Viktor Yanukovych

Datos relevantes

Actualización: 19 de Diciembre de 2007
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2007/Berlaymont
Viktor Fedorovych Yanukovych

Ucrania

Primer ministro (2º ejercicio)

Duración del mandato: 04 de Agosto de 2006 - 18 de Diciembre de 2007

Nacimiento: Yenakiyeve, óblast de Donetsk , 09 de Julio de 1950

Partido político: PR

Profesión: Ingeniero y empresario industrial

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2007/Berlaymont

Resumen

Una combinación de méritos propios, el triunfo por mayoría simple de su Partido de las Regiones en las elecciones legislativas de marzo, y de fracasos ajenos, la fractura de la alianza partidista que año y medio antes llevó a la Presidencia a su adversario Viktor Yushchenko unida al deterioro de la economía, devolvió el 4 de agosto de 2006 a la jefatura del Gobierno de Ucrania al candidato presidencial oficialista cuya fraudulenta victoria en las urnas desató la Revolución Naranja de 2004. El espectacular retorno de Viktor Yanukovych, un antiguo patrón industrial de Donetsk y tribuno de la Ucrania oriental rusófona y rusófila, al puesto de primer ministro con poderes ampliados descansa en un pacto forzoso de cohabitación con el liberal y prooccidental Yushchenko, y que incluye también a los partidos Comunista y Socialista.

Biografía

1. Patrón de la industria estatal y dirigente del clan de Donetsk
2. Primer ministro del presidente Kuchma y candidato presidencial del oficialismo
3. De damnificado por la Revolución Naranja a triunfador en las elecciones legislativas
4. Pacto con el presidente Yushchenko y regreso a la jefatura del Gobierno


1. Patrón de la industria estatal y dirigente del clan de Donetsk

Vástago de una familia de clase trabajadora radicada en el óblast de Donetsk, región densamente poblada, industrializada y rusificada del este de Ucrania, su padre, Fedir Yanukovych, era un obrero del ferrocarril de etnia bielorrusa y su madre una enfermera cuya prematura muerte a los dos años de dar a luz requirió que una de las abuelas del niño se encargara de su crianza.

Las privaciones materiales y las carencias afectivas, en estos años en que la República Socialista Soviética Ucraniana se sometía fielmente a los dictados de Nikita Jrushchev y Leonid Brezhnev, debieron de moldear un carácter pendenciero en el robusto mocetón, que a los 14 años dejó la escuela y que 1967 y 1970 tuvo sendos tropezones con la justicia por unos delitos de robo de propiedad del Estado y agresión, por los que le cayeron unas condenas a tres y dos años de prisión, respectivamente. En una biografía oficial facilitada a la prensa en 2002 con motivo de su elección como primer ministro, el político reconocía que en el primer caso terminó internado en una penitenciaría juvenil, aunque no explicaba de qué fue reo y ni el tiempo que estuvo penado; con respecto al segundo caso, aseguraba que fue culpabilizado de "daños físicos leves" y que la sentencia fue luego revocada, pero sin aclarar si en el ínterin llegó a pisar la prisión.

A los 19 años comenzó a trabajar en su Yenakiyeve natal como operario de surtidor de gas de una planta metalúrgica y en 1972 se colocó de soldador y mecánico en una cadena de montaje de vehículos. En 1973 obtuvo la graduación en el Departamento de Ingeniería Eléctrica Minera de la Escuela de Minería de su ciudad y al año se matriculó en el Instituto Politécnico de Donetsk, hoy Universidad Técnica Estatal, que tenía su sede en la capital homónima del óblast. Fue al parecer gracias al patrocinio de un paisano influyente, Georgiy Beregovoiy, antiguo cosmonauta a bordo de la nave Soyuz 3 y ahora diputado del Soviet Supremo de Moscú, que Yanukovych pudo borrar los estigmas penales de su historial y, con el imprescindible carné de miembro del Partido Comunista (PCUS), abrirse camino profesional en el aparato industrial del Estado soviético, concretamente en los ramos del transporte y la automoción. El brusco ascenso vino en 1976, cuando fue nombrado director de la división de transporte rodado de la compañía carbonera Ordzhonikidze. Cuatro años después se sacó el título de ingeniero mecánico en el Instituto Politécnico y en 1982 fue elegido miembro de un soviet de distrito en Yenakiyeve.

Su trayectoria de patrón industrial, como sucedió con otros muchos colegas de la nomenklatura económica, no se resintió lo más mínimo, sino todo lo contrario, de las grandes mutaciones políticas de 1990 y 1991, cuando una medio alianza entre la mayoría reformista del Partido Comunista local, el KPU, y las fuerzas nacionalistas liberal-conservadoras condujo a la república eslava a la independencia de una URSS condenada a la desintegración y a una nueva era de relaciones con Rusia, la cual nació lastrada por los contenciosos y la confrontación, todo con el telón de fondo de un catastrófico derrumbe económico.

De vicedirector de materiales y transportes del conglomerado de compañías mineras de Donetsk en 1987, pasó a director de área en 1989 y a director general en 1991 de la Compañía de Transportes y Reparaciones del Donbass (DonbassTransRemont). En enero de 1994 pasó a desempeñar la misma función cimera en la Compañía Ucraniana de las Industrias del Carbón y el Transporte (UkrVuhlePromTrans) y en septiembre del mismo año se puso al frente de la Corporación del Transporte Rodado del Óblast de Donetsk. Yanukovych se fue perfilando como uno de los prebostes empresariales de la región minera e industrial del Donbass, formada por los oblasts de Donetsk y Luhansk.

En la urbe de Donetsk el colectivo se organizó a principios de la década de los noventa como un grupo de presión dispuesto a influenciar decisivamente en la política nacional, haciendo valer el peso económico del óblast. El liderazgo informal lo ejercían una serie de "hombres de autoridad" dispuestos a levantar verdaderos imperios empresariales al socaire del caos normativo que siguió al derrumbe soviético y montados en la primera andanada de privatizaciones en la transición a la economía de mercado. Los dignatarios más conspicuos eran Ajat Bragin, Yevhen Shcherban y el joven Rynat Ajmetov. El concepto que Yanukovych y sus coterráneos tenían de la recuperación productiva de Ucrania pasaba más por la integración económica con Rusia, a la que la mayoría de la población de Donetsk se sentía muy ligada por idioma e historia, y por un estilo dirigista y opaco heredado directamente de los viejos métodos de gestión soviéticos, que por la desregulación y la desestatalización sin complejos que defendían los economistas liberales de Kíev y las regiones occidentales del país, más próximos al espacio euro-atlántico. Una demanda particularmente espinosa de las élites dirigentes de Donetsk al Gobierno central de Kíev era la cooficialidad de los idiomas ruso y ucraniano.

Los negocios inescrupulosos, los amagos de lanzarse al asalto de las palancas del poder político en Kíev, donde tenían sus reales otras camarillas y clanes que no aceptaban de buena gana intromisiones de advenedizos, y conexiones mafioso-criminales de toda laya brindaron un trasfondo escandaloso a los asesinatos de Bragin en 1995 y de Shcherban en 1996. La desaparición de estas dos personalidades dejó a Ajmetov como el máximo potentado económico de Donetsk, mientras que Yanukovych se dispuso a descollar en la política profesional. Ambos establecieron una estrecha relación.

El antiguo obrero metalúrgico irrumpió en aquel terreno en agosto de 1996 al ser reclutado por el gobernador de Donetsk, Serhiy Polyakov, como adjunto encargado de asuntos industriales en la Administración Estatal del óblast, con rango de vicegobernador a partir de septiembre. No mucho después, el 14 de mayo de 1997, Yanukovych se vio ascendido al propio puesto de gobernador por decreto del presidente de la República desde 1994, Leonid Kuchma, un antiguo diseñador de misiles balísticos, ex primer ministro, ex presidente de la Unión Ucraniana de Industriales y Empresarios, y antiguo miembro destacado del llamado clan de Dnipropetrovsk, otro lobby político-empresarial surgido en el oriente ucraniano y acérrimo rival de los de Donetsk por el ascendiente sobre los asuntos de Kíev.

La rápida promoción de Yanukovych, que mantenía vínculos cordiales con Kuchma desde hacía años, se enmarcó en una de las habituales componendas entre el Ejecutivo de Kíev y los centros de poder regionales. La recomposición de los respectivos cotos de poder e influjo se tradujo esta vez en un fortalecimiento del clan de Donetsk, bien representado por Yanukovych, y en un menoscabo de los de Dnipropetrovsk y su capitoste más relevante, el ex gobernador regional Pavlo Lazarenko, que en junio se vio obligado a cesar como primer ministro. Además, Polyakov estaba considerado un protegido del ahora defenestrado Lazarenko. El 14 de mayo de 1999 Yanukovych añadió a la presidencia de la Administración Regional la presidencia del Consejo Regional, es decir, aunó en su persona los poderes ejecutivo y asambleario del óblast.

En sus cinco años como gobernador de Donetsk, Yanukovych se ganó la confianza de Kuchma por el apoyo que brindó a su reelección presidencial en octubre de 1999 frente a un trío de adversarios izquierdistas y a la reforma constitucional, que reforzó las atribuciones presidenciales, sancionada en el referéndum de abril de 2000. Comentarios periodísticos de la época aseguraron que en 1998 el dúo Yanukovych-Ajmetov y Kuchma establecieron una especie de pacto secreto por el que el clan de Donetsk se comprometía a no incursionar directamente en la política nacional con un partido o con un candidato presidencial, y a cambio el jefe del Estado –que carecía de agrupación política propia y debía cabildear permanentemente en la Rada o Parlamento los apoyos legislativos que necesitaba- haría la vista gorda en los tejemanejes económicos del empresariado regional, que eran tan rentables como sospechosos de incurrir en un sinfín de corruptelas. Las principales irregularidades se asomaban en dos sectores estratégicos de primer orden, el del carbón del Donbass y el de la distribución del gas producido por Rusia y otras repúblicas ex soviéticas, que estaba obligado a emplear la red de ductos ucraniana –y a pagar derechos de tránsito, en metálico o en especie- para alcanzar los mercados de exportación europeos.

El Gobierno regional de Yanukovych velaba por los intereses corporativos de los industriales de Donetsk, tan ligados a los emporios rusos. Pero desde comienzos de 2000 aquellos se vieron amenazados por la gestión revisionista de la viceprimera ministra para el sector energético, Yuliya Tymoshenko, una antigua oligarca de Dnipropetrovsk que había construido un holding empresarial basado en el transporte del gas ruso y que tras la caída en desgracia de Lazarenko, su protector, había iniciado una carrera política igualmente ambiciosa. Tymoshenko, con la aquiescencia del primer ministro desde diciembre de 1999, Viktor Yushchenko, un reformista liberal que siendo gobernador del Banco Nacional de Ucrania había puesto los cimientos para la superación de la grave crisis económica y financiera a través de una mudanza monetaria, se propuso reformar drásticamente el sector energético, que se encontraba en crisis por la incapacidad de los proveedores para cubrir la demanda interna de energía y por el monto de deudas contraído por Naftohaz Ukrajiny, la compañía pública que regulaba el mercado privatizado del gas, con el socio vendedor ruso, el monopolio estatal Gazprom.

Al apostar por pagar a Gazprom los suministros para el autoconsumo en metálico en lugar de no cobrarle derechos de tránsito de sus exportaciones del hidrocarburo a Europa, por erradicar los robos de gas en tramos expuestos de los gasoductos y por suprimir también la mala costumbre de las distribuidoras nacionales, extraordinariamente lucrativa para ellas, y de muchos clientes jurídicos de cobrar y abonar las tarifas eléctricas con servicios no dinerarios o con las más diversas fórmulas de trueque -con el consiguiente perjuicio para el erario público, que dejaba de recaudar tasas-, Tymoshenko y Yushchenko tocaban el bolsillo de una serie de empresas proveedoras de servicio que desarrollaban parte de sus operaciones en la economía sumergida y amasaban inmensas fortunas privadas mediante el compadreo, los procedimientos mercantiles más heterodoxos o la corrupción pura y dura.

El lobby industrial del Donetsk, con Yanukovych controlando la esfera política y Ajmetov señoreando la económica, movió sus fichas en Kíev para intentar pararles los pies a unos responsables gubernamentales que también procedían de las élites mercantiles. La dimisión en junio de 2000 del ministro de Energía y Combustibles, Serhiy Tulub, un miembro prominente del clan, se enmarcó en esta estrategia de socavar el Gobierno, la cual aparentemente contaba con el beneplácito de Kuchma. La hostilidad de los de Donetsk contra Tymoshenko ganó virulencia después de que la viceprimera ministra anunciara la reconversión y la privatización del sector del carbón, verdadera vaca sagrada del Donbass. Fue el comienzo de una visceral enemistad entre Tymoshenko y Yanukovych, que cuatro años después iban a medirse en un espectacular pulso en el fragor de la Revolución Naranja.

Desde finales de 2000 se apreció que el grupo de influencia rusófilo fraguaba una alianza fáctica con el llamado clan de Kíev, otro colectivo muy deseoso de poder que tenía como cabeza visible al magnate financiero Viktor Medvedchuk, vicepresidente de la Rada y líder del Partido Social Demócrata de Ucrania-Unido (SDPU-o). Esta colusión de fuerzas se tradujo en la primera mitad de 2001 en las remociones sucesivas de Tymoshenko, destituida por Kuchma en enero a rebufo de unas acusaciones de corrupción formuladas en su contra por la Fiscalía General, y de Yushchenko, víctima de una moción de censura parlamentaria en el mes de abril.

Entre medio, el 3 de marzo, se constituyó formalmente el Partido de las Regiones (Partiya Rehioniv, PR) como culminación de un proceso de fusión de cinco agrupaciones más o menos próximas al Ejecutivo de Kuchma que había arrancado en julio de 2000. Los participantes eran: un sector mayoritario del Partido del Renacer Regional de Ucrania (PRVU), liderado por el alcalde de Donetsk Volodymyr Rybak; el Partido de la Solidaridad de Ucrania (PSU), liderado por Petro Poroshenko; el Partido Laborista de Ucrania (TPU), liderado por Valentyn Landyk; el Partido Nacional de Pensionistas, liderado por Andriy Kapusta; y, Por una Ucrania Bella, de Leonid Chernovetskiy. Aunque Yanukovych no aparecía como jefe fundador del partido ni por el momento ocupaba puestos en la dirección orgánica, los observadores no dudaron en presentar al PR como una criatura suya. La presidencia nominal recayó en Mykola Azarov, jefe de la agencia fiscal del Estado y un rusohablante tan acusado que lo infrecuente era oírle expresarse en ucraniano. Como brazo parlamentario del PR en una Rada ya atomizada se constituyó la facción Regiones de Ucrania, de 16 miembros, a cuyo frente se puso Rybak.

El objetivo del PR ya venía implícito en el nombre, pero el gobernador de Donetsk, por si quedaba alguna duda, lo explicó a los medios: asegurar la representación de los oblasts del este industrial y prorruso, sosteniendo sus intereses y reclamaciones, en las instituciones políticas a nivel nacional. Yanukovych fue más explícito y manifestó su deseo de que el PR obtuviera ministerios clave e incluso la jefatura del Gobierno después de las elecciones legislativas de 2002. Los regionalistas aspiraban a convertirse en el núcleo del siempre difuso y cambiante partido del poder, es decir, a brindar a Kuchma su principal soporte político, y reclamaron para sí una condición de "centro", a caballo entre las izquierdas antirreformistas que encabezaban el KPU, el cual continuaba siendo la primera fuerza de la Rada, y el SDPU-o, y el centro-derecha nacionalista y prooccidental que tenía como principales exponentes al grupo Madre Patria (Batkivshchyna) de Tymoshenko y a las dos facciones del Movimiento Popular Ruj. En realidad, Yanukovych venía acariciando este proyecto partidista desde hacía muchos años, pero los acuerdos oficiosos con Kuchma habían retardado su plasmación. Ahora, el PR se constituyó a tiempo para sumar su voto favorable en la moción de censura presentada contra Yushchenko por los comunistas y que salió adelante con el respaldo también del SDPU-o y otros cinco grupos.


2. Primer ministro del presidente Kuchma y candidato presidencial del oficialismo

Para suceder a Yushchenko Kuchma barajó entre otros a Azarov, pero la designación se la llevó el presidente de la Unión de Industriales y Empresarios Ucranianos, Anatoliy Kinaj, un hombre bien visto por Yanukovych, tal que el PR no puso inconvenientes a su investidura por la Rada el 29 de mayo. El gobernador de Donetsk se fijó la meta de obtener un gran resultado en los comicios del 31 de marzo de 2002, lo que pasaba por seducir al electorado oriental y rusófono que hasta ahora había votado en masa a los comunistas de Petro Symonenko, y en menor medida a los socialistas de Oleksandr Moroz, a los socialdemócratas de Medvedchuk y a los socialistas progresistas de Nataliya Vitrenko. En opinión de Yanukovych, todas estas formaciones estaban ancladas en el pasado y no respondían a las demandas populares de reformas y modernidad.

En diciembre de 2001 Yanukovych, que acababa de sacarse un máster en Derecho Internacional por la Academia Ucraniana de Comercio Exterior –lo que le facultó para recibir los títulos de doctor y profesor en Ciencias Económicas, y para tomar asiento en la Academia Nacional de la disciplina-, instigó la renuncia de Azarov a la presidencia del PR y su reemplazo por Volodymyr Semynozhenko, antiguo dirigente del PSU y viceprimer ministro en el Gobierno de Kinaj. A continuación, coadyuvó a la articulación del bloque electoral propresidencial Por una Ucrania Unida (ZYU), al que dieron vida el PR, el Partido Agrario de Ucrania (APU) de Myjailo Hladiy, el Partido Democrático Popular de Ucrania (NDPU) del ex primer ministro Valeriy Pustovoytenko, el Partido de los Industriales y Empresarios de Ucrania (PPPU) de Kinaj y la Ucrania Trabajadora (TU) de Serhiy Tyhypko, una formación vinculada a los intereses económicos de Dnipropetrovsk. Como cabeza de lista del ZYU fue escogido Volodymyr Lytvyn, el jefe de la Administración Presidencial de Kuchma, y como segundo el primer ministro Kinaj.

El sistema electoral ucraniano, de tipo mixto, con la mitad de los 450 escaños de la Rada adjudicados por el sistema proporcional y la otra mitad disputados por el sistema mayoritario en las circunscripciones uninominales, favoreció sobre todo al ZYU, que gozaba de predicamento en las regiones al este del río Dniéper y en todo el flanco sudoriental, y que tenía su bastión incontestable en el Donbass, el feudo de los regionalistas. Así, aunque con el 11,8% de los sufragios el ZYU fue la tercera fuerza más votada en la competición de listas, quedando por detrás del KPU, sus candidatos individuales arrasaron en Donetsk y Luhansk, y lo hicieron francamente bien en los demás oblasts rusófonos. El ZYU sólo cosechó 35 escaños por el sistema proporcional, pero 67 por el mayoritario, dando lugar a una fuerza parlamentaria de 102 diputados, 36 más que los comunistas y sólo 10 menos que el vencedor de la jornada, el Bloque Nuestra Ucrania (BNU) de Yushchenko, una coalición de 10 partidos que obtuvo el 23,6% de los votos. Entre ellos figuraba la agrupación de Poroshenko, Solidaridad, que se había pasado a las filas opositoras en diciembre.

Tras las elecciones, Yanukovych, a través de sus lugartenientes en Kíev, maniobró hábilmente para convertir al ZYU en el principal bloque de la Rada, captando para sus filas por métodos de ética dudosa a varias decenas de diputados que habían sido elegidos como independientes (95) o en las circunscripciones uninominales. Una mezcolanza de seducciones, chantajes y, probablemente también, sobornos conformó una mayoría propresidencial de 182 legisladores, sin contar a los socialdemócratas. A continuación, Yanukovych, Lytvyn y Semynozhenko negociaron con el SDPU-o, que había tenido un rendimiento electoral mediocre -24 diputados-, el reparto de los puestos clave del hemiciclo. Lytvyn se llevó la presidencia de la Rada, su conmilitón Hennadiy Vasilyev la vicepresidencia primera y el socialdemócrata Oleksandr Zinchenko la vicepresidencia segunda. Kuchma reveló a las claras que él era un coartífice de la componenda al nombrar a Medvedchuk en lugar de Lytvyn para dirigir la Administración Presidencial. Se estaba fraguando un nuevo partido del poder, más consistente que los anteriores, nucleado en torno al PR y el SDPU-o.

Todos estos movimientos constituían un grosero falseamiento del resultado electoral y enfurecieron a los partidos de la oposición liberal y prooccidental, que denunciaron la "usurpación" y el "golpe de mano de los oligarcas". Yushchenko, más moderado que Tymoshenko, insistió en que el nuevo Gobierno debía ser de concentración, con presencia de los partidos propresidenciales y los de la oposición, pero Kuchma hizo oídos sordos. A finales de octubre la situación estaba madura para que la nueva mayoría parlamentaria formada por los partidos del ZYU y el SDPU-o ofreciera a Kuchma cuatro candidatos para el puesto de primer ministro. El grupo Opción Europea propuso a Mykola Azarov, el grupo Opción Popular al actual viceprimer ministro primero, Oleh Dubyna, el PPPU, el SDPU-o y TU apostaron por la renovación de Kinaj, y Regiones de Ucrania presentó la postulación de Yanukovych.

El 16 de noviembre de 2002, cumpliendo el pronóstico que la oposición venía abonando desde la constitución de la Rada en mayo, el presidente despidió a Kinaj y nombró a Yanukovych primer ministro, el décimo desde la independencia nacional 11 años atrás. El 21 de noviembre el hasta ahora gobernador de Donetsk fue investido por la Rada con una mayoría de 234 votos, ocho más de los requeridos, depositados por los diputados de las nueve facciones propresidenciales dispuestas a cooperar con el nuevo Gobierno (más un puñado de legisladores de la oposición que rompieron la disciplina de grupo): tres facciones mayoritarias, representando a los intereses empresariales de otras tantas regiones, que eran la coalición TU-PPPU (Dnipropetrovsk, 42 escaños), el SDPU-o (Kíev, 39 escaños) y Regiones de Ucrania (Donetsk, 37 escaños); y seis minoritarias que no llegaban a funcionar como grupo de presión político-económico-regional, pero que eran fieles al oficialismo, cuales eran Iniciativas Democráticas (22), Opción Europea (20), el NDPU (16), el APU (16), Poder Popular (16) y Opción Popular (15). No se registró ningún voto en contra porque las cuatro fuerzas que se consideraban en la oposición, el BNU, el Bloque Electoral de Tymoshenko (BYuT), el KPU de Symonenko y el SPU de Moroz, boicotearon la sesión ausentándose de la Cámara.

El flamante primer ministro explicó su deseo de encabezar un gobierno estable y cooperativo con el Parlamento, algo fundamental en un país donde "todo el mundo" estaba "enfermo de inestabilidad", y capaz de "reforzar las dinámicas positivas y el ritmo de la recuperación económica". Este progreso, continuaba Yanukovych, debía "enviar al mundo la señal de que Ucrania está desarrollándose con rapidez y transformándose en un país democrático". A últimos de mes completó la alineación del Gabinete, donde fueron renovados los titulares de Exteriores (Anatoliy Zlenko), Defensa (Volodymyr Shkidchenko), Interior (Yuriy Smyrnov) y Justicia (Oleksandr Lavrynovych), y destacaba la incorporación de Azarov como viceprimer ministro primero y ministro de Finanzas. El 7 de diciembre el primer ministro y los cabezas de las nueve facciones parlamentarias afines firmaron un acuerdo político de cooperación. El reparto de cotas de poder entre los jefes de la nueva alianza oficialista alcanzó al líder del grupo parlamentario TU-PPPU, Serhiy Tyhypko, que fue nombrado por Kuchma gobernador del Banco Nacional.

El Gobierno de Yanukovych presentó a la Rada unos presupuestos generales deficitarios que incidían en el gasto social, aunque a los comunistas no les pareció suficiente, y fue un agente motor de la orientación prorrusa que tomó la política exterior de Ucrania, tendencia que fue adquiriendo nitidez a medida que crecían las críticas occidentales al régimen de Kuchma, altamente sospechoso de estar detrás del rosario de actos criminales que en los últimos años habían costado la vida a destacados banqueros, políticos e informadores, alcanzado repercusiones explosivas la desaparición y asesinato en septiembre de 2000 del periodista Heorhiy Gongadze, y en cualquier caso responsable de un deterioro de la calidad democrática del sistema político por los acentos autoritarios, oligárquicos y restrictivos de la libertad de expresión. La aproximación al presidente ruso, Vladímir Putin, con quien Yanukovych podía tratar sin los recelos que caracterizaban a Kuchma, se guió también por la convicción de que el respaldo de Moscú era imprescindible para que el oficialismo pudiera ganar las elecciones presidenciales de 2004, fuera quien fuera su candidato, a una oposición reorganizada y crecida.

En sus viajes al exterior, Yanukovych fue constatando los límites de la "diplomacia multivectorial" acuñada por Kuchma, que había fundado unas expectativas exageradamente optimistas sobre los ingresos del país en la Unión Europea (UE) y en la OTAN en algún momento de la próxima década. Las abiertas simpatías del primer ministro, sin dejar por ello de sostener la doble apuesta euro-atlántica, por la integración comercial con Rusia en el seno de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) empujaron a Kuchma en septiembre de 2003 a firmar en Yalta un Tratado de Espacio Económico Único junto con sus homólogos de Rusia, Bielarús y Kazajstán. Otro acuerdo bilateral con Rusia para formar un consorcio de transporte de gas a Europa occidental fue visto como una concesión de Kuchma a Putin a cambio de su apoyo político, pero también como un gran éxito de las corporaciones industriales de la Ucrania oriental.

El 19 de abril de 2003 los delegados del V Congreso del PR eligieron por unanimidad a Yanukovych para presidir el partido en lugar de Semynozhenko. La conversión de su liderazgo partidario de hecho en un liderazgo de derecho, haciéndose flanquear en la cúpula por sus lugartenientes Azarov y Rybak, alimentó la suposición general de que el primer ministro albergaba ambiciones presidenciales, aunque entonces no se descartaba que Kuchma encontrase la fórmula que en 2004 le permitiría sortear la prohibición constitucional de servir un tercer mandato consecutivo. En efecto, Kuchma diseñó una estrategia reeleccionista consistente en el cambio de la modalidad de elección del presidente, que pasaría a ser competencia de la Rada, y en el recorte de sus amplios poderes ejecutivos, en beneficio del Consejo de Ministros y el Legislativo.

Puesto que la reforma constitucional se aplicaría en 2006, se abría la puerta para el retraso hasta ese año de las elecciones presidenciales que tocaban en 2004, haciéndolas coincidir con las legislativas. Cundió la sospecha de que Kuchma, pese a sus repetidos mentís, se disponía a prolongar su presidencia dos años más de alguna manera, bien automáticamente, para cubrir la "interinidad" hasta 2006, bien presentándose a la reelección si las votaciones, que serían las últimas directas, se celebraban finalmente en 2004. En diciembre de 2003 el Tribunal Constitucional abonó las suspicacias de la oposición con un pronunciamiento que habilitaba a Kuchma para presentarse de nuevo si lo deseaba porque, a su entender, la cuenta de los mandatos presidenciales de cinco años empezaba en 1999 ya que la elección de 1994 había tenido lugar sin estar promulgada la Carta Magna.

Sin embargo, en febrero de 2004, la Rada eliminó del paquete legislativo de la reforma política el punto concerniente a la modalidad de la elección presidencial. Finalmente, habría elecciones presidenciales este año, el 31 de octubre, y serían directas al igual que las siguientes, que tendrían lugar en 2009 y no en 2006. Esta derrota obligó al oficialismo a definir como candidato presidencial a Yanukovych, quien no se molestó en suspender su ejercicio gubernamental para excusar imputaciones de jugar con ventaja desde su posición de poder. La postulación del primer ministro tomó vuelo en junio luego de zanjar Kuchma las últimas dudas sobre su decisión de no presentarse y de que el Tribunal de Apelaciones Regional de Donetsk confirmara, muy oportunamente, que las viejas sentencias a penas carcelarias habían sido anuladas en 1978 por tratarse de "errores judiciales".

Casi al mismo tiempo se produjo el anuncio de la adjudicación del contrato de privatización de Kryvorizhstal, la mayor acería del país, a la Unión de Inversiones Metalúrgicas, un consorcio participado por Rynat Ajmetov, considerado el hombre más rico del país, y por Viktor Pinchuk, yerno de Kuchma, por el precio de 4.260 millones de hryvnyas, al cambio 800 millones de dólares. La subasta desató una vasta polémica porque ya el precio de salida de la puja, 3.800 millones de hryvnyas, se antojaba bastante inferior al valor real de la empresa, y porque la oferta lanzada por Ajmetov y Pinchuk era inferior en varios cientos de millones de dólares a las realizadas por compañías interesadas de Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido.

El 4 de julio Yanukovych fue oficializado como el candidato presidencial del PR y se lanzó a librar una campaña electoral que iba a estar caracterizada por una dureza dialéctica y una polarización social sin precedentes. Su gran contrincante era el muy popular Yushchenko, candidato unitario de todo el arco opositor del centro-derecha liberal, coaligado como Fuerza del Pueblo. Lo que el 31 de octubre iba a dirimirse en las urnas era algo más que un duelo entre candidatos y personas: se trataba de la confrontación de dos proyectos de país, los encarnados por Yanukovych y por Yushchenko, que en muchos aspectos parecían antagónicos. Por otro lado, los intentos de contraponer el atractivo físico y el aire cosmopolita del antiguo primer ministro a la atribuida tosquedad gestual e intelectual del titular actual, que fue acusado incluso de no hablar ni escribir correctamente el idioma ucraniano, no resultaron efectivos en los populosos oblasts orientales, donde quienes causaban irritación eran los dirigentes liberales de la Ucrania occidental.

Confiado en los multitudinarios mítines de apoyo en su terruño de Donetsk y en unos sondeos propios que contradecían la situación desventajosa frente a Yushchenko que le otorgaban la mayoría de las encuestas elaboradas por medios de comunicación e institutos de demoscopia, Yanukovych presentó un programa en el que hacía hincapié en la mejora de los bajos estándares de vida de los ucranianos y promesas concretas como sendas subidas de los salarios y las pensiones más bajos, aprovechando los fondos generados por las privatizaciones, y un abaratamiento del pan, en plena crisis de la producción nacional de trigo.

Asimismo, vislumbró una batería de reformas constitucionales, judiciales, administrativas y militares dirigidas a "desarrollar la democracia y los gobiernos locales, proteger los derechos y libertades civiles, y mejorar la seguridad nacional del Estado". En cuanto a la añeja reclamación lingüística de los oblasts rusófonos, manifestó su deseo de que el ruso fuera "el idioma de los negocios en Ucrania y el segundo idioma del Estado". En política exterior, tendió a priorizar la cooperación económica en la esfera de la CEI sobre la inserción en las estructuras euro-atlánticas. Sus afirmaciones de que Ucrania "no estaba preparada" (lo que objetivamente, en términos técnicos, era cierto) para entrar en la OTAN y necesitaba "un cambio de táctica" en sus relaciones con la UE empujaron a Yushchenko a advertir contra el "renacer neosoviético" en Ucrania, a la vez que agradaron en Rusia, donde Putin y los jerarcas del Kremlin comenzaron a enviar ostentosas señales de respaldo al primer ministro.

La plataforma de apoyos partidistas a Yanukovych empezó a articularse en febrero como una "coalición de fuerzas democráticas" que incluía a los socialdemócratas de Medvedchuk, los agrarios de Lytvyn, los populardemócratas de Pustovoytenko y los laboristas de Tyhypko, quien fue nombrado jefe de la campaña presidencial. La lista de adherentes a la candidatura creció hasta los 25 partidos, todos los cuales suscribieron el 24 de julio un manifiesto para la puesta en marcha del bloque electoral Juntos por el Futuro y el sometimiento a unos principios de "transparencia, tolerancia y consenso". Yanukovych, a pesar de las abrumadoras muestras de la movilización en su favor de la maquinaria del Estado, de los medios de difusión públicos y de los medios privados de los grupos empresariales afines al partido del poder, prometió unas elecciones "libres y limpias". Sin embargo, desestimó la propuesta de Yushchenko de que todos los candidatos firmaran una declaración de compromiso con la limpieza electoral por parecerle un "convencionalismo": "Si un hombre es honesto, lo es en el alma", afirmó.

La tensión preelectoral se disparó a finales de septiembre con la agresión sufrida por Yanukovych en un acto de campaña en una universidad en la ciudad de Ivano-Frankivsk, en el extremo occidental del país, donde unos manifestantes hostiles le arrojaron huevos y objetos más contundentes, uno de los cuales le impactó en la cabeza y le mandó a la sala de urgencias de un hospital, donde se le curó una herida superficial. Sin embargo, mucho más grave resultó el envenenamiento deliberado con dioxinas del que fue objeto Yushchenko, que le desfiguró el rostro y puso en peligro su vida. Los colaboradores del candidato de la Fuerza del Pueblo denunciaron una conspiración criminal y señalaron al oficialismo como ejecutor o inductor del atentado, pero Yanukovych rechazó de plano las insinuaciones de que él o cualquier miembro del Gobierno o de su movimiento político tuvieran algo que ver en el síndrome que afectaba a su adversario.

El caso fue que el aparente intento de asesinato o incapacitación de Yushchenko sólo consiguió aumentar sus posibilidades de victoria, que las encuestas vaticinaban como provisional en la primera vuelta y definitiva en la segunda. Por el triunfo del aspirante opositor apostaron con mayor o menor discreción los países de la UE y Estados Unidos, pero el respaldo de Rusia a Yanukovych fue expreso y manifiesto, hasta el punto de que escasos días antes de las elecciones Putin se desplazó a Kíev para darle su espaldarazo personal. Entre el 26 y el 28 de octubre el mandatario ruso estrechó las manos a Kuchma y Yanukovych, les elogió en la televisión y compartió tribuna con ellos en el desfile militar conmemorativo del sexagésimo aniversario de la liberación de Ucrania de los nazis por el Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial.


3. De damnificado por la Revolución Naranja a triunfador en las elecciones legislativas
En estas tensas circunstancias se llegó a la votación del 31 de octubre, cuyo desarrollo fue vigilado por 4.000 monitores internacionales. Con una participación del 76% y al cabo de un parsimonioso escrutinio que se prolongó hasta el 10 de noviembre, la Comisión Electoral Central (CEC) situó a Yushchenko en cabeza con el 39,9% de los votos; pisándole los talones aparecía el candidato del PR, con el 39,3%. Eliminados para la segunda vuelta quedaron los izquierdistas Moroz (5,8%), Symonenko (5%) y Vitrenko (1,5%). Otros 18 candidatos, entre los que estaba el ex primer ministro Kinaj, que se había descolgado de la plataforma pro Yanukovych, no superaron el 1% de los votos. Los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) denunciaron irregularidades y consideraron que la primera ronda había incumplido un "considerable número" de requisitos democráticos, fundamentalmente el disfrute por la propaganda de Yanukovych de un flagrante privilegio con cargo a los recursos del Estado.

La votación del 21 de noviembre registró un índice de participación muy elevado, el 79%. Los primeros resultados facilitados por la CEC dando a Yanukovych la victoria por una diferencia de casi seis puntos soliviantaron a los votantes de Yushchenko, que se echaron a las calles de Kíev y otras ciudades luciendo prendas y agitando banderas de color naranja, el color escogido por Fuerza del Pueblo para simbolizar su alternativa política. El candidato provisionalmente perdedor denunció que el avance de porcentajes del escrutinio oficial no era creíble y que en Ucrania estaba en curso un "golpe de Estado iniciado en el cuartel general de Yanukovych en Donetsk", por lo que solicitó la anulación de los comicios en cierto número de circunscripciones problemáticas y una sesión de emergencia de la Rada. Yanukovych, con la satisfacción de tener ya las felicitaciones de Putin, reaccionó calmoso y conciliatorio. Con tono de presidente in péctore agradeció a sus electores por haber "votado por la paz, la estabilidad y la democracia", y a quienes habían votado por su adversario les prometió que "su visión de Ucrania" sería tomada en cuenta por el nuevo liderazgo: "No quiero que piensen que son perdedores", manifestó.

Independientemente de si el fraude había sido mayor o menor, y de si éste iba a ser determinante en la adjudicación de la Presidencia, las elecciones pusieron de manifiesto una vez más la división del voto geográfico: las populosas regiones situadas al este del Dniéper o cruzadas por el río en su tramo meridional –Jarkiv, Luhansk, Donetsk, Dnipropetrovsk, Zaporizhzhya, Jerson y Crimea-, así como las dos costeras al oeste de dicha cuenca –Mykolayiv y Odessa-, votaron Yanukovych en un porcentaje no inferior al 50%. Exactamente lo mismo cabía decir de los 16 restantes oblasts del país que se decantaron mayoritariamente por Yushchenko. Los extremos de este cisma, preocupante para cualquiera que fuera el sucesor de Kuchma, estaban en los centros urbanos de Donetsk al este y Ternopil al oeste, donde más del 90% de los votantes se decantaron por el primer ministro en el primer caso y por su predecesor en el puesto en el segundo. En Kíev, el 75% votó por Yushchenko.

Desde el 22 de noviembre, decenas de miles de partidarios de Yushchenko se instalaron permanentemente en el centro histórico de Kíev siguiendo su consigna de organizar un "movimiento de resistencia". El 23 de noviembre, galvanizado por la denuncia de la OSCE sobre "serias irregularidades" en la segunda vuelta, incluidos episodios de violencia e intimidación contra observadores, miembros de los colegios y votantes, por la amenazas de Estados Unidos y la UE a Kuchma con consecuencias en las relaciones bilaterales si el Gobierno no investigaba las acusaciones de abuso y fraude, y por las declaraciones de lealtad de las asambleas municipales de Kíev y otras importantes ciudades occidentales, Yushchenko, tras fracasar en el intento de que la Rada aprobara una moción de rechazo a los resultados electorales, escenificó la jura del cargo presidencial en un acto tan inválido a efectos jurídicos como peligroso, ya que suponía un desafío abierto a las autoridades.

Yushchenko insistió en ofrecer una salida pacífica a la crisis consistente en la anulación de los resultados y la repetición en el plazo de unos meses de la segunda vuelta con las debidas garantías de "limpieza y transparencia". La respuesta del poder fue, el 24 de noviembre, anunciar los datos definitivos del escrutinio, que confirmaban el triunfo de Yanukovych, aunque por un margen recortado de votos: había obtenido el 49,46% de los sufragios frente al 46,61% de su adversario. Ese mismo día, en la apertura de un Consejo de Ministros, un imperturbable Yanukovych aseguró que "nada extraordinario" estaba sucediendo en el país.

Yushchenko rechazó de plano el informe de la CEC, se reafirmó en sus denuncias de fraude, convocó una "huelga política general" para paralizar el país como medio de presión y anunció la creación de un Comité de Salvación Nacional (KNP) "para defender la democracia". El 25 de noviembre, el bloque opositor se apuntó una victoria táctica al ordenar el Tribunal Supremo la suspensión de la publicación de los resultados oficiales por el Gobierno, hasta que se pronunciara sobre las irregularidades notificadas. el conflicto. La que vino a llamarse la Revolución Naranja estaba en marcha en Ucrania, y para contrarrestarla Yanukovych movilizó a sus huestes en el este.

Aunque la confrontación política era máxima y existían riesgos de enfrentamiento civil, la efusión de violencia pudo ser evitada gracias al ejemplar sentido cívico de los manifestantes de uno y otro signo, a la urgente intervención diplomática internacional y, como resultado de la misma, a la renovada disposición de los dirigentes enfrentados al diálogo. El 26 de noviembre, una misión mediadora de dirigentes europeos encabezada por el alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la UE, Javier Solana, dio lugar a una mesa redonda en la que Yanukovych, Yushchenko y Kuchma acordaron establecer un grupo de trabajo mixto para solucionar el trance por medios pacíficos, aunque la transacción se reveló una meta en extremo dificultosa. En los días posteriores al primer cara a cara de los tres líderes involucrados en la crisis poselectoral y en paralelo a las conversaciones del grupo de trabajo, la tensión revivió con fuerza por una serie de actuaciones unilaterales.

El 27 de noviembre, la Rada, con la ausencia de los diputados oficialistas y comunistas, declaró inválida la segunda ronda electoral. El 28 de noviembre, el primer ministro asistió en Severodonetsk, Luhansk, a un congreso que reunió a 4.000 alcaldes y concejales de 15 oblasts del país y en el que fue aclamado como el presidente legalmente elegido. El protagonista de la asamblea, sin embargo, se distanció de la propuesta de celebrar el 12 de diciembre un referéndum sobre la creación de una "autonomía del sudeste". La misma actitud esquiva mostró en una reunión del Consejo Regional de Donetsk, celebrada ese mismo día, donde se llamó a refrendar en las urnas el 5 de diciembre una propuesta de reforma constitucional para que Ucrania se convirtiera en un Estado federal y Donetsk adoptara el estatus de república. Más aún, Yanukovych exhortó a sus enardecidos partidarios a que se abstuvieran de tomar "medidas radicales", ya que "si se derrama la primera gota de sangre, entonces ya no podremos pararlo". El dirigente era consciente de que un presidente electo que no era reconocido por la mitad del país ni en el extranjero salvo en Rusia y Bielarús difícilmente podía aspirar a la legitimidad institucional si se mezclaba en una campaña plebiscitaria, por poca credibilidad que ésta tuviera, que ponía en cuestión la unidad del Estado, un principio consagrado en la Constitución.

La reacción fulminante del KNP a los acontecimientos en el Donbass fue conceder a Kuchma un plazo de 24 horas para que destituyera a Yanukovych como primer ministro y a los gobernadores regionales (los de Donetsk, Luhansk y Jarkiv) comprometidos con la "ruptura de Ucrania", y para que ordenara al fiscal general la apertura inmediata de una investigación contra los "secesionistas". El 29 de noviembre, el Tribunal Supremo admitió a trámite el recurso de impugnación electoral presentado por Yushchenko, decisión judicial que inclinó tímidamente a su favor la balanza del conflicto.

Desde el 1 de diciembre, lentamente, empezó a desactivarse la crisis. Mientras la Rada sacaba adelante, al segundo intento, una moción de censura contra Yanukovych con 229 votos favorables, el grupo de trabajo Gobierno-oposición, con el auspicio de los mediadores internacionales, acordó convocar unas nuevas elecciones presidenciales cuyas características, candidaturas y fechas serían determinadas en consonancia con el inminente fallo del Tribunal Supremo. A cambio, Yushchenko aceptaba el desbloqueo de los edificios administrativos por sus partidarios y el sometimiento a la Rada de un paquete legislativo que incluía la tan traída y llevada reforma constitucional para redistribuir los poderes del Ejecutivo; en adelante, la institución suprema sería el Consejo de Ministros, responsable ante el presidente y el Parlamento, del cual emanaría y a cuyo control se sometería. Yushchenko también transigió con la generalización del sistema proporcional sobre listas partidarias en las elecciones parlamentarias, que era uno de los puntos principales de programa de Yanukovych.

De manera simultánea, el anuncio por Yanukovych de que no se oponía a repetir las elecciones en aquellas circunscripciones donde se comprobara la comisión de fraude y de que estaba dispuesto, si su victoria electoral era confirmada por el Supremo, a proponer a su archirival para el cargo de primer ministro revestido de atribuciones reforzadas, y, más importante, la sugerencia por Kuchma de que podrían repetirse las elecciones íntegramente como la única salida "para preservar la paz" del país, fueron indicios de que el oficialismo se avenía a contemporizar.

El 3 de diciembre el Tribunal Supremo, para disgusto de Yanukovych, confirmó que la ronda del 21 de noviembre había estado trufada de casos de fraude en perjuicio de Yushchenko y que la CEC se había precipitado en el anuncio de resultados oficiales sin antes examinar las denuncias recibidas, por lo que declaró nula esta votación y fijó su repetición el 26 de diciembre. El fallo del Supremo supuso una doble victoria para un eufórico Yushchenko, ya que el alto tribunal optaba por su fórmula de la "tercera ronda" en vez de volver al punto de partida y hacer que volvieran a enfrentarse las múltiples candidaturas que tomaron parte en la votación del 31 de octubre, cual era la pretensión de Kuchma y Putin, los cuales fijaron su posición común en Moscú en una visita relámpago realizada por el primero el 2 de diciembre. El primer ministro no tuvo más remedio que transigir.

Yanukovych volvió a reunirse con Yushchenko en mesa redonda, pero muy debilitado por los últimos acontecimientos. El 7 de diciembre, a su solicitud, Kuchma le liberó temporalmente de las funciones de primer ministro para que pudiera volcarse en la nueva campaña electoral. Yanukovych la libró a la defensiva y envuelto en una atmósfera un tanto derrotista, quejándose del "paulatino golpe de Estado anticonstitucional" que se estaba "cometiendo" en el país y marcando las distancias de Kuchma, quien con sus últimos posicionamientos parecía haberle dejado en la estacada, y al que se refirió implícitamente como el cabeza de un "viejo poder" que era necesario desplazar por un "nuevo poder".

El 26 de diciembre Yanukovych fue vencido por Yushchenko, pero por un margen bastante más corto del augurado: el 51,99% de los votos frente al 44,19%. Esos menos de ocho puntos de diferencia animaron a Yanukovych a no reconocer su derrota. El 28 de diciembre reasumió sus funciones gubernamentales, desempeñadas en el ínterin por el viceprimer ministro Azarov, e impugnó los resultados ante el Tribunal Supremo porque se habían producido "violaciones de la Constitución y de los Derechos Humanos". No opinaban lo mismo la CEC, que habló de "irregularidades sin importancia", y la OSCE, que se felicitó porque esta votación se hubiera "acercado mucho más a los estándares" de la organización. El Supremo no tardó en rechazar los recursos presentados por Yanukovych, quien el 31 de diciembre, a regañadientes, resignó como primer ministro en asunción de la moción de censura de primeros de mes.

Yanukovych arrojaba la toalla, pero convencido de ser el "ganador legítimo" de las elecciones presidenciales y prometiendo una "oposición dura" a Yushchenko, con el que no cooperaría "bajo ninguna circunstancia", así como una resonante victoria de su partido en las legislativas de 2006. El 10 de enero de 2005 Yushchenko fue proclamado por la CEC vencedor oficial de los comicios presidenciales, el 23 de enero inauguró su mandato quinquenal y un día más tarde nombró primera ministra a su aliada Tymoshenko.

Viktor Yanukovych está casado con Lyudmyla Oleksandrivna, una titulada en ingeniería de la construcción, y es padre de dos hijos. En su biografía se citan como aficiones el tenis, la caza y la cría de palomas.


4. Pacto con el presidente Yushchenko y regreso a la jefatura del Gobierno

(Epígrafe en previsión)

(Cobertura informativa hasta 1/2/2005)



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