Hasina Wajed

Datos relevantes

Actualización: 8 de Septiembre de 2006
Credito fotografico: Copyright US Department of Defense/R. D. Ward
Jequesa Hasina Wajed (nacida Hasina Rahman)

Bangladesh

Primera ministra

Duración del mandato: 23 de Junio de 1996 - 15 de Julio de 2001

Nacimiento: Tungipara, distrito de Gopalganj, división de Dhaka , 28 de Septiembre de 1947

Partido político: BAL

Credito fotografico: Copyright US Department of Defense/R. D. Ward

Resumen

Hija mayor del padre de la independencia del Bangladesh, Bangabandhu, Sheikh (jeque) Mujibur Rahman, del que heredaría el segundo de sus títulos, inició sus estudios en Dhaka en las escuelas femeninas Nari Shikkha Mandir y Azimpur, y tras superar el examen de secundaria (1965) ingresó en la universidad de la capital, por la que se graduó en 1973.

Biografía

En esta época comenzó sus actividades políticas como dirigente de la sección estudiantil de la Liga Popular de Bangladesh (Bangladesh Awami League, BAL), el partido fundado por su padre y que como fuerza dominante en el panorama inmediatamente posterior a la secesión violenta de Pakistán, en 1971, presentaba un marcado ideario nacionalista, socialista y laico, si bien terminó cayendo en el autoritarismo. En 1968 la joven contrajo matrimonio con el renombrado científico M. A. Wajed Miah, del que tomó su apellido de casada y con el que durante unos años vivió en Alemania.

Mientras se encontraba en el país europeo, Wajed sufrió la tragedia del asesinato de su padre -que, acosado por las acusaciones de malgobierno, arbitrariedad y corrupción, acababa de endurecer su régimen erigiéndose en presidente de la República Popular con supremos poderes y decretando el partido único-, su madre y tres hermanos durante el golpe de Estado del 15 de agosto de 1975.

En la confusa matanza, perpetrada en la residencia que la familia tenía en los suburbios de Dhaka por oficiales rebeldes que supuestamente habían acudido sólo con órdenes de arresto, sólo sobrevivió una hermana menor. Los nuevos gobernantes, una alianza cívico-militar de talante conservador, proislámico y antiindio, prohibieron a Wajed retornar a Bangladesh desde su exilio en India.

El 17 de febrero de 1981 fue elegida presidenta de la BAL, que de mal talante se había sumado al proceso de normalización constitucional en curso, y el 17 de mayo, en un gesto de desafío, se presentó en Dakha en olor de multitudes para encabezar la oposición al régimen autoritario de Ziaur Rahman, cerebro del golpe de 1975 y presidente de la República desde abril de 1977.

Pocos días después, el 30 de mayo, Rahman pereció asesinado en un intento golpista y el 15 de noviembre se celebraron unas elecciones presidenciales a las que Wajed no concurrió por considerarlas amañadas. Durante la dictadura del general Hossain Mohammad Ershad, aupado al poder en el golpe del 24 de marzo de 1982, Wajed sufrió diversos períodos de arresto por sus actividades políticas: en febrero de 1983, en diciembre de 1983, del 28 de febrero al 1 de marzo de 1984, de marzo a mayo de 1985 y del 11 de noviembre al 10 de diciembre de 1987.

La BAL, que desde septiembre de 1983 auspiciaba un Movimiento por la Restauración de la Democracia (MRD), integrado por una veintena de formaciones representativas de todos los sectores del espectro político, para impulsar manifestaciones, huelgas generales y otras formas de desobediencia civil, participó en las elecciones legislativas del 7 de mayo de 1986, cuando obtuvo 76 escaños, pero se sumó al boicot general de la oposición en las presidenciales del 15 de octubre del mismo año, así como en las nuevas legislativas del 3 de marzo de 1988.

Ershad dimitió el 4 de diciembre de 1990 por la presión de la oposición y la jequesa se preparó para jugar un papel de primacía en el nuevo curso político. Comenzó entonces una dura pugna con la otra jefa de la oposición, la begum Khaleda Zia, cabeza del conservador Partido Nacionalista de Bangladesh (Bangladesh Jatiyatabadi Dal, BJD) y viuda de Ziaur Rahman. Desde planteamientos ideológicos muy diferentes, Wajed había colaborado con ella contra Ershad en el seno del MRD, pero ahora las mutuas desconfianzas y resentimientos afloraron sin tapujos.

En la campaña para las elecciones legislativas del 27 de febrero de 1991 ambas reivindicaron con exclusividad la restauración de los modelos institucionales contrapuestos impulsados por los respectivos líderes asesinados, para lo que recurrieron a argumentos de legitimidad histórica y a las descalificaciones personales.

Esta dialéctica sañuda, muy centrada en las líderes y sus apellidos pero no menos motivada por las grandes diferencias entre los programas de cada partido, iba a impregnar la turbulenta vida parlamentaria bangladeshí en la década siguiente. De momento, en los comicios que principiaron la primera institucionalidad democrática convincente en la historia del país, la BAL resultó perdedora con el 28% de los votos y 93 de los 300 escaños elegibles frente al BJD. Zia ganó el primer turno de Gobierno.

La mutua animadversión, siempre latente considerando el vínculo de muerte que unía al padre de la una y al esposo de la otra, revivió con fuerza en el nuevo contexto democrático. En los años siguientes, Wajed, que representaba la defensa del sistema parlamentario, la concepción laica del Estado y el esclarecimiento de los sucesos de 1975, capitalizó el descontento de amplios sectores de la población por la política económica liberal y los intentos de islamización de la sociedad practicados por el Gobierno de Zia.

Desde 1994 el país permaneció paralizado por las huelgas y las manifestaciones, que tras las elecciones del 15 de febrero de 1996, ganadas masivamente por el BJD gracias al boicot de la oposición, degeneraron en violentísimos disturbios. Wajed, que había exigido la previa dimisión del Gobierno y su sustitución por otro provisional y neutral antes de celebrar las elecciones, insistió en no reconocer al Parlamento electo y llamó a la huelga general.

Los actos de violencia sin precedentes que devastaron Chittagong y otras ciudades forzaron a Zia, el 30 de marzo, a dimitir en favor de un Gobierno interino y a convocar nuevas elecciones. En los comicios, celebrados el 12 y el 17 de junio, la BAL venció con 176 escaños, esto es, mayoría absoluta, frente a los 113 del BJD, de manera que el 23 de junio Wajed juró como primera ministra de un Gobierno de coalición con el Partido Nacional (Jatiya Dal, JD), fuerza derechista fundada en 1986 por Ershad y enemiga jurada del BJD, que aportó 33 escaños. Los observadores internacionales certificaron que, a diferencia de lo sucedido en febrero, los comicios se desarrollaron con limpieza.

Wajed, que se convirtió en la segunda mujer en la historia en recibir el poder político por vías democráticas de otra mujer (la primera vez fue en 1994 en Sri Lanka entre Chandrika Kumaratunga y su madre Sirimavo Bandaranaike, con el doble salvedad de que entonces se trató de una transferencia directa -no así ahora, pues entre la dimisión de Zia y la asunción de Wajed el Gobierno estuvo dirigido interinamente por Mohammad Habibur Rahman- y además se produjo entre miembros del mismo partido), asumió también los ministerios de Defensa, de Medio Ambiente y Recursos Forestales, de Trabajo, Aviación Civil y Turismo, y de Planificación, Información y Textiles, lo que reafirmó su posición dominante en un país donde el presidente de la República dispone de poderes ejecutivos limitados.

La ejecutoria de Wajed se caracterizó por sus esfuerzos para asentar un crecimiento económico sostenido, tarea tremendamente complicada en un país sin recursos minerales, superpoblado (con 127 millones de habitantes registra, exceptuando las ciudades-Estado, la densidad más elevada del mundo) y que es sacudido periódicamente por inundaciones catastróficas: apenas elevado un par de metros sobre el nivel del mar la mayor parte del territorio, los desbordamientos del Ganges en la temporada del monzón y la llegada de ciclones desde el mar se combinan para producir anegamientos de enorme magnitud. En octubre de 1998, después del paso del último ciclón, el Gobierno de Wajed solicitó y consiguió del FMI un préstamo de emergencia para las labores de reconstrucción.

Para este objetivo, el Gobierno de la BAL confió en la capacidad exportadora de textiles, punta de lanza de los esfuerzos de industrialización, por lo que se mostró muy activo en la promoción de iniciativas de cooperación entre los países ribereños del golfo de Bengala, siendo la más prometedora el área de libre comercio que la Asociación de Asia del Sur para la Cooperación Regional (SAARC, integrada además por Bután, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka) planeaba inaugurar en 2001.

Además, Bangladesh registró esos años una serie de buenas cosechas que prácticamente aseguraron su autosuficiencia alimentaria, mérito que no deja de sorprender con tanta precariedad geográfica y climatológica. Pero, no obstante el despegue económico y la inflación baja, Bangladesh repetió puntualmente su registro anual como el país de Asia con el Índice de Desarrollo Humano más bajo. Una de las situaciones más alarmantes detectadas ha sido el consumo por unos 20 millones de bangladeshíes de aguas con altas dosis de arsénico, extraídas de un sistema de pozos que se construyeron con la ayuda de UNICEF para evitar, precisamente, el consumo de aguas contaminadas.

Wajed aplicó una política económica liberal no muy diferente de la de su predecesora, si acaso más ordenada y menos identificada con las prácticas ilícitas (si bien la organización Transparency International siguió calificando a Bangladesh entre los países más corruptos del mundo), con el objetivo central de atraer las inversiones productivas y los vitales créditos al desarrollo. Las reformas financieras, administrativas y estructurales fueron consideradas, no obstante, insuficientes por los agentes internacionales.

Las dinámicas de apaciguamiento de tensiones incluyeron tratados bilaterales con India, como el que delimitó la frontera en el delta del Ganges, y decisiones de índole interna, como el acuerdo de paz, en diciembre de 1997, con los separatistas jhum de los Chittagong Hill Tracts (estas guerrillas entregaron las armas al Gobierno el 10 de febrero de 1998 después de 25 años de insurgencia), así como la abrogación parlamentaria, en noviembre de 1996, de la ley que confería inmunidad a los asesinos confesos de Muhibur Rahman (los procesos, a cargo de un tribunal civil, comenzaron en marzo de 1997 y concluyeron en noviembre de 1998 con la condena a muerte de 15 antiguos oficiales del Ejército).

Este acto de esclarecimiento histórico aceleró, empero, el final del período de gracia que el BJD pareció haberle concedido a Wajed. Desde comienzos de 1997, utilizando la misma táctica de desgaste a través de algaradas callejeras que le derribó a ella, Zia acusó a Wajed de dirigir un gobierno corrupto, ineficiente, antidemocrático y sumiso a India, precisamente las imputaciones que los golpistas de 1975 le hicieron a Rahman.

Un memorándum de entendimiento hizo retornar a los diputados del BJD a sus escaños en el Jatiya Sangsad el 9 de marzo de 1998, tras casi ocho meses de boicot parlamentario, pero el 12 de abril la begum regresó a la situación anterior por desacuerdo con algunos aspectos legales del tratado de paz con los insurgentes jhum. Los problemas de gobernabilidad para la primera ministra se incrementaron en diciembre de 1998 cuando el JD, controlado por Ershad de nuevo, se pasó al bando opositor, en el que militaba ya también una cuarta fuerza parlamentaria, la Conferencia Islámica de Bangladesh (Jamaat-e-Islami Bangladesh, JIB), inicialmente favorable a la BAL.

Aunque las censuras a su Gobierno provinieron también del exterior (según Amnistía Internacional, aun constatando mejoras, siguieron produciéndose violaciones significativas de los Derechos Humanos, como los casos de ejecuciones extrajudiciales por elementos policiales), en este terreno se expresó un apoyo a Wajed en eventos como la concesión del Premio Félix Houphouët-Boigny de la Unesco en 1999 o la visita de Bill Clinton a Dhaka el 20 de marzo de 2000, primera de un presidente de Estados Unidos al país.

La presencia de Clinton, quien alabó la responsabilidad internacional de Bangladesh por ser el tercer suministrador de tropas a las misiones de paz de la ONU y por ratificar el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (adhesión significativa, pues el país posee una teórica capacidad nuclear gracias a sus reservas de uranio), se circunscribió en la participación de empresas de su país en las extracciones preliminares de gas en tierra y en mar.

Sondeadas desde 1996, estas reservas se están revelando de enorme magnitud y constituyen en potencia una fuente de ingresos tan importante que el Gobierno de Wajed, cortejado por las compañías occidentales de cara a las licitaciones, dudó entre destinar el gas a la exportación, a través de una red de oleoductos aún por construir, o aprovecharlo para levantar industrias subsidiarias que favoreciesen del deseado desarrollo, hasta decantarse por la segunda opción.

Conforme a la estipulación constitucional de un Gobierno neutral en la transición entre legislaturas, el 15 de julio de 2001 Wajed entregó el Gobierno a un magistrado apolítico, el ex juez supremo Latifur Rahman, que dirigiría provisionalmente el ejecutivo como "asesor principal" hasta la celebración de elecciones legislativas el 1 de octubre. El de Wajed fue, por tanto, el primer gobierno que completó una legislatura democrática en la historia del país.

La transferencia de poderes tuvo lugar en un clima político enrarecido por una serie de sangrientos atentados con bomba contra personas y bienes de la BAL. La primera ministra aspirante a la reelección acusó al BJD y sus aliados islamistas de pretender desestabilizar la campaña en ciernes, la cual, todo indicaba, iba a estar sembrada de las habituales manifestaciones de pistolerismo sectario a cargo de grupos armados partidistas.

En la campaña electoral, la jequesa declaró que necesitaba un segundo mandato para llevar a cabo sus previsiones de desarrollo y prosperidad, hasta convertir Bangladesh en un país libre de pobreza y confiado en su porvenir, y a tal fin ofreció formar un gobierno de amplio consenso. El manifiesto de la BAL contenía medidas políticas concretas para fortalecer la democracia nacional, como la dotación de más atribuciones al Parlamento, el nombramiento de un ombudsman, y la creación de sendas comisiones independientes para monitorizar la situación de la corrupción y los Derechos Humanos.

En el capítulo social, Wajed prometió en la siguiente legislatura hacer gratuita la educación primaria, llevar la electricidad a todos los núcleos habitados del país y levantar centros de salud por cada 6.000 habitantes, planteamientos a todas luces ambiciosos en un país donde sólo un habitante de cada cinco tiene acceso a la red eléctrica, el 43% de la población no es atendido por un ningún servicio sanitario y existe un médico por cada 13.000 habitantes. Sobre el tema crucial de la producción de gas, la política reiteró su rechazo a las exportaciones a corto o medio plazo en tanto no se subviniese la demanda interna de energía.

Sin embargo, los comicios del 1 de octubre, desarrollados con los inextinguibles episodios de violencia que dejaron un saldo de seis muertos y 300 heridos (157 y 2.500, respectivamente, desde el 15 de julio), decidieron un drástico cambio de mando, en un ejercicio de turnismo que empieza a ser característico de la particular democracia bangladeshí. La BAL sufrió un estrepitoso desplome, hasta los 63 escaños, y el BJD y sus tres asociados islamistas se adjudicaron una mayoría absoluta de 215 actas.

Wajed encajó mal la inesperada debacle y reaccionó con beligerancia, impugnando los resultados por supuesto fraude, y, pese a certificar la Comisión Electoral, los observadores internacionales y el primer ministro Rahman la limpieza de la consulta y la victoria del BJD, amenazando con desatar una campaña nacional de protestas y con boicotear el Parlamento electo hasta que no se convocaran nuevas elecciones. Esta actitud cuestionó crudamente sus exhortaciones a la reconciliación entre los partidos pregonados en la víspera y prenunció una nueva etapa de la crónica disfunción parlamentaria.

El 10 de octubre Khaleda Zia tomó posesión del ejecutivo en este panorama de aguas turbulentas, de cuya agitación no eran ajenos sus aliados islamistas. Éstos salieron a la calle para solidarizarse con el terrorista árabe Osama bin Laden, responsable de los catastróficos ataques terroristas del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington, y condenar la campaña militar de Estados Unidos contra el régimen talibán de Afganistán que le daba cobijo.

Precisamente, la colaboración anunciada por el gobierno interino de Latifur Rahman con la coalición internacional antiterrorista que encabeza Estados Unidos, ofreciendo espacio aéreo y facilidades logísticas llegado el caso de una intervención militar en la región, había enfurecido a unos sectores integristas que tras unos años de reflujo se sintieron súbitamente vindicados.

(Cobertura informativa hasta 15/10/2001)



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