Alyaksandr Lukashenko

Datos relevantes

Actualización: 21 de Septiembre de 2006
Alyaksandr Rygoravich Lukashenko

Bielarús

Presidente de la República

Duración del mandato: 20 de Julio de 1994 - En funciones

Nacimiento: Kopys, raion de Orshanke, voblasts de Vitysebskaya (Vitysebsk) , 30 de Agosto de 1954

Partido político: sin filiación

Profesión: Funcionario agropecuario

Resumen

Formado como profesor de historia en el Instituto Pedagógico de Mogilev (hoy Mahileu) y como gestor agroindustrial en la Academia de Agronomía de la República Socialista Soviética Bielorrusa (RSSB), comenzó su actividad política en el Komsomol, la Liga de Juventudes Comunistas, del raion de Shklov (Shklau), en el oblast de Mogilev.

Biografía

Allí fungió de secretario de Comité e instructor de Asuntos Políticos entre 1975 y 1977, y desde ese año a 1978 ejerció de secretario de Alimentación del Comité del Komsomol municipal de la ciudad de Mogilev. Con intervalos, en 1975-1977 y en 1980-1982 prestó servicio en el cuerpo de tropas guardafronteras del Ejército soviético.

En la década de los ochenta desempeñó diversos cargos de responsabilidad en el sector productivo estatal del distrito de Shklov y, en menor medida, en el Partido Comunista Bielorruso (PCB), siendo sucesivamente vicepresidente del koljoz o granja colectiva de Udarnik (1982-1983), subdirector de una factoría de materiales de construcción (1983-1985), secretario del Comité del PCB en el koljoz V. I. Lenin (1985-1987) y director del sovjoz o granja estatal Gorodets (desde 1987).

Estos cometidos de carácter técnico, a diferencia de otros estadistas surgidos de la desaparición de la URSS, le mantuvieron totalmente alejado de los rangos del poder y de la nomenklatura comunista, pero no por ello su perfil se acomodó al del funcionario del Estado sin inquietudes políticas.

En 1990 fue elegido diputado por el distrito de Tuisvwal al Soviet Supremo de la RSSB, donde formó la facción Comunistas por la Democracia, y en 1991 fue el único parlamentario que expresó su oposición al Acuerdo de Minsk, por el que los presidentes bielorruso, ruso y ucraniano declararon disuelta la URSS y constituyeron la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Erigido en azote de corruptos desde la presidencia de la comisión del Soviet Supremo encargada de examinar las actividades comerciales de la administración del Estado (abril de 1993 a julio de 1994), Lukashenko estuvo estos años vinculado a grupos comunistas y ultranacionalistas de Rusia y Bielarús, con quienes compartía el deseo de reconstituir la URSS y de restaurar el estatalismo sobre la actividad económica.

En 1994 se presentó candidato a las elecciones de las que habría de salir el primer presidente de la República, ya que hasta entonces la jefatura del Estado correspondía al presidente del Soviet Supremo. Lukashenko, ya conocido como el Zhirinovsky bielorruso por sus planteamientos radicales y verbo vehemente, presentó un programa inequívoco que proponía la unión con Rusia, la vuelta a los métodos de control administrativo sobre la economía, la deceleración de las privatizaciones, la imposición de controles sobre precios y salarios y el establecimiento de una unión aduanera y económica en el seno de la CEI.

Con la restauración del Estado fuerte y proteccionista y de la disciplina social, Lukashenko pretendía recomponer los mercados comerciales de Bielarús del período soviético y evitar el traslado de la actividad económica a manos privadas, de cuya capacidad para reactivar la producción desconfiaba profundamente.

Superando los pronósticos más optimistas, Lukashenko venció a sus competidores en la primera vuelta del 23 de junio con el 44,8% de los votos y arrasó en la segunda del 10 de julio con el 80,1%. El 20 de julio tomó posesión de la Presidencia con mandato hasta 1999.

Con estos resultados el electorado se decantó por el candidato que parecía ofrecer una alternativa tanto a los nacionalistas y occidentalistas puros del Frente Popular Bielorruso (Zyanon Poznyak) o reconvertidos (el ex presidente Stanislau Shushkevich), como a los antiguos nomenklaturistas (el primer ministro Vyachaslau Kyebich). El populismo rusófilo de Lukashenko no se quedó en mera retórica y tuvo su demostración práctica en la visión que tenía de Bielarús, una de las repúblicas ex soviética con un sentimiento nacional menos desarrollado, en su inmediato marco regional.

El 10 de enero de 1995 suscribió con Rusia un acuerdo de unión aduanera, al que luego se sumaron Kazajstán, Kirguizistán, Uzbekistán y Tadzhikistán, que en su momento se consideró el más ambicioso proyecto de integración subregional en la CEI. El 29 de marzo de 1996 firmó en Moscú con sus colegas ruso, kirguizo y kazajo un Tratado de Integración Económica que preveía un mercado común, y el 2 de abril siguiente, en el mismo escenario, adoptó con Borís Yeltsin un denominado Tratado de la Comunidad de Repúblicas Soberanas, que, partiendo de la salvaguardia de las respectivas soberanías, preveía la creación de órganos supranacionales y un único espacio económico, con armonización de impuestos e inversiones, política aduanera, sistema de pensiones y fuerza laboral.

No obstante, pese a la efusividad pública de Lukashenko y Yeltsin y a sus ditirámbicas predicciones del futuro común, la fuerte personalidad de ambos, más la exigencia del bielorruso de ser tratado en un plano de igualdad (algo a lo que Rusia no ha estado acostumbrada en sus relaciones con las repúblicas ex soviéticas), hubo momentos en que pareció atemperarse este entusiasmo integracionista teñido de paneslavismo, al menos por la parte rusa, además de que los déficits democráticos y, en especial, el dirigismo económico de Lukashenko suscitaron desconfianza en los círculos reformistas y liberales del poder ruso. El Acuerdo de Unión del 2 de abril de 1997, que contemplaba una moneda (el rublo ruso) y un presupuesto comunes, no pasó de la mera declaración de intenciones.

Aún y todo, el Kremlin se ha preocupado por mantener las mejores relaciones con el inquieto dirigente vecino, ya que no hay en la región otro presidente más hostil a la expansión de la OTAN hacia el Este de Europa y más favorable a un "frente eslavo" para rescatar lo que se pueda del antiguo glacis soviético. En un terreno menos simbólico que los anteriores se situó el nuevo Tratado de la Unión del 8 de diciembre de 1999, que con su entrada en vigor el 26 de enero de 2000 convirtió a Lukashenko en primer presidente del Consejo Supremo de Estado, órgano ejecutivo supranacional de una entidad ruso-bielorrusa que nominalmente aspira a funcionar como una confederación entre estados.

En vísperas de la presentación del Tratado, Lukashenko, impaciente tras dos años de proclamaciones sin articular, había amenazado con recomponer sus relaciones con Europa Occidental si Rusia no abandonaba sus reticencias de fondo a la integración total de los dos estados. El eje ruso-bielorruso ha vertebrado un alineamiento de seis estados dentro de la CEI, que en 2000 anunció la creación de una Unión Económica Euroasiática (10 de octubre), suscrita por Kazajstán y Kirguizistán, y una Fuerza de Reacción Rápida como instrumento del Tratado de Seguridad Colectiva de la comunidad (11 de octubre), en este caso participada además por Armenia y Tadzhikistán como quinto y sexto socios.

Único presidente de Europa Oriental, además de Yeltsin, que se opuso frontalmente a la intervención militar de la OTAN en Kosovo, Lukashenko fue también el único que acudió a Belgrado (14 de abril de 1999) para expresarle al presidente Slobodan Milosevic su solidaridad y su apoyo a la simbólica decisión del Parlamento yugoslavo de ingresar en la Unión Bielarús-Rusia. Por lo demás, los vínculos cultivados por Bielarús con países como Irak o Libia han estado en el punto de mira de Estados Unidos.

No menos controvertida y bastante más agitada ha sido su gestión interior. Lukashenko dejó a las claras su desconfianza hacia los partidos políticos y el control que éstos pudieran ejercer desde el poder legislativo. En las elecciones del 14 de mayo de 1995 al nuevo Consejo Supremo (Verchovny Soviet), que debía sustituir al Soviet Supremo heredado de la URSS, solicitó a los ciudadanos la abstención, por lo que la oposición nacionalista le acusó de perseguir la anulación de los comicios y de abortar la formación de un poder legislativo independiente.

Luego de sucesivas rondas, hasta el 10 de diciembre no pudieron elegirse los escaños suficientes para que el Consejo pudiera constituirse, al alcanzarse el quórum de los dos tercios (174). De los 198 diputados electos, 95 eran no adscritos (aunque la mayoría propresidenciales) y 75 comunistas y agrarios, lo que reflejaba el mínimo peso electoral de las fuerzas nacionalistas y liberales. Hasta la constitución de este nuevo legislativo, Lukashenko gobernó por decreto.

El 14 de mayo de 1995 se sometieron también a referéndum cuatro cuestiones (sólo la última carecía de valor vinculante), para las que Lukashenko obtuvo el sí: sobre una mayor integración económica con Rusia (82,4% de votos afirmativos); sobre la sustitución de la bandera nacional rojiblanca por la verdirroja del período soviético, pero desprovista de la hoz y el martillo (75%); sobre la elevación del ruso al estatus de lengua oficial (83,1%), y sobre la concesión al presidente de la prerrogativa de disolver el Parlamento antes de concluir la legislatura (77,6%).

El 24 de noviembre de 1996, en medio de una fortísima polémica, Lukashenko sometió al electorado otro paquete de siete cuestiones que se convertirían en otras tantas enmiendas constitucionales, cuatro elaboradas por la Presidencia y tres por el Consejo Supremo. Lukashenko ganó en todas ellas y, entre otras cuestiones, consiguió el mantenimiento de la pena de muerte, la limitación de la propiedad privada de la tierra y, en especial, la prolongación de su mandato presidencial hasta el año 2001 con el refuerzo de sus poderes ejecutivos, opción ésta que fue aceptada con el 70,5% de los sufragios.

Desoyendo al Consejo Supremo, que insistía en el mero carácter consultivo y no vinculante del referéndum múltiple, al Tribunal Constitucional, que dictaminó en favor de los parlamentarios, y a los países y organizaciones europeos occidentales, que no consideraron a la consulta ni limpia ni libre, Lukashenko estableció el 26 de noviembre una nueva Asamblea Nacional (Natsionalnoye Sabranie) bicameral, que incluía una Cámara de Representantes (Palata Predstaviteley) de 110 miembros basada en diputados afectos luego de abandonar el Consejo Supremo, y dos días después firmó la nueva Constitución enmendada.

La resistencia planteada por la oposición nacionalista y prooccidental, que anunció el "advenimiento de la dictadura en Bielarús", quedó anulada en los primeros momentos, más por la limitada raigambre popular de sus planteamientos y la aún elevada popularidad de Lukashenko, que por la contundencia de las coacciones del poder. Dirigente autoritario y de comportamiento un tanto errático, Lukashenko ha mantenido desde entonces al país en una situación de impasse caracterizado por la profusión de conflictos institucionales y de denuncias de persecución judicial, políticamente motivada, de destacadas figuras de la oposición.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que valoró al referéndum como no conforme con las normas democráticas y que siguió reconociendo a los 50 diputados que permanecieron leales al abolido Soviet Supremo, demandó a Lukashenko la creación de una mesa de diálogo democrática y sin exclusiones. El Consejo de Europa, por su parte, suspendió el 13 de enero de 1997 el estatuto de invitado que Bielarús tenía en la organización por considerar que la nueva Carta Magna no concedía suficiente protección a los derechos fundamentales y porque el nuevo poder legislativo había sido elegido sin sufragio.

Con los gobiernos occidentales se produjo un súbito deterioro de las relaciones a raíz de la retirada en junio de 1998 de las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Grecia e Italia, en protesta por la decisión de Lukashenko de desalojar el complejo residencial de Drazdy, cerca de Minsk, donde se ubicaban las embajadas, para acometer unas obras de acondicionamiento. Tras alcanzar un acuerdo, los embajadores de la Unión Europea (UE), con la que Bielarús adoptó sendos acuerdos de Asociación y Cooperación y Comercial Interino en marzo de 1995 y marzo de 1996, respectivamente, retornaron en enero de 1999.

Por otro lado, entendiendo que el mandato legal de Lukashenko estaba próximo a expirar, el 15 de mayo de 1999 la oposición celebró unas elecciones presidenciales clandestinas que, pese a sus nulas consecuencias (no fueron validadas por la OSCE e incluso los dos candidatos principales, Poznyak y el ex primer ministro de Lukashenko Mihail Chyhir, estuvieron ausentes del proceso por hallarse el primero exiliado en Estados Unidos y el segundo encarcelado en Bielarús), sí constituyeron un desafío directo al régimen.

En los últimos tiempos, la oposición más beligerante y organizada, los nacionalistas del Frente Popular, ha encontrado un nuevo campo para el reproche del presidente en su política exterior, que, en su opinión, estaba conduciendo a la "liquidación de la soberanía" del país y a su "ocupación por Rusia".

Lukashenko presentó como el principal éxito de su ejecutoria la recuperación de la economía, que de una recesión del -10,2% en 1995 pasó (según los datos aportados por el Gobierno) a un 10% de crecimiento en 1997, la mayor tasa registrada en Europa ese año. Los analistas, no obstante, expresaron sus reservas sobre este punto dados el casi absoluto control estatal de la economía conforme a los métodos soviéticos, la tolerancia de la espiral inflacionista (1998 cerró con un índice del 188%) y el hecho de estar aquella indirectamente subsidiada por Rusia, especialmente en el suministro energético, lo que hacía difícil la homologación de su rendimiento con los estándares de mercado vigentes en otros países del entorno.

El rechazo a adoptar, añadían, programas de ajuste financiados por el FMI había evitado un doloroso coste social, pero con el sistema vigente la población tampoco experimentaba una mejora en sus condiciones de vida (antes al contrario, el índice de pobreza se ha incrementado desde 1994) ni se le facilitaba el acceso a una mayor variedad de productos y de servicios, cuyos primeros casos graves de desabastecimiento se acumularon a partir de 1998.

La OSCE, el Consejo de Europa y la UE volvieron a censurar al mandatario bielorruso por la manera en que se desarrollaron las elecciones del 15 y 29 de octubre de 2000 a la Cámara de Representantes, boicoteadas por los partidos de la oposición. En esta ocasión los candidatos no partidistas y afectos al presidente se hicieron con 81 de los 110 escaños.

Los meses previos a las elecciones presidenciales de septiembre de 2001 estuvieron trufados de signos de autoritarismo de Lukashenko. A finales de noviembre de 2000 éste condujo una purga de mandos en las fuerzas de seguridad que en opinión del antiguo presidente del Consejo Supremo, Syamyon Sharetski, supuso de hecho una nueva vuelta de tuerca en la "rusificación" de la élite dirigente del país.

Inmediatamente después, Lukashenko se enzarzó en otra porfía con la OSCE, con acusaciones de extralimitarse en sus funciones de observación y de conspirar para derribarle, advirtiendo que no iba a dejarse arrastrar a un "escenario yugoslavo" (en referencia al derrocamiento de Milosevic en insurrección popular con el parabién exterior) o a una "cuarta guerra" (siendo para él las tres anteriores que Bielarús había sufrido la contienda mundial de 1941-1945, el desastre de Chernobyl de 1986 y la ruptura de la URSS en 1991). Asimismo, adjudicó labores de espionaje a legaciones diplomáticas occidentales.

En esta línea de sospecha de todo lo extranjero, en marzo de 2001 el presidente decretó severos controles a la ayuda foránea gratuita, en especial la procedente de la UE, para impedir instrumentaciones políticas de signo antigubernamental. Y el mes de agosto estuvo ensombrecido por las denuncias de muertes y desapariciones misteriosas desde 1999 de políticos prominentes y periodistas, presuntamente cometidas por una unidad especial del Ministerio del Interior a las órdenes del mandatario, hasta el punto de hablar la oposición de la existencia de "escuadrones de la muerte" en Bielarús.

A mayor abundamiento en este panorama crispado, afloraron tensiones con Rusia, que desde la sucesión del achacoso Yeltsin por el joven Vladímir Putin ha mostrado una actitud más realista o gradualista en el proceso de integración bilateral. Así, en las reuniones sostenidas por Lukashenko con Putin en este período los observadores señalaron una falta de sintonía personal, si bien Putin aclaró que la continuidad de su colega bielorruso en el Gobierno de Minsk iba en el interés de Rusia.

En estas circunstancias, las elecciones presidenciales del 9 de septiembre de 2001, cuyo resultado estaba cantado de antemano, registraron las contestaciones habituales. Según los datos publicados por la Comisión Electoral Central, Lukashenko prorrogó el mandato hasta 2006 con el 75,6% de los sufragios, en tanto que sus dos rivales, Uladzimir Hancharyk, candidato unitario de la oposición presentado por el Consejo de Coordinación de Fuerzas Democráticas así como jefe de la Federación de Sindicatos Bielorrusos, y Syarhey Haydukevich, líder del Partido Liberal Democrático de Bielarús, obtuvieron respectivamente el 15,4% y el 2,5%. La participación fue del 83,8%.

Entre las múltiples irregularidades denunciadas por la OSCE, figuraron desde la existencia de más votos emitidos que electores en varios colegios de Minsk hasta la privación de espacios de difusión electoral a los candidatos opositores, bien por el hostigamiento de los escasos medios independientes, bien por el absoluto control de los partidarios del presidente sobre los medios oficiales.

No obstante estos falseamientos del proceso democrático, quedó claro que una mayoría significativa de la población bielorrusa seguía confiando en el antiguo koljozista. El 20 de septiembre Lukashenko inauguró su nuevo período presidencial dando a entender que no sería el último y tendiendo una oferta a los países occidentales para la recomposición de las relaciones.

Lukashenko es desde 1995 miembro honorario de la Academia Rusa de Ciencias Sociales y presidente del Comité Olímpico Bielorruso desde 1997. Ese mismo año recibió el Premio M. A. Sholojov, y en 2001 el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Alexis II, le otorgó en Moscú el premio del Fondo Internacional de la Unidad de las Naciones Ortodoxas.

(Cobertura informativa hasta 20/9/2001)



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