1. Luchador contra el colonialismo portugués
2. Derrocamiento del presidente Cabral y toma del poder
3. El primer período presidencial
4. Revuelta militar, guerra civil y derrocamiento
5. Espectacular retorno a la Presidencia por la vía electoral
1. Luchador contra el colonialismo portugués
Nacido en Bissau, capital de la entonces provincia ultramarina de Guinea Portuguesa, y de padres pobres, desde muy joven empezó a ganarse la vida como electricista, pero en 1959 abandonó esa profesión a raíz de la matanza de varias decenas que marineros y estibadores que se manifestaban en demanda de mejores salarios en el puerto de Bissau. Los abusos y violaciones infligidos a los habitantes autóctonos por unas autoridades que se llamaban así mismas provinciales pero que en realidad aplicaban una política altanera y represiva, típicamente colonial, empujaron a Vieira, como a muchos jóvenes guineanos, a empuñar la causa de la liberación nacional.
En 1960, con 21 años, ingresó en el clandestino Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), fuerza organizada el 19 de septiembre de 1956, con el nombre original de Partido Africano de la Independencia (PAI), por el intelectual filomarxista Amílcar Lopes Cabral, su hermano Luís de Almeida y el técnico de comunicaciones Aristides Maria Pereira. Su objetivo no era otro que conducir al país a la independencia de Portugal y proclamar un Estado que englobara al archipiélago atlántico de Cabo Verde, adentrado en el océano a casi un millar de kilómetros de las costas guineanas y constitutivo de una provincia de ultramar diferente.
Los dos territorios tenían lazos de todo tipo gracias a siglos de intercambios realizados por la metrópoli común. Poblado el archipiélago en los primeros tiempos de la colonización con aborígenes del continente, ahora sucedía que muchos guineanos eran hijos de oriundos de las islas, si no ellos mismos caboverdianos nativos. Éstos eran, precisamente, los casos de Pereira y los hermanos Cabral.
No obstante su juventud, Vieira ascendió rápidamente en el escalafón del PAIGC. En 1961, luego de recibir adiestramiento de armas en la China maoísta, concretamente en la Academia Militar de Nanking, fue nombrado por Amílcar Cabral, que tenía su cuartel general en Guinea Conakry, comandante militar y comisario político de la región sudoriental que hoy recibe el nombre de Tombali. El joven y los hombres bajo su mando se infiltraron desde Guinea Conakry en la zona selvática próxima a la ciudad de Catió con la orden de preparar el inicio de la lucha armada revolucionaria contra los portugueses, tal como habían decidido el PAIGC y los movimientos hermanos de Angola y Mozambique, todos los cuales estaban siendo convenientemente armados por la URSS, China y Cuba.
Fueron guerrilleros a las órdenes de Vieira los que el 23 de enero de 1963, con la toma de acuertelamiento de Tite, dieron el pistoletazo de salida a una guerra de liberación nacional que iba a prolongarse 11 años. En febrero de 1964, en el I Congreso del PAIGC, celebrado en la zona liberada de Cassacá, Vieira fue promovido a comandante en jefe del reorganizado Frente Sur y a miembro del también nuevo Buró Político del Comité Central del partido, adquiriendo así una posición influyente en las alas militar y política del movimiento independentista.
En 1965 se convirtió en vicepresidente del Consejo de Guerra, que junto al Consejo Superior de Lucha integraba el estado mayor que conducía las acciones libradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias Populares (FARP), en 1967 fungió de delegado del Buró Político en el Frente Sur y tres años después se reintegró en el Consejo de Guerra del PAIGC como miembro de su Comité Ejecutivo. En 1971, portando el
nom de guerre de
Kabi, pero conocido por todos como
Nino, Vieira asumió el mando operativo de las FARP, subordinado al mando estratégico que ejercían colectivamente el Consejo Superior de Lucha y Cabral en particular.
El carismático líder independentista, en el cenit de su prestigio internacional, fue asesinado en Conakry el 20 de enero de 1973 por disidentes del PAIGC que pudieron actuar instigados por los portugueses. Lejos de crear divisiones en sus filas, el magnicidio, que se produjo en plena racha de éxitos militares, reafirmó a la insurgencia guineana en su determinación de doblegar al Gobierno salazarista de Lisboa. La unidad del PAIGC fue escenificada en el II Congreso, celebrado en Madina de Boé Oriental del 18 al 22 de julio de 1973. Allí se definió un Secretariado Permanente integrado, a modo de cuadriunvirato, por Arístides Pereira, nuevo secretario general del partido, Luís Cabral, sucesor del anterior como secretario general adjunto, Francisco Mendès, alias
Chico Té, y Vieira, que continuó como comandante operativo de las FARP.
En este período, Vieira siempre mantuvo un pie en el aparato político civil. En tanto que presidente de la Asamblea Nacional Popular (ANP), órgano legislativo surgido de unos comicios desarrollados entre agosto y octubre de 1972 en las zonas liberadas del país, Vieira fue el encargado de leer el 24 de septiembre de 1973 la declaración unilateral de independencia de los dos territorios, Guinea Bissau y Cabo Verde, sobre los que el PAIGC reclamaba la jurisdicción y la soberanía. La proclamación de independencia fue inmediatamente reconocida por un gran número de países y, a comienzos de noviembre, por la Asamblea General de la ONU. Sesionando en Madina de Boé, la ANP aprobó también una Constitución nacional y eligió un Consejo de Estado, con Cabral de presidente y
Chico Té de primer ministro.
La Revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 inició la cuenta atrás de la efectiva descolonización de Guinea Bissau y Cabo Verde, aunque las distintas circunstancias en las islas, donde las FARP no operaban, determinaron una evolución política por separado, contrariando los deseos del movimiento independentista, que no pudo imponer al Gobierno portugués este punto. Así, en el continente, la República de Guinea Bissau inició su andadura de iure el 10 de septiembre de 1974, al cabo de unas conversaciones en Argel que fueron conducidas por un subalterno caboverdiano de Vieira dentro de las FARP,
Pedro Rodrigues Pires. Luego, Pires y Pereira, como jefes de la rama insular del PAIGC, negociaron por su cuenta la independencia de la República de Cabo Verde, que fue un hecho el 5 de julio de 1975, tras un semestre de régimen autónomo.
2. Derrocamiento del presidente Cabral y toma del poder
Vieira, con el grado de general, se aseguró una posición dominante en el liderazgo del joven Estado, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Guineanas (FAG), comisario (ministro) de las mismas en el Gobierno de Mendès y presidente de la ANP. Fue coartífice, por tanto, del establecimiento de un sistema de partido único de hecho que, en aras de la seguridad y del esfuerzo de reconstrucción de un país exangüe tras una década larga de guerra, limitó drásticamente las libertades civiles.
Aunque la orientación marxista del PAIGC siempre había admitido múltiples matizaciones –de hecho, Amílcar Cabral rehuía ser etiquetado con aquel adjetivo-, el régimen se embarcó en un proyecto de Estado socialista, y como primeros pasos nacionalizó todas las grandes propiedades urbanas y rurales, y lanzó su particular revolución cultural y educativa. Encajonado entre Guinea y Senegal, y con medio millón de habitantes, Guinea Bissau apenas explotaba sus recursos naturales y era pobre de solemnidad.
La muerte en un accidente de automóvil del primer ministro Mendès el 7 de julio de 1978, siniestro que, pese al parte oficial, estuvo rodeado de extrañas circunstancias, catapultó a Vieira a la jefatura del Gobierno, luego del interinato ejercido por Constantino Teixeira, el ministro del Interior, el 28 de septiembre. Verdadero
hombre fuerte del país, el jefe del Ejército se apropió de todo el poder la noche del 14 de noviembre de 1980, en un golpe de Estado tan fulminante como incruento. Cabral fue defenestrado de la jefatura del Estado y detenido, y su función la asumió Vieira como jefe de un Consejo de la Revolución, cuyos primeros decretos fueron disolver la ANP y suspender la Constitución. La junta tenía naturaleza cívico-militar y sus nueve integrantes eran guineanos autóctonos.
Este elemento no pasó desapercibido y dio pie a la teoría más socorrida para explicar las causas del movimiento golpista: éste sería la consecuencia del descontento de los autóctonos, de raza negra y mayoritarios en el
ala militar del PAIGC, con la preponderancia adquirida por la élite política de origen caboverdiano, algunos de cuyos miembros, empezando por Cabral, hijo de portuguesa, eran mulatos en mayor o menor grado. Este análisis apuntaba a Vieira, miembro de un grupo etnolingüístico minoritario, los papel, como el capitalizador de un resentimiento que se había agudizado recientemente al aprobar la ANP, el 18 de octubre, un proyecto de Constitución que, en opinión de los militantes aborígenes, consolidaba el ascendiente de los caboverdianos.
Contrastando con la lógica irritación del Gobierno de Cabo Verde, que veía esfumarse el escenario, demorado desde la independencia, de la unificación gradual de dos estados que se llamaban a sí mismos hermanos, el dictador izquierdista de Guinea Conakry, Ahmed Sékou Touré, principal patrocinador de la lucha guerrillera del PAIGC, se apresuró a reconocer a la junta de Vieira con la mirada puesta en la solución del conflicto fronterizo que venía enfrentado a los dos países.
Aunque en un principio se habló también de un giro a la izquierda de tintes prosoviéticos y procubanos, y de que Vieira no había visto con buenos ojos la política exterior estrictamente no alineada y la cautela ideológica de Cabral, lo cierto fue que el Consejo de la Revolución excarceló a elementos del partido que habían sido represaliados por exponer posiciones moderadas y manifestó su intención de continuar con la línea y el programa de la rama guineana del PAIGC, si bien anunció medidas económicas más enérgicas para superar la crisis alimentaria y el desabastecimiento de todo tipo de productos.
Vieira, erigido en un dictador a todos los efectos, a pesar de las afirmaciones de continuidad, reinterpretó la misión del partido dirigente en un sentido estrictamente guineano. Antes de acabar 1980 indicó a las claras que a su régimen no le interesaba la unificación con Cabo Verde y congeló las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Praia; éste, a su vez, en enero de 1981, resolvió romper amarras con el PAIGC, cuya Secretaría General todavía ostentaba el presidente Pereira, y establecer una fuerza política estrictamente caboverdiana, el Partido Africano para la Independencia de Cabo Verde (PAICV).
En cuanto a Cabral, Vieira, que le veía como un quintacolumnista en potencia de Pereira, dispuso su procesamiento bajo las acusaciones de haber ordenado ejecuciones sumarias de oponentes y de practicar la corrupción y el nepotismo. Los crímenes imputados a Cabral se sustentaban en el descubrimiento de unas fosas comunes que contendrían los cuerpos de cientos de víctimas del régimen, pero este cargo se antojaba un peligroso bumerán, ya que Vieira difícilmente podía alegar que ni estaba implicado ni conocía las violaciones de los Derechos Humanos. Así que no hubo juicio público, ni ningún otro, contra el presidente derrocado. Al cabo de 13 meses en prisión, en enero de 1982 Cabral fue autorizado a salir del país y a exiliarse en Cuba, de donde en 1984 partió para establecerse en Portugal.
3. El primer período presidencial
El régimen implantado por Vieira se caracterizó por el autoritarismo en lo político, el pragmatismo en lo económico (a partir de mediados de la década de los ochenta) y su personalismo en todos los aspectos. Aunque duradero y, hasta su traumático final, no especialmente convulso, su estabilidad fue puesta a prueba en varias ocasiones. La secuencia de perturbaciones comenzó en julio de 1982, con el anuncio de la desarticulación de un complot y el arresto de tres personalidades que habían servido fielmente a Cabral, el ex ministro de Sanidad João da Costa, el comandante Duki Djassi, actualmente jefe de la Seguridad del Estado, y el antiguo embajador en Moscú y La Habana, Honorio Fonseca. Dos años después, el 10 de marzo de 1984, Vieira destituyó al primer ministro desde mayo de 1982 y vicepresidente del Consejo de la Revolución, el civil Victor Saúde Maria, bajo la acusación de conspirar contra la seguridad del Estado. Tres ministros fueron igualmente despedidos y expulsados del PAIGC.
Más gravedad revistió la fallida intentona golpista del 6 de noviembre de 1985, desbaratada en el último momento, mientras Vieira estaba en Estados Unidos de viaje privado, con el arresto del nuevo vicepresidente y ministro de Justicia, luego el
número dos del régimen, general Paulo Correia, asimismo ex ministro de los Combatientes, Defensa y Desarrollo Rural. En julio de 1986, Correia, el ex procurador general Viriato Pã Rodrigues y otros cuatro dignatarios fueron condenados a muerte y ejecutados por un pelotón de fusilamiento. Otras cinco personas fueron liquidadas sin formalismos. Todos los ajusticiados, al igual que el jefe del Estado Mayor, general Tagma Na Wai, que fue destituido, encarcelado y torturado, y que a punto estuvo también de ser pasado por las armas, pertenecían a la etnia balante, la más numerosa de país (el 30% de la población), lo que hizo temer por un deslizamiento del régimen hacia el sectarismo tribal. En mayo de 1987 la Policía detuvo a una veintena de oficiales de las FAG acusados, de nuevo, de conspiración.
En el aspecto político e institucional, la ruptura con Cabo Verde y la creación del PAICV puso en bandeja la elección de Vieira como secretario general del PAIGC en su I Congreso Extraordinario, realizado del 8 al 14 de noviembre de 1981. Por cierto que en esta cita partidaria se hizo un diagnóstico sin pelos en la lengua del "estado catastrófico" del país, acuciado por la penuria de divisas y las limitaciones a la importación de bienes de consumo, incluso los más elementales, imprescindibles para alimentar a la población. La producción agrícola, raquítica, era incapaz de asegurar la autosuficiencia alimentaria. Y el suministro eléctrico brillaba por su ausencia en la mayor parte del país, incluida la capital, que sufría cortes interminables. Eso sí, Vieira y los demás prebostes obviaron la autocrítica y se contentaron con atribuir todas las culpas a "Luís Cabral y un grupo reducido" de individuos, "traidores a las enseñanzas del glorioso líder Amílcar Cabral" y de las "justas orientaciones del III Congreso del PAIGC" (de noviembre de 1977).
1984 fue el año de la normalización constitucional. El 31 de marzo hubo elecciones a consejos regionales, los cuales se encargaron luego de designar a los diputados de la nueva ANP de 150 miembros. El 13 de mayo el Legislativo adoptó una nueva Carta Magna que, entre otros aspectos, abolía el puesto de primer ministro –vacante desde la remoción de Victor Saúde Maria en marzo-, restablecía el Consejo de Estado como supremo órgano ejecutivo y consagraba el monopolio de poder del PAIGC.
El 14 de mayo el Consejo de la Revolución fue disuelto, con lo que el sistema de gobierno adquiría una naturaleza formalmente civil, y la jefatura del Estado la asumió con carácter interino la nueva presidenta de la ANP, Carmen Pereira, hasta entonces ministra de Salud y Seguridad Social. Dos días después, la ANP invistió a Vieira presidente del Consejo de Estado con la función agregada de jefe del Gobierno. El luego ejecutado general Correia asumió como vicepresidente primero del Consejo de Estado. En el IV Congreso del PAIGC, del 9 al 14 de octubre de 1986, el general fue reelegido líder del partido como titular del nuevo puesto de presidente. Y el 19 de junio de 1989, la ANP elegida cuatro días atrás, por primera vez, por sufragio universal y con la única lista del PAIGC le otorgó un segundo mandato quinquenal al frente del Consejo de Estado.
En el frente económico y social, Vieira, para mejorar una situación que sólo podía calificarse de desastrosa, con unos niveles de subdesarrollo que hacían de Guinea Bissau uno de los 20 países más pobres del planeta, apostó, retóricas socialistas aparte, por un programa de ajuste estructural y apertura sujeto al respaldo financiero del FMI y el Banco Mundial. En diciembre de 1983 el peso guineano fue devaluado un 50% y en los años siguientes el Gobierno lanzó sucesivas medidas de liberalización y desregulación. En 1988 se lanzó un plan cuatrienal centrado en el desarrollo agrícola.
Necesitados desesperadamente de apoyos internacionales, Vieira y los dirigentes del PAIGC depositaron su confianza en la asistencia de los países occidentales, como Francia, al que se solicitó el ingreso en la zona del franco CFA -que, al tratarse de una moneda ajustada al franco francés con un tipo de cambio fijo y gozar de convertibilidad parcial al estar respaldada por el Tesoro galo, debía poner término a la crónica precariedad del peso-, y la antigua metrópoli, Portugal, cuyo presidente, Ramalho Eanes, visitó Bissau en diciembre de 1982. Luego, en junio de 1984, Vieira, en su primer viaje a Lisboa, adoptó un protocolo bilateral por el que Portugal se comprometía a conceder créditos a la exportación y a reestructurar la deuda, y Guinea a devolver a sus dueños las propiedades lusas nacionalizadas tras la independencia.
Incluso los tratos con Cabo Verde se normalizaron con inusitada rapidez, en buena parte gracias a la medida de gracia concedida a Cabral. En junio de 1982 Vieira y Pereira sostuvieron una entrevista en Mozambique y a continuación los gobiernos anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Por otro lado, en marzo de 1985 Vieira y el presidente de Guinea Conakry, general
Lansana Conté, estudiaron en Bissau un acuerdo para realizar prospecciones conjuntas en la zona costera, donde se sospechaba la existencia de bolsas de petróleo económicamente rentables.
Al comenzar la década de los noventa la situación económica de Guinea Bissau continuaba siendo muy complicada. La deuda externa, superior a los 600 millones de dólares, más que triplicaba el PIB de un país que sólo exportaba frutos secos, cocos, palma oleaginosa y algo de pescado, y que seguía viendo muy lejanas las perspectivas de explotar los yacimientos de fosfatos y bauxita. La renta per cápita no rebasaba los 200 dólares. El Banco Mundial insistía en condicionar su asistencia crediticia a un recorte vigoroso de los gastos corrientes del Gobierno y a la aceleración de las privatizaciones. En octubre de 1990, las presiones de los donantes internacionales de fondos y las propias reclamaciones de la sociedad civil, al hilo de los acontecimientos en la Europa del Este, obligaron a Vieira a convocar una Conferencia Nacional en la que 350 representantes del PAIGC, el Gobierno y la sociedad discutieron las modalidades de una reforma política en profundidad.
La verdadera transición a la democracia pluripartidista arrancó en el II Congreso Extraordinario del PAIGC, del 20 al 25 de enero de 1991, donde se aprobó la supresión del artículo constitucional relativo al monopolio del poder. El mayo, la ANP aprobó la correspondiente enmienda a la Carta Magna y Vieira renunció a sus funciones militares, aunque no se dio de baja aún del Ejército. En noviembre entró en vigor una normativa sobre la libertad de prensa. A mediados de diciembre, el V Congreso del PAIGC dio luz verde al multipartidismo sin restricciones. Y el 27 de ese mes tomó posesión, enmienda constitucional mediante, un primer ministro en la persona de Carlos Correia.
A pesar de este rosario de disposiciones reformistas, Vieira, con el argumento de que había que pautar ordenadamente el proceso, lo que no disimulaba sus reluctancias y titubeos, postergó reiteradamente las primeras elecciones libres. Éstas no se celebraron hasta 1994, más de tres años después de que en Cabo Verde, Pereira y Pires finiquitaran una modélica transición democrática que, dicho sea de paso, les mandó a la oposición. Hasta entonces, el equipo económico del autócrata tuvo que lidiar con los repuntes inflacionarios, que elevaron el índice anual al 50%, la iliquidez en el pago del servicio de la deuda y unas cosechas mediocres que seguían sin cubrir el autoconsumo de cereales.
A las elecciones generales del verano de 1994 se llegó en un clima de tensión y incertidumbre que Vieira, con sus sucesivos anuncios de convocatorias y anulaciones (las llamadas a las urnas para noviembre de 1992, marzo de 1993 y marzo de 1994 quedaron en agua de borrajas), alimentó gratuitamente. Las formaciones opositoras provocaron agitaciones callejeras y en agosto de 1993, los arrestos de João da Costa, presidente del Partido de Renovación Democrática (PRD), y Tagmé Na Waié, miembro del Partido de la Resistencia de Guinea Bissau-Movimiento Bafatá (PRGB-MB), por el mero hecho de emitir críticas al Gobierno pusieron en tela de juicio una vez más la nueva mentalidad democrática de Vieira. General de cuatro estrellas desde 1992, el dirigente pasó a la reserva del Ejército para poder candidatear en las elecciones presidenciales, donde le salieron siete contrincantes.
El 3 de julio de 1994 Vieira se puso en cabeza con el 46,2% de los votos, porcentaje insuficiente que hizo necesaria la segunda vuelta. El 6 de agosto disputó ésta con
Kumba Ialá, un intelectual que había formado a los cuadros del PAIGC y que desde el comienzo de la transición política se había distinguido, al frente del Partido de Renovación Social (PRS), como el más vehemente opositor al régimen, y salió vencedor con el 52%. El resultado reflejaba que Vieira, pese a las denuncias de autoritarismo e ineptitud como gobernante de que venía siendo objeto, conservaba unas cotas notables de popularidad y respetabilidad por su papel histórico en la lucha anticolonial. En las legislativas, el PAIGC se aseguró 62 de los 100 escaños de que constaba la nueva ANP. Los observadores internacionales concluyeron que los comicios habían sido, en líneas generales, libres y limpios.
Tras tomar posesión el 29 de septiembre de su mandato de cinco años como, por primera vez en su carrera política, presidente de la República, Vieira nombró primer ministro al secretario general del PAIGC, Manuel Saturnino da Costa, y se concentró en intentar deshacer el marasmo económico y aligerar las servidumbres de la deuda externa. El Gobierno lanzó el II Programa de Ajuste Estructural para el período 1994-1997 y en 1995 dispuso una subida del salario mínimo que tuvo como efecto indeseado una escalada de los precios. En julio de 1996 el presidente visitó Portugal y en 1997 se apuntó un doble éxito con la adopción del franco CFA y el ingreso en la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (UEMOA).
4. Revuelta militar, guerra civil y derrocamiento
La continuidad de las más precarias condiciones de vida y de un descontento soterrado entre la población fueron el perfecto caldo de cultivo para la asonada militar de junio de 1998, que desembocó en violentas luchas fratricidas y en la guerra civil. La crisis empezó a gestarse a principios de febrero con la suspensión del jefe del Estado Mayor de las FAG, general Ansumane Mané, un veterano de la lucha por la independencia, bajo la acusación de estar involucrado en el tráfico de armas a favor de los secesionistas de Casamance, región fronteriza de Senegal. El 6 de junio Vieira apartó definitivamente a Mané del Estado Mayor.
Lejos de someterse a los decretos del presidente, Mané respondió el 7 de junio con un golpe de Estado en toda regla que, si bien fracasó en el intento de establecer una junta militar, hizo que el Ejército se dividiera en dos bandos. Los choques armados por el control de la capital, con los leales a Mané controlando diversas instalaciones militares y el aeropuerto internacional, y en los que no tardó en hacer aparición la artillería pesada, pusieron en fuga a 250.000 despavoridos residentes, así como a los dos millares de súbditos extranjeros.
Vieira, que fue objeto por Mané de las mismas acusaciones de corrupción que él había lanzado contra él, pudo resistir el embate de los rebeldes gracias a las tropas, 1.700 soldados, enviadas en su apoyo por los presidentes amigos de Guinea, Conté, y Senegal, Abdou Diouf. El 28 de junio, tras no ser atendidas sendas ofertas de mediación de Gambia y la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), una misión luso-angoleña concertó una primera tregua que sólo tuvo 48 horas de vida.
El presidente guineano, que, con toda razón, temía por su continuidad en el poder, reclamó la intervención del Grupo de Monitorización (ECOMOG) o fuerza militar de interposición de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO, ECOWAS en su sigla inglesa), que ya estaba bregada en la pacificación de los conflictos de Liberia y Sierra Leona, pero este escenario no se presentó hasta finales de año, para cuando la práctica totalidad de los efectivos de las FAG se había pasado al bando de Mané. Cabe decir, por tanto, que si Vieira no fue expulsado del poder ya en 1998 fue únicamente gracias al sostén exterior, y en particular al auxilio armado de los gobiernos de Dakar y Conakry.
El 1 de noviembre, luego de fracasar los altos el fuego bilaterales del 26 de julio y el 26 de agosto, Vieira y Mané firmaron por separado en Abuja, Nigeria, en la cumbre de presidentes de la CEDEAO, un acuerdo para el despliegue de 1.500 soldados del ECOMOG, la formación de un "gobierno de unidad nacional" en el que tendrían asiento los rebeldes y la celebración de elecciones presidenciales y legislativas en marzo. El 3 de diciembre Vieira nombró primer ministro al jurista Francisco José Fadul, un antiguo miembro del PAIGC que venía asistiendo a Mané como asesor legal, el cual sustituyó a Carlos Correia.
El 14 de diciembre, las partes confirmaron y precisaron en Lomé, Togo, la agenda política que debía salvar al país de la catástrofe. Tal como había exigido Vieira, las fuerzas guineano-senegalesas se quedaron en Bissau para protegerle hasta que llegaran las tropas panafricanas, cuya avanzadilla, formada por togoleses, entró en la capital el 26 de diciembre. De acuerdo con el plan establecido, el 14 de enero de 1999 Senegal y Guinea empezaron a retirar sus tropas. Vieira parecía haber salido del apuro y se disponía a defender su presidencia en las elecciones del 31 de marzo, pero el 31 de enero las luchas se reanudaron.
La CEDEAO y la Unión Europea (UE) emplazaron a los dos archienemigos a negociar cara a cara el punto y final de las hostilidades, y aunque hubo dos reuniones de este tipo, el 14 y el 17 de febrero, en Bissau y Lomé respectivamente, el anuncio por Fadul de que las elecciones no podrían celebrarse hasta después del verano, la reparación por la ANP del honor del general, la conclusión por una comisión parlamentaria de investigación que el tráfico de armas lo había realizado, al contrario, el entorno de Vieira y su recomendación al pleno, el 16 de abril, de que iniciara un juicio político contra el presidente, y, no menos relevante, la marcha de los soldados senegaleses y guineanos, fueron una serie de factores que animaron al general faccioso a desdecirse de su promesa de renegar de los instrumentos de fuerza y a dar la puntilla a Vieira, cuya credibilidad como gobernante había tocado fondo, en un fulminante golpe de mano que, no obstante su manifiesta ilegalidad, fue asumido por la comunidad internacional como un hecho consumado.
Así, el 7 de mayo de 1999, un día después de reanudar los combates con el pretexto de que la guardia presidencial no estaba cumpliendo con la obligación de desarmarse, los hombres de Vieira asaltaron el palacio presidencial, rindieron a los soldados progubernamentales que lo custodiaban y dejaron un pasillo libre para que Vieira se refugiara en el Centro Cultural Francés. En la violenta refriega murieron varias decenas de uniformados. Poco después, el derrocado mandatario y su familia pasaron a la Embajada de Portugal, donde el 9 de mayo arregló la concesión del estatus de asilado político y un día después firmó un documento de rendición incondicional al flamante Comando Supremo de la Junta Militar encabezado por Mané. Por su parte, el general se hizo a un lado el 13 de mayo para que el presidente de la ANP, Malam Bacai Sanhá, del PAIGC, asumiera las funciones de presidente de la República. El Gobierno de Unidad Nacional presidido por Fadul siguió en su puesto.
El despojamiento político de Vieira fue completo el 12 de mayo con la decisión del Buró Político del PAIGC de reemplazarle en la Presidencia del partido por el ex primer ministro Saturnino da Costa, el cual fungió interinamente hasta el III Congreso Extraordinario, del 2 al 6 de septiembre, que otorgó la titularidad a Francisco Benante, un dirigente del sector "renovador". Hasta qué punto el
Comandante Nino, otrora ensalzado hasta la categoría de mito, había perdido el favor y el respeto de sus conmilitones tuvo una expresión meridiana en el comunicado emitido por la cúpula del partido en su reunión del 12 de mayo, el cual sentenciaba que lo sucedido el 7 de mayo no había sido un golpe de Estado porque los órganos constitucionales habían sido respetados y porque la junta militar se apresuró a entregar el poder a los civiles. El III Congreso Extraordinario fue más lejos y expulsó a Vieira del partido con el argumento de que estaba manchado por los "delitos de traición e incitación a la guerra".
Por fin, el 6 de junio Vieira y su séquito se montaron en un avión de la Fuerza Aérea Portuguesa que les dejó sanos y salvos en Gambia, de donde cinco días después partieron a Portugal. El Gobierno socialista de
António Guterres fue firme en la negativa de no entregar a su amparado a las nuevas autoridades guineanas, que querían juzgarle por corrupción. El 11 de junio el ex presidente tomó tierra en la base aérea de Monte Real, de donde se dirigió a una residencia particular que tenía en la ciudad de Vila Nova do Gaia, cerca de Oporto, en la orilla opuesta del río Duero. En los seis años siguientes, el ex dictador guineano fue testigo casi silente –un mutismo únicamente roto por algunas entrevistas concedidas a medios lusos, en las que manifestaba su sensación de amargura y su deseo de retornar en cuanto las circunstancias fueran propicias- del turbulento curso político que siguió a su remoción.
5. Espectacular retorno a la Presidencia por la vía electoral
Los principales acontecimientos en este convulso período fueron: las elecciones democráticas del 28 de noviembre de 1999 y el 16 de enero de 2000, que ganaron Kumba Ialá y el PRS a Bacai Sanhá y el PAIGC; el intento del general Mané en noviembre de 2000 de reasumir el puesto de jefe del Estado Mayor de las FAG, que le costó la vida en un confuso tiroteo librado con las tropas leales a Ialá; el derrocamiento del mismo Ialá, blanco de una catarata de imputaciones de autoritarismo, nepotismo y mala gestión, en el golpe de Estado perpetrado el el 14 de septiembre de 2003 por el sucesor de Mané al frente del Estado Mayor, el general Veríssimo Correia Seabra; el 28 de septiembre siguiente, la transferencia del poder por la junta militar a un Gobierno presidido por el secretario general del PRS, António Artur Sanhá, a un presidente interino en la persona el empresario independiente Henrique Pereira Rosa, y a un Consejo Nacional de Transición presidido por el propio Correia; las elecciones legislativas del 28 de marzo de 2004, que dieron al victoria al PAIGC y que catapultaron a la jefatura del Gobierno a su presidente desde febrero de 2002, Carlos Gomes; y, poniendo un luctuoso e inquietante colofón, el asesinato el 6 de octubre de 2004 del general Correia por militares amotinados que demandaban el pago de sus soldadas.
Desde Portugal, Vieira anunció su intención de competir como independiente en las elecciones presidenciales programadas para el 19 de junio de 2005. El 7 de abril puso fin a su exilio presentándose en Bissau, donde inscribió su postulación y elevó abundantes exhortaciones a la paz y la reconciliación nacional, aunque confiando en sus posibilidades de provocar una escisión en el PAIGC; la perspectiva parecía harto probable, a tenor de las manifestaciones de apoyo que le realizaron numerosos militantes y dirigentes. El 10 de mayo el Tribunal Supremo publicó la lista de los candidatos presidenciales, y entre ellos estaban Vieira, Ialá por el PRS y Bacai Sanhá, el aspirante que parecía contar con más posibilidades, por el PAIGC.
La luz verde dada por la corte a quien se presentaba como un "combatiente de la libertad de la patria", deseoso de "contribuir a ayudar a resolver las graves dificultades" por las que aquella atravesaba, así como a los también ex presidentes Ialá y Sanhá, generó una importante polémica, ya que contravenía la disposición de la Carta Nacional de Transición que prohibía a los ex presidentes presentarse a los comicios. Algunos sectores de la sociedad civil guineana expresaron su temor a que una liza presidencial dominada por estos tres líderes, uno de los cuales iba a regresar al poder, disparara los riesgos de una nueva etapa de confrontación y sectarismo.
La votación del 19 de junio discurrió sin incidentes y Vieira, que concurría sin el respaldo oficial de ningún partido, dio la campanada al arrebatar a Ialá, con el 28,8% de los votos, el derecho a disputar la segunda vuelta con Bacai Sanhá, que quedó primero con el 35,4%. Después de mucho porfiar por unos resultados que los observadores de la CEDEAO, la UE y Estados Unidos consideraron inapelables, Ialá reconoció su derrota y llamó a sus seguidores, muy numerosos en la comunidad balante, a que votaran por Vieira, ya que consideraba al PAIGC su verdadero enemigo. El 24 de julio este inesperado apoyo resultó determinante y Vieira se adjudicó la victoria con el 52,3% de los votos.
Eufórico, Vieira apaciguó las quejas de Sanhá sobre la detección de algunas irregularidades en el proceso electoral elogiando sus credenciales democráticas, y proclamó: "Desde hoy, Guinea Bissau toma la dirección correcta". Con una infraestructura productiva destrozada por la guerra, las inversiones volatilizadas y el 80% de la población de 1.500.000 habitantes viviendo bajo el umbral de la pobreza –y, ahora mismo, además, golpeada por una epidemia de cólera-, la empresa regeneradora no podía ser más abrumadora. El 1 de octubre de 2005 el otrora comandante guerrillero devenido autócrata tomó posesión de su segunda presidencia con un mandato de cinco años, en una ceremonia a la que no asistió ninguno de los 17 presidentes africanos invitados al evento, amén de ningún jefe de un Estado miembro de la CPLP.
Su primera decisión de calado, el 28 de octubre, destituir al primer ministro Carlos Gomes –quien ya había advertido que si Vieira ganaba las elecciones él dimitiría porque no podía "cohabitar con un bandido y un mercenario que traicionó a su propio pueblo", y sustituirle, el 2 de noviembre, por Aristides Gomes, uno de los dirigentes del PAIGC suspendidos en mayo por haber "violado los estatutos y orientaciones del partido" al salir a respaldar a Vieira, provocó la reacción airada del antiguo partido único, que acusó a quien durante dos décadas había sido su máximo dirigente de violar la Constitución al designar un primer ministro no perteneciente al grupo parlamentario con más escaños. Días después, Gomes presentó un Gabinete de coalición en el que estaban representados el PRS, el Partido Unido Social Demócrata (PUSD), la Unión Electoral (UE) y el Partido de la Convergencia Democrática (PCD), además de la facción pro Vieira del PAIGC, todos los cuales sumaban una confortable mayoría absoluta en la ANP.
(Cobertura informativa hasta 7/3/2006)