Viktor Orbán

Datos relevantes

Actualización: 6 de Septiembre de 2006
Credito fotografico: Copyright Comision Europea, 2006/Breydel

Hungría

Primer ministro

Duración del mandato: 06 de Julio de 1998 - 27 de Mayo de 2002

Nacimiento: Székesfehérvár, condado de Fejer , 31 de Mayo de 1963

Partido político: Fidesz-MPP

Profesión: Politólogo

Credito fotografico: Copyright Comision Europea, 2006/Breydel

Resumen

Hijo de un perito agrícola y de una logoterapeuta, recibió la educación secundaria, en parte impartida en idioma inglés, en la escuela Blanka Teleki de su Székesfehérvár natal. En 1981 se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest y en 1983 comenzó su protagonismo académico como cofundador de una residencia para estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales, que años después se convirtió en la actual Escuela Jurídica y Sociológica István Bibó.

Biografía

Fue también en esa casa de estudios donde conoció a su futura esposa y madre de sus dos hijas, la abogada Aniká Lúvai. Mientras asistía a las aulas y jugaba al fútbol en diversos clubes, el joven Orbán desarrolló un activismo de trasfondo político, el cual, pese a la relativa tolerancia del régimen comunista húngaro, debía recubrir con una fachada cultural.

En 1984 él y su círculo de allegados lanzaron el semanario de teoría política Századvég ("El Cambio de Siglo") y en 1987, luego de obtener la diplomatura en Artes y Ciencias, asistió a un curso para sociólogos impartido por el Ministerio de Agricultura y Alimentación. Convertido en uno de los rostros más ubicuos del emergente movimiento democrático, el 30 de marzo de 1988 figuró entre los fundadores de la Federación de Jóvenes Demócratas (Fidesz), una organización de estudiantes e intelectuales jóvenes cuyo radicalismo borroso, entre derechista y libertario, les situaba a la vanguardia del anticomunismo, pero también en contra el liberalismo tal como lo entendía el capitalismo económico.

Primer partido de oposición surgido en el país cuando el anciano János Kádár, impuesto por los soviéticos tras aplastar la insurrección nacional de 1956, aún dirigía el Partido Socialista Obrero Húngaro (MSzMP), la Fidesz se configuró como una fuerza tan desarraigada del conservadurismo cristiano anterior a la Segunda Guerra Mundial como ajena al centro liberal de nuevo cuño que emergía al mismo tiempo, al calor de las reformas políticas impulsadas desde el MSzMP.

En abril de 1988 Orbán se unió a un grupo de estudio centrado en asuntos de Europa Central y año y medio después, becado por la Fundación George Soros, siguió un curso sobre historia del liberalismo inglés en el Pembroke College de la Universidad de Oxford. Poco antes, el 16 de junio de 1989, cuando la Fidesz funcionaba ya como un partido de oposición en toda regla (el pluralismo político, coincidiendo con la renuncia del MSzMP al monopolio del poder, se instauró oficialmente en octubre), Orbán ganó notoriedad en Hungría y en el extranjero con un vehemente discurso antisoviético pronunciado durante el entierro de Imre Nagy, el primer ministro comunista ejecutado en 1958 como líder del alzamiento antisoviético de 1956, cuyos restos habían sido recuperados de una fosa común.

Considerado un político outsider y él mismo reacio a ser etiquetado como un político propiamente dicho, Orbán, con su estética intencionadamente incorrecta (pelo largo y pantalones vaqueros) y su carácter dinámico y agresivo, llevó la voz cantante en la exigencia del abandono por Hungría de la Organización del Tratado de Varsovia y la retirada de las tropas soviéticas, planteamientos que formuló durante las negociaciones de mesa redonda Gobierno-oposición en el verano de 1989. En enero de 1990 regresó de Oxford para tomar parte en las anunciadas elecciones legislativas, las primeras democráticas desde la proclamación de la República Popular en 1949.

Si bien la Fidesz tenía una dirección colectiva de 13 miembros, él era el líder de hecho ante la opinión pública, sensación que se reforzó tras los comicios del 25 de marzo y el 8 de abril de 1990, cuando ganó el escaño por el condado de Pest y se convirtió en jefe del grupo parlamentario del partido. La Fidesz, sin embargo, obtuvo unos resultados decididamente mediocres, revelándose como la quinta fuerza en la preferencia de los húngaros con el 9% de los votos y 21 escaños. Fue superada por los ex comunistas del Partido Socialista Húngaro (MSzP), los agrarios del Partido de los Pequeños Propietarios (FKgP), los liberales de la Alianza de Demócratas Libres (SzDSz) y los social-conservadores del Foro Democrático Húngaro (MDF), los vencedores de los comicios.

En abril de 1993 Orbán fue elegido presidente del partido, que en septiembre del año anterior había ingresado en la Internacional Liberal, una de cuyas vicepresidencias recayó en él. La Fidesz, empero, continuó un tanto marginada del juego político, pues fue excluida del Gobierno de coalición conservador de József Antall (MDF) con adición del FKgP y el Partido Popular Cristiano Democrático (KdNP), y por otro lado también se antojaba inviable un acercamiento al MSzP. Si los partidos del Gobierno veían con desconfianza a una fuerza que se declaraba de derechas pero que rechazaba los valores conservadores tradicionales, la oposición de izquierda no percibía en mejores términos a un político que no perdía la oportunidad para agitar el espectro del comunismo con talante populista.

En los comicios del 8 y 29 de mayo de 1994 el electorado no apreció al partido de Orbán, cuya ideología y programa seguían sin clarificarse, como una opción alternativa al balance decepcionante del MDF y sus aliados. Estancado en votos y en escaños (perdió dos actas y Orbán renovó la suya, ahora por el condado de Fejér), en esta votación la Fidesz fue superada incluso por el KdNP. A iniciativa de Orbán, el partido estaba introduciendo nociones liberales en su doctrina y antes de las elecciones estrechó los lazos con la única fuerza política que presentaba afinidades, la SzDSz, que durante la transición había compartido un discurso radicalmente democrático.

No obstante, el partido de Iván Petõ tenía un perfil liberal muy definido y era más pragmático, de manera que cuando el MSzP de Gyula Horn, vencedor en las elecciones, le ofreció formar un gobierno de coalición, la SzDSz aceptó con un razonamiento que Orbán no compartía en modo alguno: que los ex comunistas habían hecho una conversión sincera a la socialdemocracia y que su programa económico, reformista sin ambages, era perfectamente asumible desde el liberalismo.

Esta alianza agudizó la crisis en la Fidesz, y los mandos intermedios y las bases juveniles exigieron a la ejecutiva un cambio de rumbo. Orbán presentó la dimisión como presidente el 4 de junio de 1994, si bien un congreso celebrado en julio le confirmó en el puesto. En su segunda legislatura como opositor, Orbán se afanó en sacar a la Fidesz de su postergación y convertirla en un partido con vocación de poder.

Así, reforzó el componente liberal en el programa económico, aclaró su firme voluntad de meter al país en la Unión Europea (UE) y la OTAN -en la Asamblea Nacional venía presidiendo el Comité para Asuntos de Integración Europea-, así como de mantener unas buenas relaciones con los países vecinos sobre la base de los respectivos acuerdos bilaterales ya suscritos, y empezó a hacer declaraciones favorables a la institución familiar y la lucha contra la delincuencia.

En esta búsqueda de respetabilidad pública, fuera del sector de votantes rendidos a su carisma, para él y del centro del espacio político para la fuerza que lideraba, se inscribió el cambio de nombre del partido, el 30 de abril de 1995, que asumió la condición de Partido Cívico Húngaro (Fidesz-MPP), un apelativo con reminiscencias de responsabilidad típicamente burguesas. Esta evolución facilitó el establecimiento de alianzas con los otros partidos de centro-derecha, tal como querían las bases, para presentar un frente eficaz al binomio MSzP-SzDSz.

El 3 de noviembre de 1997 Orbán acordó con el presidente del MDF, Sándor Lezsák, la presentación de candidaturas conjuntas a las elecciones legislativas del año siguiente, que fue presentado como una cooperación entre "fuerzas de clase media". Durante la campaña electoral, Orbán declaró que un gobierno suyo reduciría los impuestos, incentivaría a las pequeñas y medianas empresas y protegería a las propiedades húngaras de las adquisiciones por capitalistas extranjeros, además de poner el acento en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado.

Con estas credenciales Orbán acudió a los comicios del 10 y el 24 de mayo de 1998. El MSzP repitió como el partido más votado con prácticamente los mismos votos que en 1994, pero la Fidesz-MPP hizo una remontada espectacular hasta el 29,5% de los sufragios y, beneficiada por el singular sistema electoral húngaro (una enrevesada combinación del voto proporcional por listas cerradas de partidos y el voto mayoritario por listas individuales de candidatos), se convirtió en la principal fuerza parlamentaria con 148 escaños, 14 más que el partido de Horn.

El 18 de junio el presidente Árpád Göncz (titular de un puesto ceremonial) designó a Orbán primer ministro y el 6 de julio la Asamblea le invistió con 222 votos a favor y 119 en contra, nueve más de los escaños sumados por la Fidesz-MPP, el FKgP de József Torgyán y el MDF, los partidos firmantes del acuerdo de coalición. Con la asunción de Orbán, el más joven primer ministro húngaro del siglo, Hungría realizó una alternancia política completa desde el final del régimen comunista en 1989-1990, demostrando la salud de su sistema democrático.

En los cuatro años siguientes, el Gobierno de Orbán se caracterizó por una gestión económica eficiente, que, sin grandes alteraciones de la practicada por el gobierno socialista (legador de una coyuntura estabilizada), mantuvo el crecimiento equilibrado en torno al 4% y los precios a la baja. Sin embargo, los expertos no gubernamentales consideraron inaceptablemente alto el índice de inflación con que cerró 1999, el 10%, y alertaron contra el incremento de las desigualdades en el reparto de la renta nacional.

En diciembre de 2000 el cuadro económico presentaba un balance alentador, con un crecimiento anual del 5,3% (la tasa más elevada desde la llegada de la democracia), una inflación acumulada del 9,8% y un déficit presupuestario equivalente al 3,4% del PIB. Además, los parados inscritos suponían el 6,3% de la población activa. Doce meses después, la tendencia de algunas variables macroeconómicas era declinante, como el crecimiento, que registró una tasa respetable aún no obstante, el 3,8%, y el déficit presupuestario, que fue del 4,1%, pero no así en otras, como la inflación, remitida hasta el 6,8%. También el paro se había reducido en el último año, hasta el 5,6%, mientras que los salarios reales habían crecido el 6,4%.

El 19 de diciembre de 2000 el primer ministro anunció que el proceso de privatizaciones se había completado, reduciéndose la participación del Estado en el parque empresarial a un nivel similar al de los países de Europa Occidental, pero, a diferencias de otros estados de la región, la tierra seguía exclusivamente en manos de propietarios nacionales.

Por otro lado, el nuevo Ejecutivo húngaro captó la atención por la orientación de determinadas políticas internas y externas, afectadas por el estilo personal, un tanto controvertido, del primer ministro. Aspecto central del proceder de Orbán fue su enfoque de la cuestión de las minorías húngaras en los países vecinos, en un sentido más vigilante y reivindicativo. Su petición, más o menos explícita, a los gobiernos eslovaco, rumano y yugoslavo de que salvaguardaran los derechos de sus respectivas poblaciones magiares y les dotaran de autonomía política, generó reacciones airadas en los sectores ultranacionalistas que, desde el poder o en la oposición, tenían ascendiente en estos países.

El cambio de Gobierno en Bratislava en octubre de 1998 y la presencia del partido de los húngaros locales (alrededor de 560.000) en la coalición del primer ministro Mikulás Dzurinda tuvieron un efecto balsámico en las relaciones húngaro-eslovacas. El lado más problemático siguió siendo el rumano, toda vez que la demanda de Orbán de una universidad de habla húngara en Transilvania, habitada por 1.400.000 magiares, fue acogida con gran hostilidad por la oposición nacionalista rumana y con abierto reparo por la coalición gobernante en Bucarest de liberales, democristianos y socialdemócratas.

En sus varios encuentros con los primeros ministros rumanos Radu Vasile y Mugur Isarescu en las respectivas capitales, Orbán combinó aquella petición con aclaraciones de que no albergaba sentimientos irredentistas, sino sólo una preocupación por la equiparación de oportunidades educativas y culturales de todas las comunidades húngaras de Europa central, a las que definió como "miembros de una única nación indivisible". Con todo, aseguró no percibir una "problemática" magiar en la región y subrayó el buen estado de las relaciones de Hungría con los países vecinos, excepción hecha de Yugoslavia, en concreto la República de Serbia.

Cuando llegó al poder, el temor por la situación de los 300.000 húngaros de la provincia serbia de Vojvodina tuvo mucho que ver con la renuencia de Orbán ante cualquier intervención militar de la OTAN para detener la represión serbo-yugoslava en Kosovo. En 1999, sin embargo, las exigencias de cooperación derivadas de la condición de Estado miembro, desde el 12 de marzo, que a su vez implicaba el compromiso de la Alianza con la defensa territorial húngara en caso de represalias yugoslavas, le movieron a defender la campaña de bombardeos aéreos (iniciada el 24 de marzo), a abrir el espacio aéreo a los aviones aliados y a autorizar el uso de aeropuertos húngaros para las misiones bélicas.

Orbán, empero, rechazó de plano extender estas facilidades logísticas a una intervención terrestre (de hecho, aseguró haber disuadido a Estados Unidos de lanzarla cuando la campaña aérea parecía mostrarse ineficaz para forzar la retirada serbia de Kosovo), si bien luego despachó una fuerza simbólica de 350 soldados a la misión de pacificación de la Alianza, la KFOR. En la fase posbélica y de reconstrucción que se inició, el mandatario húngaro formuló un plan para la restauración de la autonomía que Vojvodina había poseído entre 1974 y 1989 (cuando fue abolida por el Gobierno serbio), el cual debería incluirse en cualquier arreglo global de los conflictos étnicos en la ex Yugoslavia.

La colaboración con sus aliados del único país de la OTAN fronterizo con Yugoslavia recibió cálidas felicitaciones en Washington, Londres y las demás capitales implicadas en la misión de Kosovo, hasta el punto de calificarse a Orbán como el "mejor" de la nueva hornada de dirigentes aliados, sin demérito, eso sí, de la colaboración polaca, pero claramente preferida a la actitud de los checos, juzgada como tibia.

Orbán aprovechó para contraponer el talante de Estados Unidos en la conducción de la OTAN con el curso de las negociaciones para el ingreso en la UE, iniciadas el 31 de marzo de 1998, en su opinión inaceptablemente lentas y sin un horizonte de conclusión definido. De todas maneras, el anuncio en el Consejo Europeo de Niza, en diciembre de 2000, de 2003 como la fecha más probable para la primera ola de adhesiones fue acogido con satisfacción por Budapest. El retraso de este horizonte en uno o dos años en los últimos cronogramas manejados por las instancias comunitarias no cuestionó la pertenencia de Hungría al grupo de países aspirantes que integrarán la primera oleada de adhesiones, observándosele incluso más preparación que Polonia o la República Checa.

Aquietado el panorama en los Balcanes, a lo largo de 2001 Orbán, que el 29 de enero de 2000 cedió la presidencia de su partido al entonces ministro de los Servicios Secretos, László Kövér, volvió a suscitar polémica en relación con las poblaciones magiares del extranjero. Primero, por sus declaraciones sobre la posible revisión de las leyes de inmigración húngaras para permitir la entrada de los 2,5 millones de húngaros residentes en los países vecinos y la concesión de la doble nacionalidad, y luego a causa del proyecto de ley, aprobado por la Asamblea Nacional el 19 de junio, que concedía derechos especiales al citado colectivo, como la regulación del trabajo con carácter temporal, la educación universitaria gratuita y una cobertura sanitaria parcial.

Más que incitar a la inmigración masiva, la llamada Ley del Estatus buscaba regularizar y dotar de derechos a los muchos magiares étnicos ya instalados en Hungría, pero Bucarest la tachó de discriminatoria para los trabajadores temporeros rumanos no magiares y rechazó su carácter extraterritorial, insistiendo en que la protección de las minorías étnicas bajo su gobierno era de su exclusiva competencia.

El Consejo de Europa también valoró la norma en términos críticos, aunque la Comisión Europea (el texto no era aplicable a los magiares de Austria) concluyó que no veía incompatibilidad con el sistema legal de la UE, demandando, eso sí, que se implementara de mutuo acuerdo con los países afectados. Para aplacar a los vecinos rumanos, Orbán accedió a fimar con el primer ministro Adrian Nastase en Budapest el 22 de diciembre de 2001, antes de la entrada en vigor de la ley el 1 de enero de 2002, un “memorandum de entendimiento” por el que se extendían las ventajas de la contratación laboral temporal a todos los trabajadores rumanos sin distinción de etnia. En otras palabras, la Ley del Estatus fue enmendada.

En el último par de años la oposición socialista acusó a Orbán de exhibir "tendencias autoritarias", de "carecer de capacidad para el diálogo" y de perseguir una política de "disensión social", en referencia a sus opiniones sobre las comunidades magiares y su negativa a trazar ante la opinión pública una divisoria radical con el ultranacionalista Partido Húngaro de la Justicia y la Vida (MIEP), liderado por István Csurka, un campeón de la denuncia de supuestos complots y conspiraciones contra Hungría y proclive a la agitación antisemita.

Esta fuerza política, que cosechó el 5,5% de los votos y 14 diputados en 1998, venía expresando planteamientos irredentistas y antirrumanos, y, por ejemplo, en febrero de 2000 llegó a denominar "acto de genocidio" el vertido en el río Tisza de varias toneladas de sustancias tóxicas derramadas por una mina rumana, accidente que provocó un desastre medioambiental en ambos países.

La dimisión de Torgyán, político no menos alimentador de controversias que Csurka, el 8 de febrero de 2001 en relación con un escándalo de corrupción que afectaba a su hijo, abrió una etapa de recelos entre el partido del primer ministro y su socio menor que propició los rumores de una cooperación alternativa con el MIEP. El propio Orbán dejó caer su disposición a llegar a acuerdos con Csurka tras las elecciones de 2002, aunque de momento las convulsiones desatadas por Torgyán se ciñeron al devenir interno del FKgP y el Gobierno de coalición quedó a salvo. Orbán iba a terminar su mandato sin novedad, confirmándose Hungría como el país del centro y el este de Europa más estable políticamente desde el derrumbe del comunismo.

La negativa de Orbán a sumarse a la línea de dureza adoptada por los países de la UE frente a Austria por la llegada al Gobierno de la ultraderecha de Jörg Haider, o su sugerencia de que Hungría podría alojar armas nucleares de la OTAN "debido a las incertidumbres sobre el futuro de Rusia" (el primer ministro matizó posteriormente ambas posiciones), fueron calificadas por el MSzP de graves errores de bulto en política exterior. Observadores foráneos suscribieron la valoración reprobatoria, en relación con declaraciones de Orbán críticas con la comunidad gitana y su complicada integración social, y con las intromisiones de su Gobierno en la libertad de prensa. Orbán rechazó que su labor en los dos ámbitos fuera motivo de crítica.

En otro orden de cosas, el primer ministro húngaro estableció una relación especial con su homólogo estonio, Mart Laar. Este vínculo, con la afinidad lingüística como telón de fondo -el húngaro y el estonio pertenecen a la familia fino-ugria, no indoeuropea-, se caracterizó por la promoción conjunta de un panel internacional para investigar los crímenes cometidos en el continente por el comunismo, sobre la base de que aquellos no han sido denunciados "con la misma energía" que los cometidos por los nazis.

En el capítulo del protagonismo multilateral, el 28 de abril de 2000 Orbán presidió en Székesfehérvár la séptima cumbre de estados del Centro y Este de Europa, mientras que el 25 de noviembre del mismo año hizo lo propio en Budapest con la Iniciativa Centroeuropea (ICE), foro que agrupa a 16 estados.

En la campaña para las elecciones generales del 7 y 21 de abril de 2002, Orbán incidió en las realizaciones inobjetables de su mandato en política interior y exterior. Por ejemplo, se ufanó de que la Ley del Estatus no se hubiera convertido en un obstáculo para la adhesión a la UE, que ya sólo venía exigiendo a Hungría mayor vigor en la lucha contra la corrupción, el arreglo de la situación discriminatoria de la minoría gitana y una mayor vigilancia de las finanzas públicas, si bien el primer ministro rechazó de plano la reciente propuesta de la Comisión Europea de establecer un período de transición de diez años previo al otorgamiento de subsidios agrícolas a los nuevos estados miembros en el mismo marco que los miembros actuales.

Los sondeos pronosticaban la reelección de la Fidesz-MPP, pero el comportamiento pendular del sistema político húngaro, que aún no conoce dos legislaturas consecutivas del mismo color, devolvió la vez a los socialistas. En puridad, el partido de Orbán, que concurrió en una lista común con el MDF, ganó los comicios con el 41,1% de los votos en la cuota por el sistema proporcional y un total de 188 escaños (de los que 164 fueron para los candidatos de la Fidesz-MPP), mejorando con creces los resultados de 1998, pero la mayoría absoluta se le escapó por cinco escaños.

La alianza del MSzP -que mantuvo su condición de primer partido por un punto de diferencia- y la SzDSz sumaba 198 actas, y a ella correspondió el derecho a formar gobierno. Así, el 27 de mayo un frustrado Orbán, que entre la primera y la segunda vuelta había elevado el tono verbal hasta el nivel de la arenga y había movilizado a los militantes de la Fidesz-MPP en demostraciones callejeras, fue relevado en la jefatura del Gobierno por el candidato del MSzP, el ex ministro de Finanzas Péter Medgyessy, si bien no afiliado a ningún partido.

En las principales capitales de la UE y la OTAN se acogió con satisfacción el resultado electoral, que alejaba el espectro del populismo nacionalista en Hungría: el MIEP no alcanzó la barrera del 5% y se quedó sin representación, aunque lo mismo sucedió con todas las formaciones menores, conformándose una situación de bipartidismo casi perfecto, con la SzDSz en el papel de partido bisagra.

Por Orbán habían apostado sus colegas en el Partido Popular Europeo, como el austríaco Wolfgang Schüssel, el español José María Aznar, el italiano Silvio Berlusconi y el alemán Edmund Stoiber, al igual que el ex canciller Helmut Kohl. En su condición de líder de la oposición, Orbán dio indicios de radicalizar su discurso hacia la derecha y el nacionalismo, amenazando con marcarle el terreno al Gobierno de socialistas y liberales mediante movilizaciones populares. Por de pronto, en la víspera de la transferencia del poder a Medgyessy Orbán presentó la Alianza por la Nación, una confluencia de personalidades y grupos del mismo arco ideológico que buscar reforzarle como el líder de la derecha húngara.

(Cobertura informativa hasta 4/6/2002)



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