1. Una rauda carrera política en el Partido Laborista Noruego
2. Salto a la jefatura del Gobierno en 2000
3. Paso a la oposición y segunda elección como primer ministro
1. Una rauda carrera política en el Partido Laborista NoruegoLa educación política del futuro dirigente comenzó desde la más temprana edad en su propia casa, donde recibía el estímulo constante de sus dos progenitores, ambos miembros eminentes del Partido Laborista Noruego (Det norske Arbeiderparti, DNA). El padre, Thorvald Stoltenberg, nacido en 1931 y con ancestros alemanes, ya poseía un brillante historial diplomático y gubernamental antes de convertirse en 1979 en ministro de Defensa del Gobierno que presidía Odvar Nordli, en teniente de alcalde de Oslo seis años más tarde y en ministro de Asuntos Exteriores en 1987 con la primera ministra
Gro Harlem
Brundtland.
La madre, Karin Stoltenberg, nacida también en 1931, fungió de secretaria de Estado en varios ministerios entre 1986 y 1989; una hermana de ésta, tía por tanto del muchacho, Marianne Heiberg, era una experta en política de Oriente Próximo y funcionaria de la ONU que tuvo como segundo marido a Johan Jørgen Holst, a su vez otro insigne político y diplomático del DNA, dos veces ministro de Defensa y por último, desde 1993 hasta su muerte en 1994, ministro de Exteriores, puesto en el que se destacó como uno de los principales muñidores de los Acuerdos de Paz negociados en Oslo por Israel y la OLP.
Jens se formó en la Escuela Catedralicia de Oslo (Oslo katedralskole), una de las más acreditadas casas de estudios del país,
e inició su militancia laborista en la Liga Juvenil Obrera (Arbeidernes Ungdomsfylking, AUF), el frente de juventudes del
partido. En 1979, ostentado el mando orgánico del partido Reiulf Steen, tomó asiento en la junta central de la AUF para seis
años más tarde convertirse en líder de la organización juvenil. Hasta 1989, cuando entregó el testigo a Turid Birkeland, a la
sazón futura ministra de Cultura, simultaneó esta labor con la de vicepresidente de la Internacional de Juventudes Socialistas.
En 1981 se puso al frente de la Secretaría de Información de la sección del partido en Oslo, en 1985 entró en su Comisión Ejecutiva y entre 1990 y 1992, cuando su padre ya había abandonado la política municipal y retomado los cometidos diplomáticos al más alto nivel, presidió la propia sección capitalina. En el terreno profesional extrapolítico, entre 1979 y 1981 trabajó de periodista a tiempo parcial para el diario laborista
Arbeiderbladet y de 1989 a 1990, tras obtener en 1987 el título de economista, impartió docencia en la Universidad de Oslo.
Familiarizado con la política gubernamental desde que en 1986 Harlem Brundtland, al estrenar su segundo ejercicio como
primera ministra y siendo ya la líder del DNA, le llamara para dirigir los trabajos de la Comisión sobre el Papel del Hombre
en la Sociedad y entre 1989 y 1990 aplicara sus conocimientos económicos en el Departamento de Análisis del Instituto
Nacional de Estadística (SSB), en noviembre de 1990, con 31 años, Stoltenberg se convirtió en el titular de la Secretaría de
Estado del Ministerio de Medio Ambiente, teniendo como superior directo al ministro Thorbjørn Berntsen y por encima de éste a
Brundtland, que saltó a la jefatura del Gobierno por tercera en nueve años vez a raíz de la temprana ruptura del ejecutivo de
coalición presidido por el conservador Jan Peder Syse.
El nombramiento de Jens coincidió con el regreso de su padre al Consejo de Ministros, donde retomó la cartera de Exteriores.
Además, para entonces, él ya llevaba un año tomándole el pulso a la actividad parlamentaria como diputado suplente del
Storting, que había sido renovado en las elecciones de septiembre de 1989. No contento con adquirir experiencia a toda
velocidad en las políticas local, legislativa y gubernamental, engrosó su precoz currículum con una membresía en la Comisión
Noruega de la Defensa. En 1991 abandonó el Ministerio de Medio Ambiente y se concentró en la actividad parlamentaria como
miembro del Comité de Asuntos Sociales.
La carrera política del joven treintañero hizo un brinco de envergadura en la Convención Nacional laborista celebrada en Oslo
del 5 al 8 de noviembre de 1992. Fue entonces cuando, en paralelo a la entrega por Brundtland del liderazgo del partido al
hasta entonces secretario de la formación, Thorbjørn Jagland, y la aprobación de un manifiesto favorable al ingreso de
Noruega en la Comunidad Económica Europea, Stoltenberg adquirió el rango de vicelíder al igual que Hill-Marta Solberg,
alcaldesa de una localidad del norte del país. El nuevo triunvirato de dirigentes en el segundo escalafón del liderazgo del
DNA quedó completado con la elección de Dag Terje Andersen, secretario de Estado en el Ministerio de Asuntos Sociales, para
sustituir a Jagland en la Secretaría del partido. Stoltenberg era el más joven y brillante de los tres, no tardando en
perfilarse como la mano derecha de Jagland. Para la opinión pública, el hijo de Thorvald Stoltenberg -quien en abril de 1993
cesó como ministro de Exteriores para servir de alto representante de la ONU en el conflicto de Bosnia-Herzegovina- tenía
madera de futuro primer ministro de Noruega.
Stoltenberg ganó el escaño de diputado por Oslo en las elecciones generales del 12 y el 13 de septiembre de 1993, que el DNA
volvió a ganar con una ligera subida con respecto a los comicios de 1989, pero lejos aún de la mayoría absoluta, luego el
Ejecutivo monocolor iba a seguir siendo de minoría. El 7 de octubre Brundtland formó un nuevo gobierno –el primero por
méritos propios, ya que los establecidos en 1981, 1986 y 1990 habían sido el resultado de la dimisión del primer ministro
precedente- en el que Stoltenberg recibió el puesto de ministro de Industria y Energía, donde reemplazó al dimitido Finn
Kristensen. El 25 de octubre de 1996, dos años después de perder el Gobierno el referéndum sobre el ingreso de Noruega en la
Unión Europea, Brundtland renunció como primera ministra en favor de Jagland, que se ocupó de promocionar a Stoltenberg en el
Gabinete dándole un cargo de la mayor responsabilidad, el Ministerio de Finanzas. Sustituía en el mismo a Sigbjørn Johnsen,
que remontaba la titularidad a 1990.
2. Salto a la jefatura del Gobierno en 2000
La labor de Stoltenberg como ministro de Finanzas, que resultó bastante grata gracias a los excepcionales superavits en los
presupuestos del Estado y la cuenta corriente -que eran el resultado de años de austeridad en el gasto público y de la
bonanza de los ingresos por la exportación de hidrocarburos- no cumplió, empero, el año de vida, ya que en las elecciones
generales del 15 de septiembre de 1997 el DNA, con el 35,2% de los votos y 65 escaños, no alcanzó el listón del 36,9% de los
sufragios que Jagland se había marcado, sintiéndose obligado el líder laborista a ceder el poder a la oposición de
centro-derecha. Como resultado, el 17 de octubre, los partidos Popular Cristiano (Kristeleg Folkeparti, KrF), de Centro
(Senterpartiet, Sp) y Liberal (Venstre) formaron un Gabinete de franca minoría cuya jefatura asumió un dirigente de la
primera formación, el ex ministro de Exteriores
Kjell Magne
Bondevik.
Stoltenberg continuó descollando en la primera línea de la política nacional como vicelíder del DNA y jefe del Comité
parlamentario de Asuntos de Petróleo y Energía. En febrero de 2000, en la conferencia anual del partido, Jagland anunció a
sus correligionarios que no sería el cabeza de lista y por ende candidato a primer ministro en las próximas elecciones
generales, que tocaban celebrar en septiembre de 2001, y propuso a Stoltenberg para realizar ese reto. Jagland fundaba su
decisión en las últimas encuestas, que auguraban unos resultados históricamente pésimos al DNA y que situaban a su
número
dos como el dirigente laborista mejor valorado.
Justo un mes más tarde, el 10 de marzo, se produjo la caída del Gobierno tripartito de Bondevik al perder en el Storting una votación sobre la conveniencia o no de construir centrales térmicas de gas para la producción de electricidad. En la línea conservacionista que les caracterizaba, los popularcristianos se oponían a las centrales térmicas porque al producir grandes
cantidades de dióxido de carbono arriesgarían el compromiso adquirido por Noruega en la Conferencia de Kyoto de 1997 de
reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero un 23% para el año 2010, así que recomendaban buscar una solución menos
contaminante. Aun conscientes de su posible impacto medioambiental, los laboristas, y Stoltenberg con especial énfasis,
consideraban ineludible este proyecto con el fin de superar la dependencia energética exterior, que se manifestaba sobre todo
en las importaciones de electricidad de Dinamarca.
Los procedimientos de la democracia parlamentaria noruega actuaron con la suavidad y la diligencia acostumbradas. El mismo 10
de marzo Bondevik presentó la dimisión ante el Consejo de Estado encabezado por el rey
Harald V y acto seguido
el monarca encomendó a Stoltenberg, por tratarse del candidato propuesto por el partido que poseía el mayor grupo
parlamentario, la formación de un gobierno que, como todos los basados en el DNA desde 1961, sólo podía ser de minoría. El 17
de marzo de 2000 Stoltenberg, con 41 años recién cumplidos –el día anterior, concretamente-, se convirtió en el primer
ministro más joven de la historia de Noruega, lo que entre otros cambios iba a obligarle a renunciar a sus acostumbrados
desplazamientos en el metro oslense para acudir al trabajo, mezclándose con los pasajeros y viandantes como un ciudadano más.
Como principales lugartenientes en el Gabinete, nombró a Jagland (quien por el momento continuaba siendo su superior
partidista) en Exteriores, a Karl Eirik Schjøtt-Pedersen en Finanzas y a Bjørn Tore Godal en Defensa.
En sus primeras declaraciones, Stoltenberg informó de su disposición a relanzar las relaciones con la UE, en el dique seco,
más allá de las relaciones normales en el ámbito comercial del Espacio Económico Europeo (EEE), desde el
no al ingreso
del referéndum de 1994, y marcando por tanto el contrapunto con las políticas del anterior gobierno centroderechista, que se
habían caracterizado por un sesgo anticomunitario. Asimismo, se mostró dispuesto a negociar caso por caso con la oposición
los proyectos legislativos.
No obstante causar buena sensación por su imagen fresca y su discurso constructivo, la gestión y el liderazgo de Stoltenberg
se mostraron disminuidos desde el primer momento. A lo largo de 2000 y comienzos de 2001, los sondeos preelectorales fueron
reflejando el amplio descontento popular que suscitaban las primeras actuaciones del Gobierno laborista en el capítulo social
y en el manejo del
Estado del bienestar (
velferdsstat), al que no podía dejar de afectar la política de
limitar las inversiones públicas con cargo al Fondo del Petróleo –producto del que Noruega es el tercer exportador mundial
tras Arabia Saudí y Rusia- por temor a generar inflación y recalentar la economía. El Gobierno de Stoltenberg ejecutó también
algunas privatizaciones parciales en el parque empresarial del Estado, afectando a la emblemática Statoil -gigante de las
industrias petrolera, gasífera y petroquímica-, al operador de telecomunicaciones Telenor y a la minera Olivin, lo que
levantó ampollas en los sectores del partido más comprometidos con la doctrina socialdemócrata.
A pesar de que Noruega se disputaba con Canadá la primacía mundial en la calidad de los estándares de vida de sus habitantes,
tal como mostraban las tablas de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y de que el
país escandinavo disfrutaba de una coyuntura de prosperidad económica y de creación de empleo (el paro sólo afectaba al 3,5%
de la población activa) absolutamente envidiable para no pocos países del continente, en la opinión pública afloraron
abundantes quejas por lo que se detectaba de falta de mejoras en los sistemas educativo, sanitario y de pensiones, y ello sin
que disminuyera la intensa presión fiscal. Por otro lado, Jagland, barruntando una severa derrota en las urnas, en tanto que
jefe del DNA, fue quien llevó la voz cantante en la presentación y defensa de las propuestas políticas del DNA, colocando a
Stoltenberg en un bajo perfil. Por lo que se refiere a las relaciones con la UE, el primer ministro fue plenamente solvente:
el 25 de marzo de 2001 Noruega se adhirió al Convenio de Schengen sobre la libre circulación de personas, haciendo realidad
el acuerdo tomado el 19 de diciembre de 1996.
Las elecciones generales del 10 de septiembre de 2001, celebradas ya en un contexto económico más parco, certificaron la
sensación de debilidad política y carácter efímero de un gobierno que había llegado al poder sin mandato popular en el último
tramo de la legislatura. El DNA, con el 24,3% de los votos y 43 escaños, cosechó sus peores resultados desde 1924 y, si bien
siguió siendo el partido más votado, entrevió el final de su histórica supremacía en beneficio de un sistema multipartidista
más equilibrado. El 17 de octubre los laboristas renunciaron a formar un nuevo gobierno rindiéndose ante la evidencia de que
los partidos
burgueses ya habían ultimado una coalición; dos días después Stoltenberg presentó la dimisión formal al
rey Harald. Seguidamente, Bondevik tomó posesión como jefe de un gobierno minoritario que reunía, además del KrF, al Partido
de la Derecha (Høyre) y al Venstre.
3. Paso a la oposición y segunda elección como primer ministro
El desastre electoral de 2001 pasó factura política sobre todo a Jagland, que no pudo resistir el desafío que le lanzó
Stoltenberg para arrebatarle el liderazgo del partido. El 10 de noviembre de 2002, en el último de los tres días de la
Convención Nacional anual del DNA, Stoltenberg fue elegido sin oposición décimo octavo líder del partido fundado en 1887 y
sucesor de personalidades históricas como Einar Gerhardsen, Trygve Bratteli y Gro Harlem Brundtland. Su misión fundamental
era obvia: revertir la tendencia electoral negativa que arrastraba el partido desde la partida de la tres veces primera
ministra en 1996.
Socialdemócrata propenso a la moderación y al pragmatismo reformista, por lo que esporádicamente era llamado el
Tony Blair noruego,
Stoltenberg condujo una oposición parlamentaria constructiva, no poniendo reparos a los presupuestos elaborados por el
Gobierno, que incidían en el descuento de ingresos por la vía fiscal, y no importunando a Bondevik con críticas a la
participación del Ejército noruego en la posguerra de Irak, a donde fueron despachados 150 soldados no de combate en una
misión calificada de humanitaria y que duró hasta junio de 2004. Por otro lado, el líder laborista hizo tímidos intentos de
relanzar el debate sobre el ingreso en la UE, cuestión que tras los resultados adversos de los referendos de 1972 y 1994
parecía estar definitivamente zanjada, o al menos así querían verlo los partidos del Gobierno.
Para las elecciones generales del 12 de septiembre de 2005 Stoltenberg y los laboristas trabaron una alianza
roji-verde, nunca probada antes, con los centristas y con el Partido de la Izquierda Socialista (Sosialistisk
Venstreparti, SV), que tenían como líderes a dos mujeres, Åslaug Marie Haga y Kristin Halvorsen, respectivamente. El Sp era
una veterana formación con raíces agrarias y que en los últimos tiempos había enfocado su discurso, con tintes soberanistas,
hacia la defensa del modelo de economía descentralizada, la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente, la
protección de los productos nacionales frente a los importados del extranjero y, directamente relacionado con lo anterior, el
rechazo a la incorporación en la UE. En cuanto al SV, se trataba de otro partido euroescéptico, pero del ala izquierda, con un doble componente socialista y ex comunista, así como celoso defensor del
Estado del bienestar y contrario a la cooperación de Noruega en operaciones militares mandadas por Estados Unidos, a pesar de tratarse de un aliado de la OTAN.
Si esta alianza bicolor (los socialistas de izquierda aunaban en su logotipo, con diferentes tonalidades, el rojo
característico de los laboristas y el verde tradicional de los centristas) llegaba al Gobierno con Stoltenberg al timón, el
hito sería triplemente inédito, ya que el DNA siempre había gobernado sin socios desde el final de la Segunda Guerra Mundial,
el SV carecía de toda experiencia gubernamental e históricamente no había sido proclive a asistir a los laboristas en el
Parlamento, y el Sp sólo estaba acostumbrado a trabajar con conservadores, popularcristianos y liberales en el seno de
coaliciones
burguesas. Para el éxito de las negociaciones preelectorales resultó fundamental la buena sintonía
personal de Stoltenberg con Haga y Halvorsen, quien por su parte encarnaba la línea más posibilista de su partido.
Los
roji-verdes centraron su oferta electoral en la corrección de los retrocesos experimentados por el
Estado del
bienestar en los últimos años –recortes de los que el primer Gobierno de Stoltenberg había sido corresponsable-,
invirtiendo más en todos los ámbitos de la protección social y optimizando la redistribución entre los 4,5 millones de
noruegos de la renta del petróleo bombeado en el mar del Norte, que en plena escalada de los precios del barril de crudo
estaba alcanzando un nivel exorbitante. En contrapartida, el bloque del Gobierno basaba su programa en nuevas bajadas de
impuestos, ahondando una política fiscal conservadora que, según las izquierdas, no había hecho más que beneficiar a los
ricos, y en asegurar el crecimiento económico sano, con la inflación mantenida en niveles muy bajos, las finanzas oxigenadas
y una situación de pleno empleo técnico, cuadro positivo que constituía el principal logro del cuatrienio y que amueblaba el
escaparate electoral del oficialismo. Eso sí, unos y otros coincidían en la necesidad de ser muy rigurosos en la elaboración
de los presupuestos, condicionando los gastos a los ingresos disponibles, y preservando el holgado superávit.
El 12 de septiembre de 2005 los noruegos se decantaron por la oferta de la oposición. Con una participación del 77,4%, el DNA
ascendió al 32,7% de los votos y los 61 escaños, que sumados a los 15 sacados por el SV y los 11 del Sp daban lugar a una
mayoría absoluta de 87 diputados. El tripartito gobernante sufrió una ruda penalización, especialmente el Høyre, que fue
desbancado como la segunda lista más votada por el derechista Partido del Progreso (FrP) de Carl Ivar Hagen, un abanderado
del liberalismo económico y de poner drásticas barreras a la inmigración.
Laboristas, socialistas y centristas se pusieron a negociar inmediatamente la composición del próximo gobierno. El 14 de
octubre Bondevik presentó su dimisión formal al rey y a continuación Stoltenberg recibió el preceptivo encargo institucional.
El 17 de octubre quedó constituido y tomó posesión el Gabinete tripartito, que presentaba unos matices euroescéptico,
haciendo más remota la posibilidad del ingreso algún día de Noruega en la UE, y de intervencionismo exterior limitado, ya que
sus portavoces anunciaron la próxima repatriación de los 20 militares noruegos que permanecían en Irak y la retirada de las
operaciones militares y antiterroristas desarrolladas en Afganistán en el contexto de la
Operación Libertad Duradera
bajo mando de Estados Unidos –pero no así de los dispositivos montados por la Fuerza Internacional de Asistencia a la
Seguridad (ISAF), comandada por la OTAN.
De las 18 carteras ministeriales, el DNA se reservó nueve, entre ellas las de Asuntos Exteriores, para Jonas Gahr Støre,
Defensa, para Anne-Grete Strøm-Erichsen, y Trabajo y Asuntos Sociales, para Bjarne Håkon Hanssen. El SV recibió cinco
puestos, inclusive el sensible de Finanzas, para Halvorsen, y el Sp cuatro, con Åslaug Haga en Gobiernos Locales y Desarrollo
Regional.
Jens Stoltenberg está casado con Ingrid Schulerud, una analista de política internacional y funcionaria del Ministerio
noruego de Exteriores, donde funge de subdirectora de la sección de Europa Central y Mecanismos Financieros del EEE dentro
del Departamento de Asuntos Europeos y Política Comercial, de su misma edad. La pareja, que ha tenido un niño y una niña, se
conoció en la adolescencia, cuando compartía clase en la Oslo katedralskole. Curiosamente, a los 17 años, los dos se
enfrentaron en una elección de representantes ante el sindicato nacional de estudiantes: Ingrid candidateaba por la sección
juvenil del SV y Jens por la AUF de los laboristas, resultando ella ganadora.
(Cobertura informativa hasta 1/5/2007)