Shinzo Abe

Datos relevantes

Actualización: 30 de Octubre de 2007
Crédito fotográfico: © APEC 2007 Taskforce, Commonwealth of Australia

Japón

Primer ministro

Duración del mandato: 26 de Septiembre de 2006 - 26 de Septiembre de 2007

Nacimiento: Nagato, prefectura de Yamaguchi , 21 de Septiembre de 1954

Partido político: Jiminto

Profesión: Politólogo

Crédito fotográfico: © APEC 2007 Taskforce, Commonwealth of Australia

Resumen

En 2006, tras convertirse en presidente del gobernante Partido Liberal Democrático (Jiminto), fue investido por la Dieta el primer jefe de Gobierno de Japón nacido después de la Segunda Guerra Mundial y, con 52 años, el más joven desde entonces. Retoño de una familia de estadistas, miembro del ala más conservadora del partido y considerado un halcón nacionalista por sus lecturas revisionistas de los crímenes de guerra nipones y su postura de firmeza frente a Corea del Norte, Shinzo Abe sustituyó a Junichiro Koizumi con los objetivos de suprimir las restricciones constitucionales a la defensa militar del país y mejorar las relaciones con China y Corea del Sur. Una cascada de escándalos ministeriales y la derrota del Jiminto en las elecciones al Senado precipitaron su dimisión el 12 de septiembre de 2007, cuando aún no había cumplido un año en el poder.

Biografía

1. Vástago de una familia de estadistas de tradición conservadora
2. Entrada al servicio del primer ministro Koizumi y definición de un perfil nacionalista
3. Jefe del partido y del Gobierno con una agenda dominada por la seguridad nacional
4. Un ejercicio prematuramente frustrado por la escasa popularidad y las bajas en el Gabinete


1. Vástago de una familia de estadistas de tradición conservadora

El nonagésimo primer ministro de Japón representa la tercera generación de una de las más descollantes dinastías políticas del archipiélago asiático: su padre, Shintaro Abe (1924-1991), ejerció de ministro de Agricultura, Bosques y Pesca, de Comercio Exterior y finalmente, entre 1982 y 1986, de Asuntos Exteriores; su abuelo materno, Nobusuke Kishi (1896-1987), fue el primer ministro del país de 1957 a 1960 después de fungir de ministro de Comercio e Industria durante la Segunda Guerra Mundial, y de Asuntos Exteriores con posterioridad a la misma; un tío abuelo materno, Eisaku Sato (1901-1975, hermano del anterior, quien portó el apellido de su familia adoptiva, los Kishi), fue asimismo primer ministro entre 1964 y 1972 tras dirigir el Ministerio de Finanzas y antes de recibir en 1974 el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a sus aportaciones a la no proliferación nuclear; y el abuelo paterno, Kan Abe (1894-1946), fue un popular diputado de la Dieta o Parlamento en los años anteriores al final de la guerra.

Los Abe, los Kishi y los Sato se encontraban entre las familias más influyentes de Yamaguchi, prefectura del extremo meridional de la isla de Honshu, y sus vínculos con la alta política y el poder estatal comprendieron tanto el período de dictadura de partido único, en el que fueron colaboradores del primer ministro, general y dictador de facto Hideki Tojo (en particular Kishi, que supervisó la industrialización de Manchukuo, el Estado títere establecido en 1932 en la Manchuria arrebatada a China), como el capítulo posbélico de democracia parlamentaria, una parte considerable del cual está escrito con sus apellidos. Profundamente conservadores, nacionalistas y anticomunistas, pero al mismo tiempo firmes defensores de la alianza defensiva con Estados Unidos, a partir de 1955 canalizaron su actividad política en el Partido Liberal Democrático (Jiyu Minshuto o Jiminto), fuerza predominante que desde aquel año y hasta el día de hoy ha pilotado todos los gobiernos nipones salvo en el trienio de 1993 a 1996.

Nobusuke Kishi, quien fue uno de los artífices del Jiminto, y su hermano Eisaku Sato presidieron el partido los años en que desempeñaron la jefatura del Gobierno, y Shintaro Abe, que durante la guerra había servido en la Armada Imperial (la contienda terminó antes de poder convertirse en piloto kamikaze, cual era su mayor ilusión) y luego adquirido adiestramiento político como secretario particular de su suegro primer ministro, titularizó la Secretaría General entre 1987 y 1989, cuando ya llevaba años portando el apelativo de Príncipe de la política. Shinzo Abe, el continuador de este linaje aristocrático y derechista, no iba a llegar menos alto que sus ilustres ascendientes.

El joven estudió Ciencias Políticas en la Facultad de Derecho de la Universidad Seikei de Tokyo, por la que se graduó en 1977, y luego en Estados Unidos, en la Universidad de California del Sur. De regreso a Japón en 1979 entró a trabajar en el sector privado, en la compañía siderúrgica Kobe Steel, o Kobelco, donde se supone que desempeñó funciones ejecutivas. En 1982 puso un primer pie en la práctica de su formación académica y en la realización de las ambiciones políticas que con seguridad albergaba al ser reclutado por el Ministerio de Asuntos Exteriores como asistente personal del titular de la cartera, que no era otro sino su padre, el cual acababa de ser promocionado al puesto por el nuevo jefe del Gobierno, Yasuhiro Nakasone.

En julio de 1986, tras las elecciones generales que dieron al Jiminto la enésima victoria apabullante frente a su adversario tradicional, el Partido Socialista, y en las que él obtuvo su undécimo mandato de diputado desde 1958, Shintaro Abe cesó en el Gobierno de Nakasone para hacerse cargo de dos cometidos cimeros en el partido: el liderazgo de la segunda facción interna más poderosa, la que hasta ahora había conducido el octogenario ex primer ministro Takeo Fukuda, a su vez heredero político de Kishi, y la presidencia del órgano ejecutivo conocido como el Consejo General.

Shinzo continuó asistiendo a su padre en calidad de secretario particular, y esta función no varió cuando en noviembre de 1987 el cónclave liberaldemócrata eligió al progenitor secretario general del partido en sustitución del ex ministro de Finanzas Noboru Takeshita, quien lideraba la principal facción del Jiminto, la que anteriormente había encabezado el también ex primer ministro Kakuei Tanaka, y antes que él Sato. Sobre las célebres facciones (habatsu) del Jiminto es necesario precisar que no consistían en corrientes ideológicas en el sentido europeo del término, sino en camarillas apadrinadas por veteranos barones del partido, el cual, a través de esta dialéctica de corte oligárquico, conformando un especie de liderazgo colegiado, iba resolviendo contradicciones internas y renovándose relativamente cada cierto tiempo.

La Secretaría General del Jiminto fue para Shintaro Abe un cargo de consolación y compromiso toda vez que arrojó la toalla frente a Takeshita en la liza por la sucesión de Nakasone en la presidencia del partido, lo que equivalía a decir en la jefatura del Gobierno. No era la primera vez que este shogun del Jiminto había contendido por el puesto principal: ya lo había intentado en 1982 para suceder a Zenko Suzuki, sólo que aquella vez el vencedor fue Nakasone. Esta historia de ambiciones truncadas la había iniciado el patriarca de la familia, Kan Abe, que en 1946 tenía todo dispuesto para disputar, y posiblemente, ganar, el cargo de primer ministro cuando una enfermedad la segó la vida con 52 años.

Obviamente, Shinzo Abe se ubicó en la facción liderada por su padre, distinguida por su conservadurismo ideológico y su ortodoxia liberal en cuestiones de economía, y que oficialmente recibía el nombre de Grupo de Investigaciones Políticas Seiwa (Seiwa Seisaku Kenkyukai), aunque él no disponía de caché político propio, no pasando por el momento de burócrata del partido a tiempo completo. 1987 fue también el año en que contrajo matrimonio con Akie Matsuzaki, ocho años más joven que él e hija del empresario Akio Matsuzaki, propietario de Morinaga, uno de los mayores fabricantes de productos de confitería de Japón. La pareja no iba a tener descendencia.

En 1988 Abe fue testigo muy directo gracias al doble vínculo de intimidad, familiar y profesional, de la caída en desgracia de su padre, uno entre los numerosos dirigentes del Jiminto, con Takeshita a la cabeza y sin faltar tampoco el barón de la tercera facción en número de diputados, Kiichi Miyazawa, a la sazón ministro de Finanzas y otro aspirante a suceder a Nakasone el año anterior, que tuvieron que renunciar a sus cargos en el partido y el Gobierno por su implicación en el escándalo Recruit, un entramado de gratificaciones empresariales y bursátiles a cambio de favores políticos que convulsionó a la sociedad japonesa y que puso de relieve los cimientos corruptos de la larga hegemonía del Jiminto. En diciembre de 1988 Shintaro Abe cesó como secretario general del partido y transcurridos unos meses su ascendiente interno pareció cobrar vuelo de nuevo. Sin embargo, era un hombre enfermo: falleció de un cáncer hepático a la edad de 67 en mayo de 1991, cuando fungía de primer ministro Toshiki Kaifu, el recambio buscado por el Jiminto para intentar superar la crisis de credibilidad generada por el escándalo Recruit.

Abe hijo subsanó su orfandad política colocándose bajo la protección del nuevo jefe de la facción Seiwa, Hiroshi Mitsuzuka, ministro de Exteriores por unos meses en 1989 y que en octubre de 1991 pugnó infructuosamente por la presidencia del partido en reemplazo del dimitido Kaifu contra el veterano Miyazawa, convertido por tanto en el nuevo primer ministro. Cumplida una década de adiestramiento en las tareas burocráticas y de familiarización con los entresijos de una formación que buscaba perpetuarse en el poder, Abe, próximo a cumplir la cuarentena de edad, tenía pendiente la consecución de un mandato electoral en la Cámara de Representantes de la Dieta, sin el cual no podía aspirar a construir una verdadera carrera como político profesional.

La ocasión le llegó con motivo de las elecciones generales anticipadas del 18 de julio de 1993, a las que el Jiminto llegó tocado por la proliferación de escándalos de corrupción y las defecciones de quienes pedían a gritos una profunda regeneración y una nueva manera de hacer política, más honesta con los ciudadanos y libre de las perniciosas colusiones entre el partido, la burocracia estatal y los emporios empresariales y financieros del sector privado. Abe se presentó por el 4º Distrito de Yamaguchi, la circunscripción de la familia, y ganó el escaño. El suyo fue uno de los 223 escaños que obtuvieron los liberaldemócratas, 52 menos que en los comicios de 1990; en otras palabras, perdieron la mayoría absoluta, lo que no tenía precedentes en la historia del partido. Así que, por primera vez desde 1955, el Jiminto fue descabalgado del Ejecutivo por una heterogénea alianza de siete partidos entre los que se incluían dos agrupaciones nuevas, surgidas de sendas escisiones del oficialismo, más los socialistas y los budistas del Partido del Gobierno Limpio (Komeito).

Abe debutó en las tareas legislativas como miembro de la bancada opositora al frágil Gobierno de Morihiro Hosokawa, al que sucedió el todavía más efímero ejecutivo de Tsutomu Hata, los dos antiguos disidentes del partido. En junio de 1994 el Jiminto, con Yohei Kono de presidente y Yoshiro Mori de secretario general, empezó a recomponer la vieja supremacía al pactar con los socialistas (desde 1996, autodenominados socialdemócratas) de Tomiichi Murayama su retorno al Gobierno. En enero de 1996 los liberaldemócratas, bajo la presidencia de Ryutaro Hashimoto, un barón de la facción Takeshita, ya estaban lo suficientemente fortalecidos como para volver a encabezar el Ejecutivo, que fue de coalición hasta las elecciones anticipadas del 20 de octubre, en las que el Jiminto enjuagó el mal sabor que había dejado el histórico varapalo de 1993 con una remontada hasta los 239 escaños. Para Abe fue la primera de sus cuatro reelecciones consecutivas hasta 2005. Aunque no se trataba de la codiciada mayoría absoluta, Hashimoto pudo continuar gobernando al frente de un Gabinete monocolor.


2. Entrada al servicio del primer ministro Koizumi y definición de un perfil nacionalista

La reputación de Abe como político nacionalista, reacio a los gestos de compunción del Estado japonés por todo el daño que el Ejército Imperial había causado en Asia entre 1931 y 1945, tuvo uno de sus primeros asideros en su actuación como responsable de un panel de diputados dedicado a analizar la reforma de la formación académica de los japoneses en la asignatura de Historia. Posteriormente, este colectivo parlamentario avaló un manual de historia para los escolares de secundaria elaborado por la asociación de intelectuales conservadores Tsukurukai, que en 2001, tras ser aprobado por el Ministerio de Educación, iba a provocar mucha indignación en Corea del Sur y China por su cariz revisionista, ya que restaba magnitud a las atrocidades cometidas por las tropas japonesas de ocupación.

En 1999, tras un sexenio sin mucho lustre en el seno de la nutrida bancada parlamentaria del Jiminto, la parsimoniosa carrera política de Abe empezó a moverse hacia arriba. En la Cámara de Representantes fue nombrado responsable del Comité de Salud y Bienestar Social, y en el partido le fue encomendada la dirección de la División de Asuntos Sociales. Su salto al Gobierno se produjo al año siguiente, después de que Mori, actual cabeza del Seiwa Seisaku Kenkyukai, sucediera como jefe del partido y primer ministro a Keizo Obuchi, líder de la facción Takeshita, el cual quedó incapacitado para el desempeño de sus funciones tras sufrir un ataque cardíaco que le sumió en un coma fatal. Tras ser investido en abril de 2000, Mori se rodeó de un equipo de colaboradores más jóvenes entre los que estuvo Abe, quien fue incorporado con el cargo de subsecretario jefe del Gabinete a un gobierno mayoritario y de coalición con el Nuevo Komeito y el Partido Conservador (Hoshuto).

El politólogo fue confirmado en su puesto gubernamental por el reemplazo del impopular Mori desde el 26 de abril de 2001, Junichiro Koizumi, número dos de la facción Seiwa, que llegó al poder con unas credenciales de reformista enérgico y heterodoxo, hostil a la vieja guardia liberaldemócrata y a las corruptelas tradicionales, así como capaz de invertir la nueva tendencia electoral negativa del Jiminto (expuesta, con una pérdida de 38 escaños con respecto a la asamblea saliente, en las generales del 25 de junio de 2000, donde la sensación fue el rendimiento del nuevo partido principal de la oposición, el Democrático o Minshuto) y de lanzar las transformaciones estructurales que la economía nacional, sumida en una aguda crisis de producción, deflación y deuda financiera, precisaba con urgencia.

Por cierto que en estas fechas resonaban con fuerza los ecos de la polémica suscitada por el libro de texto acusado de revisar en sentido indulgente los crímenes de guerra japoneses, un asunto que avinagró las relaciones con el Gobierno de Seúl. Abe sostenía la opinión, contraria a toda evidencia histórica, de que el Ejército nipón no había obligado a cientos de miles de mujeres coreanas a prostituirse con sus soldados en los años de la ocupación colonial de la península vecina. También creía que el Estado, por boca de los gobernantes habidos desde los años ochenta, ya había emitido suficientes declaraciones de pesar y contrición, e incluso cuestionaba la legitimidad de los juicios que los aliados aplicaron al general Tojo y otros criminales de guerra, los cuales se saldaron en 1948 con varias condenas a muerte y a cadena perpetua.

En su caso, la aproximación a los procesos de posguerra parecía tener un trasfondo emocional, ya que su abuelo, el primer ministro Kishi, fue detenido por Estados Unidos y encarcelado durante tres años como sospechoso de crímenes de la clase A, es decir, crímenes contra la paz, por sus actividades en Manchuria, antes de ser puesto en libertad sin cargos. El nombre del nieto no estuvo ausente de la controversia del año 2001 sobre el libro escolar. Un lustro más tarde, en vísperas de su elección como primer ministro, Abe iba a ser acusado por un colectivo de educadores y padres de alumnos de haber presionado, junto con otros colegas del partido y el Gobierno, al Ministerio de Educación para que diera luz verde al uso lectivo de un manual que, a fin de cuentas, fue adquirido por un número mínimo de centros de enseñanza.

Abe empezó a adquirir notoriedad pública en 2002 como coordinador y asesor de las negociaciones con el Gobierno de Corea del Norte sobre la repatriación temporal de los cinco ciudadanos japoneses que quedaban vivos del grupo de compatriotas raptados por agentes norcoreanos en las décadas de los setenta y ochenta. En septiembre de aquel año Abe acompañó a Koizumi en su histórica visita a Pyongyang para entrevistarse con el dictador comunista Kim Jong Il. Después, fue corresponsable y vocero de la decisión del Gobierno de Tokyo de impedir el retorno de los antiguos secuestrados a Corea del Norte, donde tenían familia.

El reconocimiento por el régimen norcoreano de que mantenía un programa nuclear secreto, en violación del acuerdo suscrito con Estados Unidos en 1994, el inicio de una escalada de provocaciones centradas en la reanudación de las actividades atómicas y acto seguido, en febrero y marzo de 2003, los ejercicios con misiles de corto alcance sobre el mar del Japón municionaron las tesis de firmeza frente a Pyongyang que auspiciaban Abe y otros miembros del oficialismo.

Un conjunto de manifestaciones y actuaciones que, unido a sus estrechas relaciones con círculos neoconservadores del Jiminto y el mundo académico que demandaban la inculcación social de la noción de patriotismo, la conversión de Japón en un "país normal" en las materias de seguridad y de defensa, y la reposición en un primer plano de determinados valores del tradicionalismo shintoísta, fueron convirtiendo a Abe, a los ojos de la opinión pública, en un nacionalista duro y rebosante de derechismo. Al haber nacido después de la capitulación de 1945 y de la firma en 1951 del tratado de paz por el que Estados Unidos concluyó su ocupación del país, Abe, pensaban muchos, carecía del sentimiento de culpa o embarazo que había pesado en la actitud de los sucesivos primeros ministros habidos desde entonces.

Abe, al igual que su jefe, Koizumi, aunque obviamente con una repercusión mediática mucho menor habida cuenta de su posición subalterna, realizó varias visitas al santuario shintoísta de Yasukuni, donde se rinde tributo a los caídos en todos los conflictos armados que han envuelto a Japón entre 1867 y 1945, incluidos los 14 jerarcas militares y civiles que tras la última contienda fueron condenados por crímenes de guerra y contra la paz. Las visitas anuales a Yasukuni del primer ministro levantaron fuertes recelos y protestas en China y Corea del Sur, que consideraban este recinto un símbolo del pasado imperialista y agresor de Japón. Koizumi daba alas a un enfoque nacionalista de la política exterior nipona firmemente asida a la alianza militar con Estados Unidos, como atestiguó el despacho en enero de 2004 de un millar largo de soldados a Irak en misión de asistencia humanitaria y logística, pero su colaborador exponía unos puntos de vista que podían calificarse de chovinistas, imposibles de aceptar por los vecinos asiáticos y desde luego por muchos japoneses. Sin embargo, quien se ganó el apelativo de Príncipe de los halcones, con su línea de plantar cara a Corea del Norte, era un político popular, según

Por otro lado, el subsecretario jefe del Gabinete apoyaba sin reservas, si no con ardor, el proyecto, por el momento inviable al carecer el Jiminto de la mayoría parlamentaria de dos tercios, y en cualquier caso muy espinoso por no tener resuelto ese debate la pacifista sociedad japonesa, de enmendar el artículo 9 de la Constitución de 1947 con el objeto de convertir a las Fuerzas de Autodefensa, el sucedáneo de Ejército nacional impuesto por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, en unas Fuerzas Armadas regulares y permanentes, capaces de participar en misiones de paz en el extranjero, dejando atrás la exclusividad del estatus defensivo. La superación del gran tabú de la posguerra la justificaba Koizumi por las nuevas necesidades y riesgos de la seguridad nacional en el inquietante escenario abierto por los atentados del 11 de septiembre de 2001, donde convergían la guerra global al terrorismo islamista, las operaciones militares en Afganistán e Irak, la amenaza ciertamente verosímil que representaba el imprevisible régimen de Corea del Norte y hasta una posible amenaza por parte de China. Igualmente, Abe era firme partidario de cobijar a Japón bajo un escudo defensivo basado en sistemas antimisiles adquiridos a Estados Unidos.

La lealtad de Abe a Koizumi, que se había ganado a pulso la imagen de un paladín solitario enfrentado a las principales facciones del partido por su determinación a acometer reformas estructurales de la envergadura de la segmentación y privatización de la Agencia de Correos –corporación pública que poseía una gigantesca red de cajas de ahorros postales, a través de la cual gestionaba el mayor fondo nacional de depósitos y seguros-, le fue recompensada por éste 21 de septiembre de 2003 con el nombramiento para un puesto de alto relieve político, la Secretaría General del partido, en la que reemplazó a Taku Yamasaki. La promoción de Abe se produjo al día siguiente de ganar Koizumi frente a tres rivales internos la reelección como presidente del partido para el próximo trienio. Abe fue secretario general del partido hasta octubre de 2004, cuando Koizumi nombró para el puesto a Tsutomu Takebe, pero siguió involucrado en la reforma orgánica del Jiminto.

Una vez salido airoso de su enésimo envite, tras más de dos años cuajados de malos tragos (pertinacia de la anemia económica –aunque ahora mismo en trance de superación- y del paro –en torno al 5% de la población activa, una tasa traumáticamente alta para los estándares nipones-, crecimiento de las deudas del Estado, estancamiento de reformas clave por la oposición de sus propios conmilitones, nuevos escándalos de corrupción en las filas liberaldemócratas, movimiento general de repudio a la participación con tropas en la posguerra irakí), el primer ministro puso a prueba el carisma que seguía conservando entre los japoneses disolviendo la Cámara de Representantes y adelantando al 9 de noviembre de 2003 unas elecciones generales en las que el Jiminto vio confirmada su primacía con el 34,9% de los sufragios y 237 diputados, cuatro más que en la edición de 2000, pero otros tantos por debajo de la mayoría absoluta, luego el Nuevo Komeito (el pequeño Nuevo Partido Conservador, heredero del Hoshuto, aceptó ser absorbido por el Jiminto) volvió a ser requerido como socio del Gobierno.

En agosto de 2005 no se habían cumplido dos años desde estas elecciones cuando Koizumi perdió, por culpa de la postura contraria de un grupo de legisladores del Jiminto, la crucial votación en el Senado que debía dar luz verde a la privatización del sistema postal. Tal como había avisado en previsión de esta derrota, el primer ministro llamó a renovar la Cámara baja de la Dieta y de paso anunció que abandonaría el cargo al final del mandato para el que fue investido por el partido en 2003, es decir, en septiembre de 2006, independientemente del veredicto de las urnas. El resultado de los comicios del 11 de septiembre de 2005 superó todas las expectativas halagüeñas de los liberaldemócratas: con 296 escaños, uno de ellos, por quinta vez consecutiva, para Abe, el Jiminto recobró una holgada mayoría absoluta, sin precedentes desde 1986, y con los 31 puestos del Nuevo Komeito superaba la mayoría de los dos tercios, necesaria para puentear el veto de la Cámara alta a los proyectos de ley. Esta espectacular victoria desatascaba la aprobación de la reforma de los Correos y abría la puerta a la modificación del tan traído y llevado artículo 9 de la Constitución.


3. Jefe del partido y del Gobierno con una agenda dominada por la seguridad nacional

El 21 de septiembre de 2005 Koizumi fue investido por tercera y última vez primer ministro de Japón por la Dieta. El 31 de octubre nombró el nuevo Gabinete, en el que destacaban cuatro figuras: Abe, ascendido a secretario jefe, puesto de rango ministerial, muy conspicuo, que incluía la función de portavoz del Gobierno y en el que relevaba a Hiroyuki Hosoda, hasta ahora su directo superior; Taro Aso, nuevo ministro de Asuntos Exteriores y nieto del ex primer ministro Shigeru Yoshida; Heizo Takenaka, máximo ejecutor del programa de reformas domésticas, que pasaba del Ministerio de Políticas Económica y Fiscal al de Asuntos Internos y Comunicaciones (desocupado por Aro), pero conservando la oficina de Privatización del Sistema Postal; y Sadakazu Tanigaki, titular de Finanzas desde 2003 y partidario de elevar la presión fiscal.

Desde ya podía asegurarse que el sucesor de Koizumi en el plazo de un año iba a salir de este cuarteto de altos oficiales, con la adición de un quinto: Yasuo Fukuda, hijo de Takeo Fukuda y secretario jefe del Gabinete entre 2000 y 2004, una de cuyas señas de identidad era el rechazo a las polémicas visitas del primer ministro al santuario de Yasukuni. Aunque Koizumi se guardó, a diferencia de sus predecesores, de señalar a un delfín o a un favorito personal, Abe aparecía como el aspirante más adelantado. Sus posibilidades se incrementaron el 21 julio de 2006 al anunciar Fukuda, con 70 años recién cumplidos, que se retiraba de la competición. Esta autoeliminación empujó a la facción Mori, ahora mismo, con 86 parlamentarios, la más potente del partido y dentro de poco encabezada por el ex ministro de Exteriores (2004-2005) Nobutaka Machimura, a brindar su respaldo a Abe. De hecho, así lo hicieron la mayoría de las nueve facciones que funcionaban en ese momento, lo que convertía al secretario jefe del Gabinete en un ganador prácticamente seguro. A mayor abundamiento, los sondeos periodísticos coincidían en señalarle como el primer ministro que querían las japoneses ahora que Koizumi decía adiós.

El 1 de septiembre de 2006 Abe lanzó oficialmente su candidatura a la jefatura del partido con un abanico de propuestas que podían considerarse continuadoras de las políticas y visiones de Koizumi. Su principal objetivo era hacer de Japón un país "fuerte y confiable", y para ello aplicaría una "diplomacia asertiva" que priorizara los intereses nacionales y, yendo hombro con hombro al lado de Estados Unidos, fuera enérgica frente los últimos gestos belicosos de Corea del Norte (disparo el 5 de julio de siete misiles balísticos sobre el mar del Japón, a lo que Koizumi iba a responder de aquí a unos días con un paquete de sanciones económicas), país con el que no habría relaciones diplomáticas hasta que se arreglara la disputa sobre los ocho ciudadanos japoneses raptados y entrenados para servir de espías que Pyongyang daba por muertos pero que Tokyo creía vivos.

Con el objeto de que Japón pudiera ejercer sin ataduras su derecho a la autodefensa colectiva en un ámbito global y situar su peso político en la escena mundial al nivel de su influencia económica, la Constitución pacifista del país tendría que ser revisada y corregida por la Dieta, sobre la base de un borrador de texto enmendado que ya había elaborado el Jiminto. "Ha llegado la hora para nuestra generación, que no ha vivido la guerra, de asumir la responsabilidad de liderar el país", afirmó. Por otro lado, con él al timón, el camino de las reformas económicas y estructurales emprendido por Koizumi, buscando el saneamiento financiero y el achicamiento del Estado, continuaría adelante. Abe veía a Japón como "una nación bonita", expresión contenida en el título de un libro de reflexiones publicado en el mes de julio con gran éxito de ventas. En Hacia una nación bonita ( Utsukushii Kuni e), el político sostenía que Japón podía estar orgulloso de sus tradiciones, su cultura y su historia, y, lejos de retractarse de sus polémicas opiniones sobre el pasado más ominoso del país, insistía en la tesis de que los reos de la clase A juzgados por el Tribunal de Tokyo no eran criminales de ninguna índole según el derecho nacional de la época.

Abe agregó que si era elegido presidente del Jiminto con mandato hasta 2009, abandonaría la facción Mori y adoptaría un estatus "independiente", tal como había hecho su predecesor, y que a la hora de nombrar a los miembros del Gobierno no se sometería a las recomendaciones de facción alguna. Oficiosamente, el único punto destacado donde discrepaba con Koizumi era el de la controversia sobre la sucesión en el trono imperial: el secretario jefe del Gabinete no era partidario de abolir la ley sálica y permitir así a las mujeres ser emperatrices de Japón. El 9 de septiembre el primer ministro saliente rompió su silenciosa neutralidad al anunciar que su voto iba a ser para Abe.

La votación efectuada el 20 de septiembre por una asamblea liberaldemócrata integrada por los 403 parlamentarios de las dos cámaras de la Dieta y 300 representantes de las prefecturas no deparó sorpresas: Abe, en la víspera de su quincuagésimo segundo aniversario, arrolló con 464 votos a sus dos contrincantes, los ministros sexagenarios Aso y Tanigaki, que reunieron 136 y 102 votos, respectivamente. Un voto fue computado como inválido. Seis días más tarde, la Cámara de Representantes investía a Abe primer ministro con 339 votos frente a los 115 emitidos a favor del jefe de la oposición, Ichiro Ozawa, presidente del Minshuto. En la votación realizada por el Senado, meramente protocolaria, el resultado fue de 136 y 85 votos.

Acto seguido, Abe tomó posesión de la jefatura del Gobierno y presentó a sus 17 ministros, 11 de los cuales, eran debutantes. Sólo Taro Aso, en Exteriores, retenía la cartera. Obtenían representación las siete facciones del partido que le habían respaldado y se quedaba sin cuota la facción liderada por Tanigaki, su otro contrincante en la elección interna. El Nuevo Komeito siguió teniendo un ministerio, el de Tierras, Infraestructuras y Transportes. Además, Abe nombró a cinco asesores con rango ministerial. La más relevante de estas asesorías, la de Seguridad Nacional, fue para la diputada Yuriko Koike.

El flamante primer ministro reitero que la alianza con Estados Unidos era un pivote esencial de la seguridad y la política exterior japonesas, y que urgía reformar la Constitución para fortalecer la defensa nacional. Asimismo, anunció que su gobierno iba a continuar por la senda del relanzamiento económico y la austeridad presupuestaria, a perseguir la obtención del asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y a volcarse en la reparación de las relaciones con Corea del Sur y China, tras un lustro de desencuentros por las polémicas en torno a los manuales escolares y las visitas al santuario de Yasukuni.


4. Un ejercicio prematuramente frustrado por la escasa popularidad y las bajas en el Gabinete

(Epígrafe en previsión)

(Cobertura informativa hasta 30/9/2006)



CIDOB News

Butlletí de notícies i novetats de la Fundació.


Subscriu-te.

Subscripcion al boletin de noticias

Lliuraments anteriors