Guy Verhofstadt

Datos relevantes

Actualización: 26 de Marzo de 2008
Credito fotografico: Copyright Comision Europea, 2006/Berlaymont

Bélgica

Primer ministro

Duración del mandato: 12 de Julio de 1999 - 20 de Marzo de 2008

Nacimiento: Dendermonde, provincia de Flandes Oriental , 11 de Abril de 1953

Partido político: VLD

Profesión: Abogado

Credito fotografico: Copyright Comision Europea, 2006/Berlaymont

Resumen

Pasó el final de la niñez y la juventud en Gante, donde su padre, antes de convertirse en magistrado, asesoraba en cuestiones jurídicas a Willy De Clercq, ministro de Finanzas en el Gobierno central y líder del Partido de la Libertad y el Progreso (PVV). La trayectoria liberal de la familia y su amistad con De Clercq vincularon a Verhofstadt desde temprana edad con el PVV, partido que recogía la tercera gran tradición política del país, además de la socialista y la social cristiana, y que desde su formación en 1961 era el heredero directo del histórico Partido Liberal (LP/LP), fundado en 1846 como el primer partido político de Bélgica.

Biografía

En 1972, siguiendo la tendencia regionalista que afectaba al conjunto del sistema político belga, el partido se dividió en dos: el PVV, propiamente, con implantación en Flandes, y el PLP, basado en la Valonia francófona (en la región de Bruselas, bilingüe, operaron los dos partidos). De Clercq y Verhofstadt se inscribieron siempre en el liberalismo flamenco. En 1970 Verhofstadt se graduó en lenguas clásicas en el Ateneo Real de Gante y en 1975 obtuvo la licenciatura en Derecho en la Universidad Estatal de la misma ciudad, donde entre 1972 y 1974 presidió la Unión de Estudiantes Liberales Flamencos (LVSV). Desde 1975 ejerció la abogacía en su ciudad adoptiva y al mismo tiempo desarrolló una carrera política, que resultó notoria por la precocidad de sus sucesivas promociones

En 1976 fue elegido consejero comunal (concejal) en Gante, y al año siguiente De Clercq le tomó como su secretario político cuando recuperó, tras un hiato de cuatro años, la presidencia del PVV. Perfecto caso de apadrinamiento político, Verhofstadt fue elegido en 1979 vicepresidente del partido y presidente de su sección juvenil, y a comienzos de 1982, con 29 años, sucedió finalmente a De Clercq, que en noviembre del año anterior había entrado como ministro de Finanzas en el Gobierno de coalición de Wilfried Martens, del Partido Popular Cristiano (CVP, flamenco).

El acceso de Verhofstadt a la cúpula del PVV marcó la imposición de las propuestas renovadoras de los militantes jóvenes, que incidían en la austeridad de las finanzas públicas y en la remoción de barreras a la libre empresa. Los postulados del PVV, que en aquellos tiempos no gozaban aún de un predicamento general en Europa (ni, menos aún, en Bélgica, cuyo extenso sector público daba empleo a un número muy elevado de funcionarios), encontraron no obstante un eco favorable en los votantes, según se desprendió de las elecciones parlamentarias del 8 de noviembre de 1981, en las que el PVV, con el 12,9% de los votos, ascendió del cuarto al segundo puesto, por detrás del CVP, su adversario inveterado del centroderecha.

En aquella ocasión, el PVV disputó el campo liberal al Partido Reformista Liberal (PRL), una fuerza implantada en Bruselas y Valonia surgida en 1979 de la fusión del Partido Liberal (PL, formado por francófonos de Bruselas y a su vez surgido en 1974 de la unión de la sección local del PLP y de disidentes que no se les habían unido cuando la escisión de 1972) y el Partido de las Reformas y la Libertad de Valonia (PRLW, por su parte la suma en 1976 del PLP y una fracción del Reagrupamiento Valón -RW-, formado en 1968 por tres pequeños partidos valones).

Existían algunas diferencias entre el PVV de Verhofstadt y el PRL de Jean Gol, ya que si el primero se mantenía más fiel al liberalismo democrático clásico, conservador por su defensa radical del individuo, el segundo ofrecía una vertiente más social. De hecho, Verhofstadt se ganó el mote de Baby Thatcher por su estilo agresivo y su pregonada fe en el libre mercado y la iniciativa privada en la economía.

En las elecciones del 13 de octubre de 1985, que otorgaron al PVV un decepcionante 10,7% de los votos y le repusieron en el lugar de cuarta fuerza parlamentaria, Verhofstadt salió elegido diputado en la Cámara de Representantes y al mes siguiente fue nombrado viceprimer ministro y ministro del Presupuesto, de Investigación y del Plan en el nuevo gobierno Martens, con lo que cedió la presidencia del partido a Annemie Neyts-Uyttebroeck.

Cuando en mayo de 1988 Martens formó un gobierno de coalición sin el PVV, Verhofstadt estableció un gabinete en la sombra y se erigió en el líder de la oposición flamenca a la alianza de los dos partidos democristianos, el CVP de Herman Van Rompuy y su equivalente valón, el Partido Social Cristiano (PSC) de Gérard Deprez, más los dos socialistas, el SP flamenco de Frank Vandenbroucke y el PS valón de Guy Spitaels, todos los cuales coincidían en rechazar la querencia de Verhofstadt por los presupuestos lo menos deficitarios posible. En 1989 Verhofstadt regresó a la presidencia del partido y en noviembre de 1992 dirigió su transformación, más electoral que de fondo, en el Partido Ciudadano-Liberales y Demócratas Flamencos (VLD).

Verhofstadt, que en 1994 dejó la práctica legal para dedicarse exclusivamente a la política, centró en las elecciones legislativas del 21 de mayo de 1995 sus expectativas de quebrantar la primacía del CVP. En las elecciones del 24 de noviembre de 1991 el viejo PVV no había avanzado con respecto a las del 13 de diciembre de 1987: con 26 escaños y el 12% de los votos, siguió siendo el cuarto partido en el Parlamento Federal. Las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 1994 situaron al VLD como la tercera fuerza más votada, pero el porcentaje de votantes descendió incluso en unas décimas.

En efecto, el panorama para el partido de Verhofstadt mejoró ostensiblemente en las legislativas de 1995, cuando con el 13,1% recuperó el segundo puesto en cuanto a votos a nivel federal, si bien quedó empatado con el PS en número de escaños, 21, en la nueva Cámara de Representantes de 150 miembros. Los resultados eran buenos, pero insuficientes como para cerrar el paso a un nuevo gobierno de coalición entre democristianos y socialistas, que conservaron la mayoría absoluta y cuya dirección recayó de nuevo en Jean-Luc Dehaene (CVP), primer ministro desde marzo de 1992.

Verhofstadt no asimiló bien los resultados: dimitió inmediatamente de la presidencia del VLD, en la que fue sucedido por Herman de Croo, y, a pesar de que había ganado -y holgadamente- el acta de senador, se retiró durante un tiempo a la región italiana de la Toscana, según sus palabras, "para leer y meditar". En mayo de 1996 regresó a la escena política de su país con un talante más sosegado y un discurso nuevamente rectificado, que ponía en el primer plano el capítulo de la protección social, tradicionalmente secundario en los programas del partido. En resumidas cuentas, Verhofstadt dio carpetazo a su furibundo ultraliberalismo de antaño.

Tras reincorporarse al Senado, para una de cuyas vicepresidencias fue elegido, participó como informante en el Comité de Rwanda, establecido por la cámara para investigar los acontecimientos que precedieron al genocidio ocurrido en la ex colonia africana entre abril y junio de 1994. El 7 de junio de 1997 accedió por tercera vez a la presidencia del VLD y fue preparando al partido para la cita electoral de dentro de dos años, augurada por los observadores como crucial ante el retroceso general que las encuestas concedían a todos los partidos de la coalición gobernante.

El día de los comicios, el 13 de junio de 1999, el VLD alcanzó la meta, acariciada desde la consagración del moderno parlamentarismo belga en 1919, de batir al CVP como la primera fuerza del país. En la Cámara de Representantes el partido de Verhofstadt obtuvo 23 escaños con el 14,3% de los votos, y en el Senado seis actas con el 15,3%, mientras que los cuatro partidos del Gobierno perdieron un total de 19 escaños y, por ende, la mayoría absoluta. En las elecciones para el Parlamento de Flandes los dos rivales empataron casi matemáticamente, si bien los cristianopopulares obtuvieron un escaño más.

Verhofstadt recibió el mandato de formar gobierno y en un plazo de tiempo inusualmente corto, el 7 de julio, llegó a un acuerdo con los dos partidos socialistas, el PRL de Louis Michel y Daniel Ducarne, el Frente Democrático de Francófonos (FDF, implantado en Bruselas) de Olivier Maingain, y, novedad absoluta en la política belga, con los dos partidos ecologistas regionales, el Ecolo valón y el Agalev flamenco.

La coalición centroizquierdista arco iris de seis partidos reunía el 58,4% de votos y aseguraba una cómoda mayoría absoluta de 94 escaños en la Cámara de Representantes y de 27 en el Senado (sobre 40 elegidos directamente, ya que los 31 restantes son cooptados por la cámara dependiendo del tamaño de cada grupo). El 12 de julio Verhofstadt se convirtió en el primer jefe de Gobierno belga salido de un partido liberal desde Paul-Émile Janson (1937-1938), mientras que para el CVP fue su primera ausencia desde 1958 del Ejecutivo, que además había estado presidido por uno de los suyos ininterrumpidamente desde 1974.

El programa económico que presentó Verhofstadt, calificado desde fuera de social liberal, trataba de conciliar el conservadurismo económico del VLD, las demandas de creación de empleo de los socialistas y las reivindicaciones en materia de medio ambiente de los verdes. Uno de sus puntos más reseñables era un plan de rebajas fiscales por un total de 2.000 millones de dólares y la salida a venta de empresas del Estado para compensar la consiguiente merma de ingresos del erario público. Tras tomar posesión Verhofstadt como primer ministro, Karel de Gucht le sucedió en la jefatura del partido.

A lo largo de su primera legislatura como gobernante, el líder liberal, de carácter inquieto, dinámico y tendente a capturar protagonismo mediático, estuvo en el centro de un buen número de situaciones noticiosas, de política interior y exterior, que le otorgaron a él y a su gabinete un predicamento inesperado.

A comienzos de 2000 el Gobierno Verhofstadt causaba sensación por su imagen de abanderado internacional en diversas causas de defensa de los Derechos Humanos y por su beligerancia en los casos de la persecución judicial extraterritorial del ex dictador chileno Augusto Pinochet y de la aplicación de sanciones comunitarias a Austria por la entrada en el Gobierno del partido populista de derechas de Jörg Haider. El ambiente era propicio para que el 8 de junio de 2001 el Tribunal de Justicia de Bruselas decidiera aplicar íntegramente una ley de 1993, única en el mundo, que permite a los tribunales de justicia nacionales juzgar crímenes de lesa humanidad cometidos en cualquier lugar del mundo, y condenara por el delito de genocidio a cuatro ciudadanos rwandeses, dos de ellas monjas.

La histórica sentencia provocó una avalancha de demandas criminales contra líderes políticos de todo el planeta, desde el irakí Saddam Hussein hasta el israelí Ariel Sharon, pasando por varios sátrapas africanos. Lo que empezó siendo una cuestión extrapolítica dejó de serlo desde el momento en que el Gobierno israelí hizo saber a Bruselas que la admisión a trámite de la denuncia contra Sharon afectaría a las relaciones bilaterales, poniendo en una situación embarazosa al Gobierno, el cual, además, advirtió que el sistema judicial corría un riesgo de colapso si se daba luz verde al enorme número de demandas de particulares contra gobernantes mundiales, no pocos en ejercicio.

En política interior, el activismo del Gobierno Verhofstadt se hizo notar en dos grandes terrenos, la reforma del Estado y la regulación de determinadas problemáticas sociales, medioambientales y científicas. El primer caso supuso la segunda gran transformación del ordenamiento jurídico-institucional de Bélgica luego del rediseño constitucional de 1993, que instituyó el modelo federal a partir del refuerzo de las competencias y la autonomía de seis entidades supraprovinciales ya existentes: las regiones de Bruselas-Capital, Flandes y Valonia, y las comunidades lingüísticas Flamenca, Francesa y Alemana.

Así, en enero de 2001 el Gobierno federal, los gobiernos de los entes federados y los partidos parlamentarios alcanzaron un consenso nacional básico en torno a tres puntos principales: la dotación de autonomía fiscal a las tres regiones (principalmente competentes en los ámbitos económico y social), la introducción de un plan de nueva financiación estructural de las tres comunidades (que gozan de competencias en educación y cultura), y la previsión de regionalización de nuevas materias, como la administración de los municipios y las provincias, la agricultura, el comercio exterior y la cooperación al desarrollo exterior. Las dos leyes especiales derivadas del acuerdo fueron aprobadas por las dos cámaras del Parlamento Federal en el mes de junio.

2002 fue el año de las grandes novedades legales en lo tocante a determinadas prácticas con salpicaduras morales. Al cabo de largos y candentes debates, el 16 de mayo la Cámara de Representantes aprobó la ley de eutanasia, segunda de estas características en el mundo tras la sacada adelante en Holanda en 2000 y que fue acogida favorablemente por la mayoría de la población según un sondeo. La ley despenalizaba la eutanasia activa de enfermos incurables, no necesariamente en fase terminal o con desenlace mortal, bajo condiciones estrictas (petición de manera "voluntaria, reflexionada e reiterada", y por escrito, por el paciente; valoración pausada por el médico practicante y compartida con otros dos facultativos) y entró en vigor el 23 de septiembre.

El 28 de noviembre el Senado aprobó otra ley autorizando el matrimonio entre personas del mismo sexo, que como cónyuges pasaban a adquirir los mismos derechos que las parejas heterosexuales. Y el 5 de diciembre la Cámara alta dio luz verde a una propuesta de ley que permitía la investigación con embriones humanos in vitro de menos de 14 días y la clonación por motivos terapéuticos (decir, para obtener células madre susceptibles de ser trasplantadas a un paciente sin rechazo inmunológico), si bien prohibía taxativamente esta técnica para la reproducción humana.

El 6 de diciembre la Cámara de Representantes aprobó otro proyecto de ley para desmantelar las siete centrales nucleares nacionales entre 2015 y 2025, asunto que aguardaba en la agenda del Gobierno desde 1999 a instancias de los partidos verdes. El envite de Verhofstadt y su equipo era de alto calado, ya que Bélgica era el tercer país del mundo que más electricidad con origen nuclear consumía, pero aquellos se comprometieron a garantizar el aprovisionamiento energético, a la vez que el desarrollo de las energías alternativas y el mantenimiento de las políticas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y de gestión integral de los desechos radiactivos. La coalición gobernante apostaba por un uso más racional de la energía, la producción combinada de calor y electricidad y las centrales térmicas de doble turbina -de gas y de vapor- como alternativa a las centrales nucleares.

En cuanto a la economía, 2001 trajo la evaporación del crecimiento fuerte, que el año anterior había rozado el 4% del PIB, siendo entonces una de las tasas más vigorosas de la UE, dentro del raquitismo productivo que se estaba enquistado en toda la zona del euro: la economía belga sólo creció el 1% en el tercer año del Gobierno de Verhofstadt. El saldo positivo de las finanzas públicas, logrado fatigosamente a rebufo de la convergencia financiera antes de la entrada en vigor de la moneda europea en enero de 1999, volvió a ser deficitario, el -0,4% del PIB, aunque el valor se situó holgadamente por debajo del tope (el -3%) permitido por el Pacto de Estabilidad cuyo cancerbero es la Comisión Europea.

Por el contrario, el alza de los precios se mitigó y la inflación descendió al 2,2%, mientras que el desempleo, no obstante la anemia económica, continuó por su lenta senda descendente, hasta situarse en el 6,6% al finalizar el año. Por lo demás, 2000 registró el arranque de una ambiciosa reforma fiscal destinada a reducir el impuesto sobre la renta de manera progresiva en un plazo de seis años y 2001 terminó con la noticia negativa de la quiebra de la aerolínea nacional, Sabena, en aprietos financieros desde largo. El Gobierno renunció a sus intentos de sacarla a flote y decidió reestructurarla, liquidándola de hecho, en una compañía mucho más pequeña, SN Brussels Airlines.

En el ámbito de la UE, el primer ministro se sumó al grupo de líderes, la mayoría de orientación socialdemócrata, que sostenían que las políticas activas de empleo eran una condición imprescindible para dotar de mayor cohesión social al área comunitaria. En vísperas del Consejo Europeo de Lisboa, el 23 de marzo de 2000, Verhofstadt presentó un manifiesto conjunto con el primer ministro británico, Tony Blair, en el que propugnaban la modernización de los sistemas de protección social y del empleo, con el objeto de equiparar los derechos y los deberes de los trabajadores, brindarles mayores incentivos laborales e insertar en el mercado laboral a población activa en paro, siendo la consecuencia deseada la reducción de los costes laborales para los empresarios.

Bélgica llevó la presidencia de turno del Consejo de la UE en el segundo semestre de 2001 y le puso brillante colofón con el Consejo Europeo de Laeken, el 14 y el 15 de diciembre, que abordó y acordó muchas e importantes cuestiones. La Declaración de Laeken sobre el futuro de la Unión Europea, calificada de histórica, contemplaba la elaboración de una Constitución para los ciudadanos europeos y convocaba una Convención sobre el Futuro de Europa con el mandato de preparar la Conferencia Intergubernamental consagrada a la reforma de las instituciones de la Unión antes de producirse el ingreso de una decena de nuevos estados en 2004.

La cumbre de Laeken, además, revistió avances fundamentales en la Política Europea de Seguridad y de Defensa (PESD), parte integral de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y cuyo potencial se pretende ir desarrollando gradualmente, con el anuncio de la entrada en operatividad de la Fuerza de Reacción Rápida (también llamada Fuerza Europea de Intervención) en tanto que integrante de la nueva fuerza de seguridad multinacional para Afganistán -anunció que resultó ser precipitado-, así como en el Espacio Europeo de Libertad, Seguridad y Justicia (el tercer pilar de la UE, también de carácter cooperativo intergubernamental, que incluye todos los asuntos de interior), con la entrada en vigor de la orden europea de detención y entrega, más conocida brevemente como euroorden.

Por lo demás, Verhofstadt sintonizó plenamente con el federalismo europeo del Gobierno alemán de Gerhard Schröder, e incluso empezó a ser identificado como el líder de la UE más devoto de esta visión de la construcción europea. En Laeken recibió con disgusto la designación, promovida por Jacques Chirac, del ex presidente francés Valéry Giscard d'Estaing como presidente de la Convención sobre el Futuro de Europa porque, por edad y conservadurismo, no le parecía la persona más adecuada para hacer apuestas audaces afectando a los ciudadanos o al pilar comunitario de la Unión.

A cambio, Verhofstadt consiguió que Giscard fuera flanqueado por dos vicepresidentes en las personas de su predecesor, Dehaene, y el ex primer ministro italiano Giuliano Amato, dos personalidades bien conocidas por su visión integracionista. Luego, el 13 de junio de 2003, la Convención terminó sus trabajos entregando al Consejo para su aprobación un proyecto de Constitución de la UE que omitía los enunciados federalistas y que además instituía la figura del presidente permanente del Consejo, por un período de dos años y medio, en sustitución de la presidencia nacional rotatoria.

El caso fue que en 2002 el primer ministro había hecho del rechazo a esta fórmula un caballo de batalla con el argumento de que los países pequeños no estarían "representados convenientemente" de esa manera, pero en enero de 2003, luego de que Alemania se uniera a los otros cuatro países grandes (Francia, Reino Unido, Italia y España) que defendían con vehemencia la idea, dio su brazo a torcer y anunció la aceptación belga.

Los observadores apreciaron en los tintes vanguardistas o singulares de la política exterior de Bélgica (que el público internacional ha solido ignorar, o bien confundir con las actividades de las dos grandes organizaciones radicadas en su territorio, la UE y la OTAN) un intento de reparar la imagen, proyectada en los últimos años del Gobierno Dehaene, como país desacreditado por desgracias y escándalos de todo tipo, ya fueran casos de pedofilia o de corrupción política con criminalidad de por medio.

En los meses previos a las elecciones generales del 18 de mayo de 2003, el gobernante belga volvió a dar que hablar en el panorama internacional. Por de pronto, adoptó una postura cerradamente opuesta a la intervención militar de Estados Unidos y el Reino Unido contra Irak con los argumentos de la negativa de Saddam Hussein a renunciar a las armas de destrucción masiva, prohibidas por la ONU después de la primera guerra del Golfo en 1991 y que presuntamente escondía, y su vinculación con el terrorismo internacional. Tanto en el seno de la UE como en el de la OTAN, Bélgica se aproximó a Francia y Alemania, que demandaban más tiempo para las inspecciones de armas de la ONU y una nueva oportunidad para la diplomacia, siendo su parecer que sólo el Consejo de Seguridad de la ONU podía tomar las decisiones, con mandatos nítidos, sobre el posible inicio de hostilidades contra Irak.

La postura belga contraria a las pretensiones de Estados Unidos y sus asociados coyunturales en la invasión en ciernes de Irak se expresó crudamente en febrero en el Consejo Atlántico de la OTAN, cuando Turquía solicitó a sus aliados la activación de un dispositivo defensivo por si se producía una agresión irakí, el cual, de hecho, daba cobertura al despliegue por Estados Unidos de tropas propias en aquel país, siempre que lo autorizara el Parlamento turco, con el propósito de abrir el frente norte de la invasión.

Los belgas no sólo coordinaron su postura de rechazo con franceses y alemanes a las pretensiones de estadounidenses, británicos, españoles e italianos más el secretario general de la organización, George Robertson, que, urgido desde Washington, intentó ventilar la cuestión mediante el denominado procedimiento de silencio, sino que, a través de su vehemente ministro de Exteriores, Louis Michel, ejercieron el derecho de veto, aderezado con declaraciones muy críticas a Estados Unidos. La justificación de esta decisión, que provocó enorme irritación en los aliados anglosajones, fue que había que explotar todos los canales políticos y diplomáticos posibles para evitar la guerra y que, mientras el Consejo de Seguridad de la ONU no diera luz verde a una acción militar contra Irak, cualquier señal de preparativos bélicos en Turquía dañaría aquellos intentos.

Pero a mediados de febrero, Bélgica se quedó sola en su durísimo pulso con Estados Unidos después de que Alemania se aviniera a aceptar la ayuda preventiva a Turquía y Francia se inhibiera en la votación al trasladarse ésta al Comité de Planes de Defensa, órgano de la que Francia está ausente. Finalmente, el 16 de febrero Bélgica, lloviéndole presiones desde todos los lados, levantó su bloqueo a fuer de un compromiso de mínimos dando parcial satisfacción a su deseo de que se hallara una solución a la crisis irakí en el marco de la ONU y de que los planes de la Alianza en Turquía tuvieran en cuenta lo que decidiera el Consejo de Seguridad.

Verhofstadt puso así salvar la cara ante su opinión pública, ampliamente contraria a la guerra, y ante sus aliados, pero no se libró de reproches desde el bando de Estados Unidos, sobre que había puesto en peligro la unidad de la OTAN con su obstruccionismo y que se había dejado llevar por el electoralismo en la porfía. Por su parte, el primer ministro no tuvo pelos en la lengua a la hora de valorar la "supremacía mundial" de la potencia americana, a la que comparó con un "gran jefe blanco" a cuyo "silbido en Washington" acuden "los pequeños indios" europeos. Como alternativa, propuso crear un "poder europeo", a través de una "Fuerza de Defensa Europea", capaz de influenciar algunas de las políticas estadounidenses.

El 29 de abril, con la invasión de Irak ya terminada y mientras cobraba forma un régimen de ocupación militar del país árabe sin mandato de la ONU y del que Bélgica no quiso tomar parte, Verhofstadt celebró una minicumbre en Bruselas con Chirac, Schröder y el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker para lanzar formalmente aquella iniciativa suya bajo el nombre de "Unión Europea de Seguridad y Defensa (UESD)", concebida como un "núcleo con capacidad colectiva de planificación y de dirección de operaciones militares de la UE", abierto a los estados miembros que lo deseasen y autónomo de los medios y capacidades de la OTAN, luego independiente de la defensa de Estados Unidos.

Sobre el papel, la diferencia cualitativa con la Fuerza de Reacción Rápida de la UE era evidente, ya que esta última, a falta de medios propios, hoy por hoy debe contar con los sistemas de planificación de la OTAN. La iniciativa franco-belga-germana suscitó recelos e inquietud en Estados Unidos y el Reino Unido. Por de pronto, el Gobierno de Londres advirtió a Verhofstadt que tal proyecto ya podía contar su veto, ya que le parecía, más que "complementario", "competidor" con la OTAN, recordando de paso los compromisos introducidos en el Tratado de Niza de la UE (aprobado por el Consejo Europeo celebrado en esa ciudad francesa en diciembre de 2000 y entrado en vigor hacía poco, el 1 de febrero del año en curso) sobre el desarrollo operativo de la PESD en coordinación con la OTAN.

Al margen de estas polémicas, el 27 de marzo el Senado, tal como lo hiciera la Cámara de Representantes en febrero, aprobó la nueva ley sobre el estupefaciente blando del cannabis. En lo sucesivo, era legal para los mayores de edad poseer marihuana en una cantidad no superior a los cinco gramos y exclusivamente para el autoconsumo en lugares privados. Se toleraba también el cultivo casero, pero, a diferencia de la legislación holandesa que servía de paradigma, la venta de estas sustancias seguía estando rigurosamente prohibida. Dos meses antes, el 30 de enero, la Cámara baja del Parlamento validó la ley del matrimonio entre homosexuales, segunda en el mundo después de la lanzada por Holanda en 2000.

Todas estas candentes cuestiones pivotaron sobre la campaña electoral, a la que Verhofstadt, empero, imprimió un tono fundamentalmente económico. El primer ministro aspirante a la reelección insistió en la necesidad de mantener las políticas de austeridad para reducir la muy abultada deuda de las administraciones públicas, equivalente a todo el PIB. En un complicado malabarismo, se propuso no tocar el dinero del presupuesto destinado a la sanidad, llevar a cabo el alivio de las cargas fiscales y cumplir la meta de crear 200.000 puestos de trabajo hasta 2007. Luego de conseguir un presupuesto sin déficit en 2002, Verhofstadt estaba resuelto a repetir este balance equilibrado en 2003 y a recuperar el superávit en 2005. En cuanto al recorte de las prestaciones sociales a pensionistas y jubilados, reforma en el candelero en otros países del entorno, no figuraba en la agenda del Gobierno.

Los comicios del 18 de mayo sonrieron al VLD, que experimentó un sensible crecimiento con el 15,4% de los votos y 25 escaños. Subieron también los demás socios del Gobierno, en especial los socialistas flamencos, ahora llamados Alternativa Social Progresista (SP.A) bajo el liderazgo de Patrick Janssens, con excepción de los dos partidos ecologistas, uno de los cuales, el Agalev, se convirtió en extraparlamentario. El Ecolo, por su parte, se había retirado del Ejecutivo dos semanas antes de los comicios a causa de una disputa sobre la polución acústica generada por el tráfico aéreo nocturno. El nuevo partido sucesor del CVP, los Cristiano Demócratas y Flamencos (CD&V), encabezados por Stefaan De Clerck, se atascaron y no respondieron a las expectativas. Los separatistas xenófobos flamencos del Vlaams Blok (VB) añadieron otra muesca a su ascenso paulatino pero constante desde 1981.

Como era preceptivo, el rey Alberto II otorgó el primer turno para formar gobierno al cabeza de la lista más votada, que era Verhofstadt por sólo medio punto porcentual de diferencia con el SP.A. y su aliado electoral de pintoresco nombre, Spirit (de Social, Progresista, Internacional, Regionalista, Íntegro-Democrático, Vuelto al Futuro), una de las facciones en que se habían dispersado los nacionalistas flamencos moderados del partido Volksunie (Unión Popular). Las conversaciones con el SP.A, el Spirit de Els Van Weert, el PS de Elio di Rupo y el Movimiento Reformista (MR), que era la nueva federación del PRL, el FDF y el diminuto Movimiento de Ciudadanos por el Cambio (MCC, valón), desembocaron en un acuerdo de coalición pentapartita y de amplia mayoría (97 escaños).

El 12 de julio tomó posesión el segundo Gobierno de Verhofstadt, quien acto seguido anunció una reforma drástica de la ley que otorgaba a la justicia nacional competencia universal en la persecución de delitos de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad. La decisión se tomó ante las fortísimas presiones del Gobierno de Estados Unidos, que consideraba intolerable que algunas de sus máximas personalidades (por no decir todas: el presidente Bush (así como su padre el ex presidente), el vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Estado Colin Powell, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, la consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice, el fiscal general John Ashcroft o el general Tommy Franks, comandante militar supremo en la reciente campaña de Irak), fueran susceptibles de ser procesadas por los tribunales de justicia de un país aliado en asunción de querellas presentadas por particulares de cualquier lugar del mundo -demandas criminales que se estaban empezando a acumular- en relación con su actuación en las guerras de Irak y Afganistán.

Protagonizando el enésimo capítulo de la trifulca bilateral, días atrás Rumsfeld en persona había amenazado a las autoridades belgas en Bruselas con no aportar un solo dólar al proyecto de construcción de la nueva sede de la OTAN en la capital del país y con interrumpir las visitas de funcionarios y oficiales de Estados Unidos si no se reformaba esa ley. En agosto el Parlamento aprobó la reforma de la ley motivo de la polémica: en lo sucesivo, sólo se admitirían denuncias de Derechos Humanos en los casos de víctimas de nacionalidad belga o de residentes por largo tiempo en Bélgica. Como consecuencia, en septiembre el Tribunal Supremo desestimó las demandas criminales contra el ex presidente George Bush, Powell y Sharon.

(Cobertura informativa hasta 12/9/2003)



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