad, ni la CD ni el FL fueron invitados a sentarse en el Gabinete.

Latortue debutó como primer ministro de un país destrozado en todos los aspectos dando un polémico paso: el 20 de marzo, acompañado de Abraham y el ministro de Justicia, Bernard Gousse, se desplazó a Gonaïves, donde ya patrullaban 150 legionarios franceses, para restablecer la autoridad del Gobierno central en el departamento y para rendir tributo al denominado Frente para la Liberación y la Reconstrucción Nacionales (FLRN), antes llamado Ejército Caníbal, a su anterior líder, el hampón Amiot Métayer (cuyo asesinato en septiembre de 2003 preludió la insurrección en la ciudad), a su hermano y actual jefe de la banda, Butteur Métayer, quien se había autoproclamado “presidente de la República de Artibonite”, a su portavoz, Winter Etienne, que aseguraba ser el nuevo alcalde de la ciudad, y al ex comisario policial Guy Philippe, principal cabecilla del FRN, a todos los cuales llamó “combatientes por la libertad” y les agradeció el “coraje” demostrado en la “lucha contra la dictadura”. Éstos, a cambio, le hicieron una entrega simbólica de armas y le prometieron el desarme completo en cuanto la Policía Nacional hiciera acto de presencia en la ciudad.

El gesto del primer ministro desató recias críticas en Puerto Príncipe, irritó a los gobiernos de la Comunidad del Caribe (CARICOM), con el jamaicano a la cabeza, que por el momento se negaban a reconocer a la nueva Administración haitiana mientras no se aclararan las circunstancias de la partida y la dimisión de Aristide (la Unión Africana, Venezuela y Cuba también rehusaron el reconocimiento), y tampoco agradó a Estados Unidos, que acababa de disuadir a Philippe y a su segundo en el mando del FRN, Louis-Jodel Chamblain, un ex jefe de los escuadrones de la muerte al servicio de la junta de Cédras y convicto por asesinato, de cualquier amago de obtener poder institucional por la fuerza y de obligarles a abandonar las armas. Además, Latortue y Abraham dieron a entender que se proponían restablecer las Fuerzas Armadas, objetivo que perseguía abiertamente Guy Philippe.

(Cobertura informativa hasta 1/4/2004)



CIDOB News

Butlletí de notícies i novetats de la Fundació.


Subscriu-te.

Subscripcion al boletin de noticias

Lliuraments anteriors